Sin calle no hay patria
Nicolás Maduro se juega con la represión la última carta por el establecimiento de un régimen de fuerza que le permita ejercer el control de la nación más allá del decenio por venir.
Tal afirmación me lleva a evaluar el comportamiento de los sectores internos y externos del mandatario en tan arriesgada gesta, a la luz de los anuncios formulados por la oposición día a día sobre el futuro de Venezuela.
Nadie hubiese apostado al inicio de las manifestaciones de calle que estas, luego de mas de 100 días de continuas marchas, arrojen los resultados esperanzadores del rescate patrio.
Los asesores cubanos, a quienes ciertos personajes de la izquierda política arrepentida local y en el exilio le otorgan condiciones de invencibilidad en la lucha de clases, han demostrado que su manual de atrocidades para asirse al poder solo sirve para ser aplicado en países cuya trayectoria gubernamental y convivencia están caracterizados históricamente por tiranías.
Tales procesos, como el sandinista en Nicaragua en la época posterior de Anastasio Somoza, lograron asentar ideas totalitarias asistidos por Fidel Castro y estipulados en ofertas de bienes, el progreso a través de la reforma agraria muchas veces prometida y nunca cumplida.
Los cubanos comunistas, operadores del mal y convencidos de su aritmética social ideológica, no salen de su asombro al observar que el proyecto del “Hombre nuevo” en Venezuela falló luego de casi 18 años de implementación.
Al identificar en reclusorios y retenes policiales a los detenidos por protestar pacíficamente, ellos caen en cuenta que los jóvenes en custodia en un 60 por ciento oscilan entre los 17 y 23 años de edad.
A principios de siglo XXI Hugo Chávez predijo que en 20 años estarían los venezolanos navegando en el mar de la felicidad de Cuba, ya que los nacidos en la revolución chavista adorarían al barinés como su dador de vida y depositario final de sus huesos.
Los hijos de Bolívar saben lo que es libertad, progreso, derechos, familia, formación espiritual, amigos, así como vecinos.
También por años decidieron en recintos electorales el destino del terruño, seguros de que, de hacerlo mal, el funcionario electo en el término establecido por la Constitución puede ser removido por voto directo y secreto.
Así lo aprendieron sus padres, abuelos, bisabuelos y dieron de mamar a estos bisoños sus progenitoras delante de una estampa de la virgen de Coromoto o gráfica de dirigente político partidista.
La democracia, sistema de gobierno adoptado por la mayoría de las naciones del mundo con respeto a los derechos universales del hombre, es un libro imperecedero de enseñanza diaria que los sátrapas del Caribe consideran que no siguen los venezolanos, creyéndolos enajenados.
Ellos aprendieron a respetar el derecho del otro, como también a luchar por su libertad, que es la de todos, sin salvedad.
Las mujeres y hombres de a pie se lanzaron a las avenidas, veredas, senderos y caminos del gentilicio bolivariano.
Muchos han sido quienes mordieron el asfalto, o en respiro final, levantaron polvareda que motivó la huida de esbirros extranjeros, y mercenarios vestidos a la usanza de guardias nacionales.
Ahora las vías son del pueblo, las cuales jamás abandonará. Arrancársela al invasor fue posible gracias al esfuerzo de todos y la solidaridad del mundo.
Los venezolanos ya decidieron su propio destino.
Con la designación de magistrados, rectores y un gobierno interino en defensa de la Constitución hoy burlada por Maduro, los parroquianos extranjeros pondrán a prueba en regiones del globo a sus jerarcas al pedirles reconocer las autoridades transitorias que reconducirán a los venezolanos hacia la democracia plena.
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2017, 8:16 p. m. with the headline "Sin calle no hay patria."