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Opinión Sobre Venezuela

A Maduro, no importa cuánto cambie la Constitución, solo lo mantiene el aparato represivo

Fotografía cedida por la oficina prensa del Palacio de Miraflores, del gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, muestra el documento del decreto que da vía a un proceso constituyente el lunes 1 de mayo de 2017, en Caracas (Venezuela).
Fotografía cedida por la oficina prensa del Palacio de Miraflores, del gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, muestra el documento del decreto que da vía a un proceso constituyente el lunes 1 de mayo de 2017, en Caracas (Venezuela). EFE

La idea de reformar o hasta refundar el estado a la medida del actual caudillo del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela no es nueva. Hugo Chávez la intentó hacer en 2007, con un referendo por la reforma a la Carta Magna, a pesar de que sus propios aliados la habían erigido en 1999, con una Asamblea Nacional Constituyente.

Pero Chávez no recibió el beneplácito de la población y en aquel diciembre de 2007 sufrió la única derrota electoral que tuvo en vida, tras protestas contra el cierre de la primera planta televisiva del país, RCTV. Ganó un NO que frenó la intención de convertir a Venezuela en un estado socialista.

Sin embargo, el presidente Chávez poco después acudió de nuevo a las urnas comiciales, con un propósito claro: cambiar la Constitución para poder ser reelegido de manera indefinida. A pesar de que era una materia que ya había sido consultada en el referendo por la reforma, ganó en un referendo por la enmienda constitucional, realizado en 2009 bajo el maquillaje de nueva consulta. Y así conseguía dar por satisfecho su apetito de ser reelegido cuantas veces quisiera, eso sí, por la vía del voto.

Hoy, el panorama de la población es distinto, pero la terquedad del líder en su ambición de poder es la misma. El pueblo venezolano sale a las calles para exigir cambios definitivos en la estructura de poder y firmas encuestadoras con credibilidad indican que solo 2 de cada 10 venezolanos aprueban la gestión de Maduro. El mandatario, sin dar una clara señal de aceptar un viraje, emprende una nueva huida hacia delante, con una convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente que pretende crear haciendo mano del camino del Poder Comunal, controlado por el propio Poder Ejecutivo.

Maduro se percató de que el Tribunal Supremo que le es servil –no elegido por el pueblo– es útil para restar competencias a la Asamblea Nacional –elegida por los venezolanos en las pasadas elecciones parlamentarias de 2015– pero no para torcer la voluntad del soberano que llevó a la revolución de su antecesor y padre político a Miraflores. Ese mismo pueblo que hoy lo quiere fuera del Palacio de Gobierno.

Por ello, entendió que si no puede ganar en el juego electoral, lo mejor era diligenciar cambios en las reglas de juego. Ya no se conforma con evadir el referendo revocatorio, cronogramas comiciales y demás temas consultivos con un pueblo hambriento de cambio; ahora quiere manipular el aparato constitucional para ignorarlo.

Al gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, lo soporta el aparato represivo del gobierno, así como los grupos paramilitares que cometen crímenes bajo la más plena impunidad, con el nombre de “colectivos”, pero desde hace tiempo no lo respalda la gente, ni mucho menos la Constitución.

No la tiene fácil el pueblo venezolano. Resiste ante un estado represor, con un dictador que no respeta la Constitución venezolana y que al igual que su antecesor, busca perpetuarse “como sea”.

Siga a León Hernández en Twitter: @El_Leon

Esta historia fue publicada originalmente el 2 de mayo de 2017, 2:57 p. m. with the headline "A Maduro, no importa cuánto cambie la Constitución, solo lo mantiene el aparato represivo."

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