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Opinión Sobre Venezuela

Herederos de Bolívar

Un manifestante contra el gobierno de Maduro salta sobre un automóvil que luego fue incendiado, en protestas el 20 de julio en Caracas, Venezuela.
Un manifestante contra el gobierno de Maduro salta sobre un automóvil que luego fue incendiado, en protestas el 20 de julio en Caracas, Venezuela. AP

Al día de hoy, ya son más de 100 las personas muertas debido a la represión con la que el régimen de Caracas se ha encarnizado con el pueblo venezolano. Personas muertas. Vidas que no volverán. Corazones que latían patriotismo y que lo entregaron todo, en su lucha por la libertad. Sangre, además, en su mayoría joven. El futuro del país, cayendo a tiros en la calle, derramándose en las aceras. Y lo más doloroso es que son venezolanos también los que, a nombre de un gobierno que no ha traído más que ruina, miseria y dolor a Venezuela, matan a sus hermanos.

¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Fue más bien pronto que las fantasías diurnas que Hugo Chávez declamaba en sus discursos, se convirtieron en pesadilla. Pero todas las advertencias a una muchedumbre que el gobierno le regalaba bienes e incitaba con ánimos de venganza, en demasiados casos cayeron en saco roto. Un petróleo a más de $100 el barril permitía que la fiesta siguiera, y que sus tentáculos también se expandieran por toda la región, que vio cómo tantos de sus países caían en los ensueños del Socialismo del Siglo XXI.

De dónde proviene ese ánimo salvaje por reprimir, por encerrar, por matar, por robar, que de repente toma a un tipo de persona, en este caso en el poder, y del que parece no saciarse jamás. Me pregunto si no ven el dolor o no les importa. Sí lo ven, pero primero van sus cuentas bancarias. O lo ven, pero no hay vuelta atrás, porque salir significa cárcel o destierro. ¿En qué punto pierde la humanidad una persona? ¿O es que la tuvo perdida desde siempre?

Pero queda la esperanza. Pues ante esa criminalidad potenciada, nacen héroes con más fuerza y voluntad, que se enfrentan a los puños con las metralletas, a piedras contra cañones y a punta de resistencia y orgullo contra la humillación y el miedo. Como los admiro, venezolanos que hoy no se dejan amedrentar, aun sabiendo que mañana pueden morir y que la próxima semana los pueden torturar. Bolívar llora por su patria, pero aplaude y se enorgullece por ustedes. Ustedes son sus hijos, los herederos de su carácter, los que cargan en alto su bandera.

No se preocupen, Maduro, Diosdado y esa cantidad de nombres de patraña, de asesinos enmascarados, lo pagarán. Esos vástagos que hoy llora Venezuela no se han ido en vano. Se puede matar a una persona, hasta a cien, pero no el coraje. Y lo que hoy demuestran los venezolanos es eso: coraje. Coraje a montones.

Y pensar que los otros que alzan sus revólveres, o miran para otro lado, lo hacen simplemente por dinero. Por ese dinero con que les untó la mano el régimen, los militares se mantienen dóciles. Por ese mismo dinero, cuánto funcionario no ha seguido las órdenes de sus jefes en el alto gobierno, aunque vaya en contra de su voluntad y principios, aunque sepan que condenan a la miseria a un vecino, a una familia y en últimas a un país.

¿Por qué hay tanta gente tan comprable en el mundo? ¿Por qué tantos, pero tantos, se doblegan por una cifra? “Todos tienen su cifra”, dicen en alguna película cuyo nombre ya no recuerdo. ¿Cómo se llega a codiciar de una forma en la que no importa el hambre del otro, el sufrimiento del otro, la muerte del otro?

Pero Lilian, Leopoldo y todos esos héroes anónimos que hoy salen a marchar, pronto triunfarán.

Llegó la hora, Venezuela.

Escritor colombiano. www.pedrocaviedes.com

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de julio de 2017, 10:50 a. m. with the headline "Herederos de Bolívar."

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