Maduro auxiliado por gorilas
“La felicidad está en la libertad, y la libertad en el coraje”.
Pericles
En la edición del pasado miércoles 9 de agosto, este diario publicó un reportaje titulado Maduro cierra el cepo, y lo ilustrante del mismo es la foto puesta en el frontispicio de ese reportaje donde se observa al ministro de defensa, Vladimir Padrino, escoltado por un grupo de los más altos militares para apoyar a la nueva Asamblea. Esas imágenes de los aforados surgen como una evocación de aquella etapa que padeció Latinoamérica bajo dictaduras militares. A tales jerarcas castrenses se les denominaba gorilas.
Aunque Nicolás Maduro no tiene oficialmente ningún rango militar, es evidente que cuenta con el respaldo de una parte de la institución castrense, que ha abandonado su lealtad a la Constitución bolivariana y se ha puesto al servicio de las peores causas y, por ende, contra el pueblo venezolano, que se mantiene en pie desafiando a tan nefasto régimen portador de desgracias y privaciones como nunca ha sufrido ni tan siquiera en la dictadura de Juan Vicente Gómez.
Para tener una mejor comprensión de por qué Maduro utilizó el recurso de promover una Asamblea Nacional Constituyente, lo evidencia su propósito de erradicar todo vestigio de legalidad y pasar a una fase que le permita erigirse como dictador y destruir toda reminiscencia democrática. En efecto, la Constitución vigente establece en su artículo 347: “El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución”. De la recta interpretación de ese precepto, Maduro no podía ni puede pasar por alto el resultado del plebiscito celebrado recientemente, cuando ocho millones y algo más de venezolanos lo rechazaron y reiteraron su voluntad de salvaguardar y, por ende, rescatar la plena democracia. La Asamblea Nacional legítima fue despojada, manu militari, de sus funciones y en peligro de que sus miembros sean víctimas de Maduro, como ya comienza a anunciar. Por consiguiente, el gesto de Maduro de imponer una nueva Asamblea viola, flagrantemente, la norma superlegal aludida.
Para vestir el propósito despojante Maduro organiza las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, pero el resultado comicial está viciado y es de naturaleza tramposa, lo que no puede ser motivo de asombro en un régimen que se basa en las falsedades en todos los recovecos de la estructura administrativa del madurismo.
El pueblo venezolano viene pagando un precio inestimable por recobrar su libertad, como lo demuestra sus protestas que ya cobran un saldo de 124 muertos y miles de lesionados y arrestados. Un informe de las Naciones Unidas emitido el pasado martes 8 de agosto indica que las fuerzas armadas de Venezuela fueron responsables de 46 de las muertes desde abril, otras 27 perecieron a manos de grupos de civiles maduristas y cada día el ciudadano de esa nación está en inminente peligro de muerte cuando enarbola sus protestas en la calle, escenario que el régimen combate y pretende legalizar sus punitivas acciones a través de la referida Asamblea Nacional Constituyente y echar abajo todo el resto de los resortes democráticos.
Consecuentemente, si los venezolanos vienen brindando un ejemplo de resistencia frente al poder dictatorial, tal comportamiento se corresponde con el derecho de resistencia basado en que cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo y para cada parte del pueblo, el derecho más sagrado y el más indispensable de los deberes. El pueblo venezolano necesita –como nunca– la solidaridad y el apoyo internacional para restablecer en su Patria los ideales de Bolívar y zafarse, de paso, del predominio castrista que apuntala la dictadura de Maduro.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de agosto de 2017, 3:37 p. m. with the headline "Maduro auxiliado por gorilas."