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Opinión Sobre Venezuela

Maximalismo: Sumar banderas en Venezuela

Miembros de la oposición gritan consignas contra el presidente venezolano Nicolás Maduro durante una sesión de la Asamblea Nacional en Caracas, el 1 de abril.
Miembros de la oposición gritan consignas contra el presidente venezolano Nicolás Maduro durante una sesión de la Asamblea Nacional en Caracas, el 1 de abril. AP

Sé que el vocablo que ilustra esta columna lo absorbieron como cosa suya tanto el tosco marxismo de cartilla barata como el más reflexivo aunque igualmente erróneo de celebrados autores empeñados contra la realidad en predicar el “verdadero” pensamiento de Marx; y más empeñados infructuosamente en evitar que se les destierre de la “vanguardia” a las tinieblas de la “retaguardia” intelectual.

El maximalismo es una variedad de fundamentalismo que, confundiendo deseos con realidades, pretende alcanzar todo de sopetón y mediante vías de hecho, los máximos objetivos programáticos. Descansa más en la pasión suelta que en la razón, no vacila en considerar enemigos tanto a la fuerza unitaria como a la AN, aprovechando errores reales o imaginadas desarmonías de un movimiento extremadamente plural como el de Venezuela. Esa variedad es por cierto la principal fuerza del cambio, recoge y repite la pluralidad natural de la sociedad y de allí su gran representatividad. Pero sus desarmonías pueden ralentizar las respuestas. Tales retardos y contradicciones son atacadas con la peor de las armas: la calumnia o la difamación contra quienes piensen distinto dentro del común objetivo del cambio. Tienden a exaltar gestos heroicos que los “políticos” deshonrarían con negociaciones como las de Santo Domingo, entre otras “sin razones” porque no sería inmoral sentarse con criminales o corruptos salvo que se trate de su expulsión del poder ¡Qué fácil y bueno sería eso! Pero todos sabemos cuán improbable es. La motivación al gesto prevaleciendo sobre la motivación al logro.

Optar por el gesto sin logros reales deja en claro una honradez que personalmente nunca he puesto en duda, pero condenar per se la flexibilidad política alegando que encubre traidoras complicidades con el poder, atenta contra la unidad nacional, la justicia y la eventual victoria democrática.

–¿Aceptaremos entonces a alevosos traidores “infiltrados” en la Unidad?

–Lo primero –respondo– es saber si se trata de alevosías o de intolerancia frente a quien piense distinto.

El triunfo de la unidad en la variedad fue la histórica lección del 23 de enero de 1958. Por desgracia parte de la disidencia pareciera haber comprado la violencia retórica patentada por Chávez, quien atizando la pasión canalizó odios contra enemigos prefabricados, sin sentirse obligado a oír a sus víctimas ni a aportar pruebas o indicios de sus grandilocuentes acusaciones. Fue la incivilidad de la retórica política. Desechar el derecho a la defensa es homologar acusación con sentencia condenatoria, método caro de grandes inquisidores de hace ocho siglos. “Alumbrados con las tinieblas de Satanás”, los llamó el católico ferviente Marcelino Menéndez Pelayo. Que regresemos al léxico de los “alumbrados” del siglo XIII es como para preocuparse por nuestra atormentada Venezuela.

–Puedo simpatizar con tal o cual corriente –añado– pero al colocar la suerte del país sobre todas ellas debo sumarlas y aun atraer sectores del campo contrario, dada la suprema exigencia moral de superar, unidos, los sórdidos problemas venezolanos.

No soy adivino. De repente surge un milagroso salvador seguramente de ideas confusas pero con una suerte increíble, pero como es irresponsable someter al azar la carne de los sufridos compatriotas, no puedo entender que se desprecie el enorme valor que tiene (y puede ser decisivo) la Asamblea Nacional, providencialmente de amplia mayoría opositora, como cauce posible para el profundo cambio democrático que, más allá de proclamas principistas, exigen los venezolanos y el mundo civilizado.

–El gobierno no lo permitirá –me responden los que ven el futuro en una bola de cristal. Es improbable que acepten la derrota y sus consecuencias.

Improbabilidad no es Imposibilidad, pero no afecto a la quiromancia que descubre el porvenir en las líneas de la mano, prefiero confiar en el arte-ciencia de la política, aprovechando el inmenso tesoro de enseñanzas que nos proporcionan los grandes líderes y movimientos de todos los tiempos, cuyas frías y razonadas decisiones salvaron países del horror de las guerras o supieron vencer cuando éstas fueron inevitables. Nada hubieran logrado si hubiesen sobrepuesto la pasión a la razón, el corazón al cerebro.

Es preferible el uso inteligente de las soluciones políticas que las aventuras del topo a todo maximalista, aun cuando aquellas sean desvirtuadas, porque siempre serán compensadas con el costo pagado por los abusos del poder. Lo evidencian en forma incontestable el colosal aislamiento de la pomposa revolución, hoy más deslegitimada que nunca, y la alta visibilidad de la Asamblea Nacional, única institución universalmente reconocida y por lo tanto el más idóneo cauce racional para que fluya el cambio democrático hacia una limpia victoria, pacífica, seguramente constitucional y ojalá sin derramar más sangre venezolana. Con sus competencias completas la AN sería estratégicamente convertida en el centro autorizado para la unificación del país y la reanimación del debate político. La afortunada condición mayoritaria de la disidencia democrática en su seno es una poderosa garantía adicional. Deberían aceptarlo los que en las dos aceras arremeten contra ella. Pienso que la racionalidad ganará terreno y al hacerlo dejarán de caer piedras lanzadas al techo.

La política es mal vista por los amigos de la acción directa, y sin embargo mucho le debe la humanidad. Si el mundo tuvo un inolvidable Mesías que cambió para bien la composición moral del ser humano, no faltarán aspirantes dispuestos a repetirlo. Pero jugarse el país a semejante eventualidad sería probablemente desaconsejado por los mejor aviados del liderazgo planetario.

El camino es sencillo. Forjar una amplia unidad donde quepan todos los amantes de la libertad. Sumar banderas, sin oscurecer diferencias, es la vía posible para la reunificación de Venezuela en civilizada prosperidad democrática.

Analista político venezolano.

Siga a Américo Martín en Twitter: @AmericoMartin

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2017, 6:05 p. m. with the headline "Maximalismo: Sumar banderas en Venezuela."

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