De Guasina a la Tumba, nunca más
La represión que día a día pone en práctica el gobierno venezolano contra quienes manifiestan pacíficamente, no es un exceso casual por mantener el orden público, como tampoco un accidente de ejecutoria policial cuya responsabilidad es atribuible a un gendarme sobre quien recaerá ejemplarmente todo el peso de la ley por tan abominable proceder.
El castigo es un hecho punible conforme a las leyes del país y externamente, razón por lo cual podemos afirmar que es una política de estado.
Hoy por hoy, se cuentan en más de 300 los heridos a diario, un muerto, cerca de 200 detenidos y presos políticos que calculan en 360.
Los capitostes del sistema se sienten seguros en el terruño, pero leyes internacionales a las cuales Venezuela está obligada, Estatuto de Roma, indican que los delitos de lesa humanidad no prescriben conforme resumen del abogado Juan Carlos Sosa Azpúrua:
“A los efectos del presente Estatuto, se entenderá por “crimen de lesa humanidad” cualquiera de los actos siguientes cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque: a) Asesinato; …h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos, raciales, nacionales, étnicos, culturales, religiosos, de género definido en el párrafo 3, u otros motivos universalmente reconocidos como inaceptables con arreglo al derecho internacional, en conexión con cualquier acto mencionado en el presente párrafo o con cualquier crimen de la competencia de la Corte; …k) Otros actos inhumanos de carácter similar que causen intencionalmente grandes sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o la salud mental o física”.
El trato inhumano tiene sus antecedentes en la historia contemporánea de Venezuela. Durante el triunvirato dictatorial dirigido en sus principios por Germán Suárez Flamerich, 1950, los estudiantes de la Universidad Central de Venezuela protestaron contra el régimen de fuerza imperante.
Estos fueron recluidos en las islas de Guasina y Sacupana en la zona deltana del río Orinoco en la zona de Amacuro, donde existía una instalación para recepción de inmigrantes.
Su suelo cenagoso habitualmente y bajo las aguas en la época de crecida del caño del norte unido a las altas temperaturas,40 centígrados, y humedad, era la geografía caldo de cultivo para el tifus, la diarrea, disentería amibiana, mal de Chagas, etc.
La mala alimentación y el trato cruel por la Guardia Nacional, convirtió los islotes en centros de antesala de la muerte por enfermedad o tormento.
Una cifra superior a los 600 internados estuvo en la confluencia Macarao. La Seguridad Nacional, brazo represor del dictador Marcos Pérez Jiménez previo a la caída del tirano, llegó a tener en sus presidios 1,200 retenidos contra su voluntad a quienes sometieron a diario maltratos físicos que conllevaron a muchos sucumbir en absoluto silencio patriota.
La abogada Tamara Sujú Rafo, así describe el terrorífico centro de torturas físicas y mentales ejecutadas por los esbirros del Servicio de Inteligencia Bolivariano en la actualidad. La periodista Ludmila Vinagrof, del diario El País de España, hace referencia a una entrevista realizada a la abogada por el semanario La Razón, la cual traemos a ustedes parcialmente: “En ‘la tumba’, cinco pisos por debajo de la superficie, no hay sonidos, no hay ventanas, no hay luz natural ni ventilación. Solo se escucha el paso del Metro, encima de la cabeza. Las siete celdas de dos por tres metros están alineadas de forma continua, una detrás de la otra, por lo que los detenidos no pueden verse. Piso y paredes blancas, rejas grises, con una apertura por donde les meten la comida. Los detenidos pasan las 24 horas del día encerrados vigilados por cámaras y micrófonos. Sólo estiran las piernas cuando tocan un timbre interno para ir al baño, y hay veces en que no los sacan. Sólo blanco y gris. No hay sonido, sólo sus voces, no hay ni sol, ni luna, ni tiempo, porque no tienen reloj, por lo que no tienen noción de la hora, y no se sabe si realmente es de día o es de noche”.
Aún queda mucho trabajo por realizar en nombre de los derechos humanos y el futuro. Solidarios en la calle por la libertad de los presos que protestan y aman su tierra. No hay distingos; todos somos hermanos de la misma madre, Venezuela.
Director de Venenoticias.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de junio de 2017, 2:53 p. m. with the headline "De Guasina a la Tumba, nunca más."