Venezuela, entre disparos y disparates
Los debates, al igual que los contratos, deberían someterse al principio de la buena fe. “Deberían”, es lo que he dicho, porque los de nuestro tiempo parecen guiados por la mala. Pero dejemos eso y encaremos las contradicciones que desvían de cauce los que se han encendido en nuestros días, particularmente los relacionados con el destino marcado del gobierno de Maduro, el vapuleado de la MUD y el de quienes desesperan por abrirse paso a codazos para imponer una nueva dirección opositora sobre los escombros de la unidad.
Lo primero que se espera de los flamantes líderes es su oferta política, alrededor de la cual agruparse con la esperanza de convertirla en fuerza real susceptible de resolver las muchas tareas que le den carne, nervios y sangre a la creatura, si no quieren reproducir el Frankenstein de Mary Shelley. Tendrían quizá su oportunidad, dado que la abulia parece haber invadido a la MUD. Sus líderes no defienden lo que hacen, no obstante haber sido la única forma de unidad que palpita sobre la arena, la única que hace cosas importantes o no, pero las hace, y por eso es la que conduce procesos electorales y gestiones internacionales, incluyendo complicados consensos y exitosas primarias. Su desempeño transcurre bajo el sañudo ataque oficialista, que ha presenciado la metamorfosis de la oposición en mayoría nacional, tras una sucesión de llamativos logros de la MUD.
Insólito es el ataque persistente e implacable proveniente de la propia acera opositora, precisamente en el momento de mayor precariedad del gobierno. A ratos invocan el derecho a la crítica, que nadie podría regatearles, porque la situación es complejísima y la MUD no es precisamente un dechado de virtudes. El problema es el curso enigmático de esas legítimas críticas. En la práctica, ambas ofensivas han confluido, se interayudan en el curso de la feroz misión de destruir el objetivo común, que por cierto ha contribuido a su desgracia por desarmonía interior.
En las supuestamente novedosas propuestas que pueden pescarse resaltan, una, referida al objetivo y otra, a los métodos. Se casaron con la “abstención” usando argumentos puramente éticos y precariamente políticos. Nunca entendieron que el voto, burlado o no, activaría a la oposición, y pondría al gobierno contra su consciencia, precisamente cuando la solidaridad mundial con la democracia venezolana crece como la espuma. Abstención siempre fue quedarse en casa, retirarse del juego con la inflada dignidad de duques ofendidos, rumbo al sofá doméstico. ¡Y sin el consuelo de denunciar fraude! pues tal aparece cuando te roban el voto, no cuando lo regalas.
Y en cuanto a los métodos, la hiperbólica calle-calle. Probado está que la calle no se sostiene indefinidamente como tampoco el paro-paro. Desde 1928 y 1936 se desgastan con el uso. Para que haya melodía y no aburrida monotonía tóquese el piano con los diez dedos.
No espero pomposos programas sino políticas realistas, no espero berrinches exaltados sino hechos emanados de cabezas frías, para saber a qué atenerme con el nuevo paquete…. de San Nicolás.
Tampoco, por supuesto, estoy para confundir disparos con disparates, dicho a propósito de los cuatro gobernadores de AD que, contraviniendo lo anunciado por lo que parecía una línea de la MUD, decidieron juramentarse ante la ANC.
Por hábito y en consideración a mi amistad con Henry Ramos Allup, opté por investigar la racionalidad que pudieran esconder sus decisiones políticas. Ninguna de ellas, más si se trata de un partido como el fundado por Rómulo Betancourt, me exime del deber de analizarla con la objetividad del caso.
Quizá se proponía conquistar espacios y de afirmar el liderazgo de AD, habida cuenta de que sus compañeros de la MUD no parecen acompañar semejante audacia. En 1937, uno de los grandes fundadores del partido, Valmore Rodríguez, justificó el distanciamiento de AD con una frase célebre: “dividir es ubicarse”. No hubo quien no condenara a autor, partido y política, no obstante se impuso la hegemonía adeca por más de 50 años.
Juraría que Valmore estuvo en la memoria de Henry Ramos, buen lector y buen conocedor de la historia de su partido, aunque probablemente menos que este servidor. La mencionada decisión no convierte a Ramos en “traidor”, o cosa parecida. En nuestro desgraciado tiempo predominan las pasiones desatadas antes que la razón, la conciencia. Sin creer que el maltrato verbal tenga fundamento, pienso que se trata de un error, y no de poca monta.
Maduro tendría que dialogar en serio, no está para imposiciones. El país es una caldera en ebullición. Cercado, naufragando en la crisis integral más insidiosa que se recuerde, hasta amigos recientes lo abandonan, nadie quiere retratarse con los jefes del ominoso modelo venezolano. Pero la cúpula del poder no entiende nada. Necesita un diálogo veraz. Difícil evitar la derrota, pero debería confiar en que negociando podrá organizarse el cambio pacífico con resguardo constitucional sin ley del Talión, sin venganza haciendo las veces de Justicia, con su elenco de garantías.
Cubrirse con la armadura de la ANC no les servirá de nada y por el contrario continuará moviendo el dispositivo internacional que discurre sanciones cada vez más profundas en el marco de la oposición de 30 millones de almas que sencillamente no aguantan más este drama. Con semejante chaleco, Maduro desnaturaliza cualquier concesión que le recomienden hacer, particularmente si quiere creer que “juramentación” supone “legitimación”. Por miedo a la libertad adornó la concesión del reconocimiento a gobernadores de oposición con latentes amenazas que ya están pesando sobre los cuatro venezolanos que se persignaron ante la cruz del diablo.
Analista político venezolano.
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Esta historia fue publicada originalmente el 27 de octubre de 2017, 7:16 a. m. with the headline "Venezuela, entre disparos y disparates."