Domingo de gracia
La colosal demostración democrática del domingo 16 en todo el territorio nacional de Venezuela y en 605 puntos de 86 países no tiene precedentes. No estoy pensando en significación histórica, tamaño de la muestra o en hechos que puedan medirse según la relación costo-beneficio. Probablemente otros habrán sido parecidos o aún superiores a lo que ofrecieron los venezolanos el 16 de julio.
Lo que sin embargo ha llevado a notables como Luis Almagro –calificado por muchos como el mejor secretario general de la OEA desde su fundación en 1948–, los expresidentes agrupados en IDEA y el solidario intelectual chileno Fernando Mires, a resaltarlo como ejemplo o modelo para los pueblos del mundo, es el conjunto de altos valores envueltos en la demostración venezolana.
En rueda de prensa del pasado lunes, los rectores de las Universidades Nacionales y de la UPEL, en su condición de garantes de la Consulta organizada por la MUD y acompañada por la sociedad civil y otras agrupaciones, informaron por medio de su vocera Cecilia García Arocha, los resultados oficiales de la estupenda jornada. Cecilia es la ilustre rectora de la UCV.
¡Fueron 7.656.894! Más cerca de ocho que de siete millones de almas. Inmediatamente saltan a la vista la altísima participación, la perfecta organización, la unidad no solo de la MUD, que reúne tantas opiniones y corrientes de pensamiento diferentes, sino del pensamiento democrático en su totalidad expresado por miríadas de grupos y personalidades independientes o no.
No se exagera al decir que fue una Consulta ejecutada por el pueblo para el pueblo. Se puso en evidencia que el sumiso CNE no está para resolver problemas sino para agravarlos y manipularlos, y que es prescindible el Plan República diseñado por los primeros gobiernos democráticos para custodiar el sufragio con efectivos militares. Esa novedad venezolana no se aplica en la mayoría de las sociedades democráticas y si alguna vez fue necesaria en la nuestra, hoy ya dejó de serlo. Lo probó la Consulta popular del 16 de julio.
La movilización ciudadana supo salvar la Consulta de la hostilidad y perversa manipulación del CNE y de la arremetida salvaje de paramilitares llamados colectivos, ilegalmente pagados y animados por el gobierno. En su desesperada orgía cobraron impunemente una nueva vida en Catia, la parroquia más grande y populosa de Caracas. Aumentan sus crímenes, el tamaño de sus prontuarios y también el impresionante coraje de sus víctimas.
¿Qué viene ahora?
El programa está escrito en las tres preguntas que el pueblo ha respondido con la afirmativa. No hay en él nada que se aparte ni un centímetro de la Constitución y no se ajuste a su espíritu. Pero, políticamente considerados, en estos sucesos está envuelto un eventual cambio de gobierno, del que quieren protegerse aferrándose a la constituyente, sin y ahora contra la autorización del soberano.
Es verdad que reinan la incoherencia y las contradicciones en el madurismo, pero no lo es menos que eso se debe, más que a torpezas o limitaciones de sus mandamases y capitostes, al temor de ser desplazados electoralmente del mando. La aspiración es darle un brochazo de legalidad a su empeño de no contarse en un proceso comicial normal, pero es una enormidad pretender refugiarse en una constituyente digitalmente nombrada.
Esa perspectiva ominosa no solo ha sido rechazada por los venezolanos, sino también por la comunidad internacional, con la OEA, la ONU y las comisiones de DDHH a la cabeza. El gobierno de Maduro padece de un aislamiento interno e internacional. Si persiste en su ceguera, en momentos de gravísima crisis, podría marchar ciegamente hacia un destino escrito en la pared.
¿Tiene salida el gobierno? La MUD, en palabras de Freddy Guevara, le ofrece una de las posibles. Puede negociar en paz con el objeto de desechar la insalvable constituyente y medirse electoralmente. Perdería, por supuesto, como puede esperarse. Sería ese un destino no irreversible, normal en democracia, y para él y su partido, el mejor porque gozaría de abrigo constitucional, librándose del desabrigo de la turbamulta.
El chavismo crítico y los militares de alta y baja graduación no ocultan su inconformidad. El pantano en que yace el país es, por mampuesto, la fuerza centrípeta que agrupa todos los estamentos por sobre naturales diferencias. Es la Nación la que está confluyendo, sin que nadie tenga que arriar banderas o sacrificar formas de pensar o preferencias políticas ni de cualquier tipo. Es la Nación la que sostiene la Constitución contra el fraude constituyente y exige una solución pacífico-electoral viable.
He ahí la voluntad del pueblo, manifestada de manera clara y terminante en la histórica consulta del domingo.
Domingo de Gracia, por mandato nacional.
Analista político venezolano
@AmericoMartin
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2017, 8:18 p. m. with the headline "Domingo de gracia."