Venezuela: Un paso desesperado hacia el comunismo
Por qué digo comunismo? Olvídense de la vieja utopía decimonónica de una sociedad idílica, sin Estado, donde los bienes se repartirían por igual entre todos. El modelo que la gente denomina hoy con ese término tiene un sentido peyorativo diametralmente opuesto, desde que en la Rusia de los años 30, tras la muerte de Lenin y el destierro de Trotsky, un cabecilla de poca monta, ejecutando a los líderes de la llamada Revolución de Octubre, impuso mediante el terror un monopolio absoluto regido por un Estado centralizado.
Trasplantado luego a otras latitudes, aquel engendro excluía drásticamente cualquier otro poder independiente como podría ser una prensa crítica, una asamblea legislativa de mayoría opositora, la fiscalía de un ministerio público independiente y gobernadores y alcaldes de la oposición, esto es, todo lo que ha habido hasta ahora en Venezuela y todo lo que desaparecerá muy pronto si la oposición venezolana no logra movilizar al pueblo entero en una protesta multitudinaria que estremezca a todo el país. Los que creían que los venezolanos de a pie ya habían tocado fondo, que no podían estar peor, se equivocaban. Los que han vivido en Cuba saben muy bien que ese fondo es mucho más profundo.
Pero el que ese régimen se haya impuesto violando con el mayor descaro la legalidad vigente mediante unas elecciones de delegados constituyentes violatorias de las normas más elementales de la democracia, sin observadores independientes, manteniendo a la prensa distante de los recintos, transgrediendo varios artículos de la constitución vigente –la promovida por Chávez, que ellos mismos defendían siempre a capa y espada–, y que no les importara asesinar en un solo día a quince de los manifestantes que protestaban, ni afrontar el repudio internacional, sólo refleja la desesperación por dar un paso que, de consolidarse, los salvaría de la marejada popular y los mantendría definitivamente en el poder, pero no ya el mismo poder, sino otro absoluto y totalitario. Ahora es cuando el verdadero golpe de Estado se ha perpetrado, y si no se actúa rápido, los venezolanos caerán en el mismo marasmo que paralizó a los cubanos por casi seis décadas.
Las lecciones de la historia cubana de esos años es el manual perfecto de lo que no se debe hacer. Todos los intentos armados de la oposición fueron aplastados y aniquilados a sangre y fuego. El único movimiento que el régimen no ha podido aplastar ha sido el de la disidencia pacífica, porque los expertos cubanos de la represión son eficaces combatiendo acciones violentas, pero no para contrarrestar la no violencia. Esos mismos expertos son los que están dirigiendo la represión en Venezuela. La oposición venezolana no debe dejarse provocar, no responder a la violencia con más violencia, pues es justamente eso lo que buscan los represores: arrastrar a la oposición al terreno que ellos conocen mejor para entonces poder justificar ante el mundo su aniquilamiento mediante el asesinato y el encarcelamiento. Ningún régimen comunista se derrumbó por la violencia, sino por una toma general de la conciencia ciudadana, y esto último ya está casi logrado en Venezuela. Si los estimados reales de los electores constituyentes oscilan entre dos millones y medio y tres millones, y el número total de ciudadanos con derecho al voto son 19 millones y medio, eso significa que los votantes por la constituyente no alcanzaron ni el 15 por ciento. Recordemos que los soldados y policías son también parte de ese pueblo, por lo que podemos suponer que deben ser muchos los que no comulgan con los propósitos de ese gobierno y que actúan sólo porque se ven impelidos a acatar los mandos, lo cual explica que para los trabajos sucios, el gobierno utilice grupos paramilitares, muchos de cuyos miembros no son venezolanos.
Cuando en Cuba grupos como las Damas de Blanco manifiestan en las calles, no agreden, ni verbal ni físicamente, a los agentes que llegan para introducirlas sin resistencia en los carros-jaulas. Pero esa oposición pacífica nació muchos años después que el comunismo se hubiera consolidado, mientras que en Venezuela aún no ha echado raíces. Los ejemplos de hombres como Leopoldo López y Antonio Ledezma demuestran que aquellos que se enfrentan a los opresores con la moral siempre en alto y armados sólo con su conciencia, podrán ser represaliados, pero ni en el fondo de una ergástula podrán ser amordazados ni vencidos.
Escritor e historiador.
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Esta historia fue publicada originalmente el 3 de agosto de 2017, 7:36 a. m. with the headline "Venezuela: Un paso desesperado hacia el comunismo."