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Opinión Sobre Venezuela

Venezuela: novela sin ficción

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habla en Caracas con miembros de la Asamblea Constituyente. El gobierno y la oposición prosiguen un diálogo el 11 y el 12 de enero en República Dominicana.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, habla en Caracas con miembros de la Asamblea Constituyente. El gobierno y la oposición prosiguen un diálogo el 11 y el 12 de enero en República Dominicana. TNS

A Carlos Alberto Montaner

Mi solidario amigo Carlos Alberto Montaner publica en este diario un artículo más bien pesimista sobre el futuro inmediato de Cuba una vez que Raúl Castro termine de renunciar a la Presidencia del Consejo de Estado y al poder absoluto de la revolución. Quizá retenga el cargo de Primer Secretario más como símbolo que como sustancia de poder. Quizá, digo, porque ciertas inclinaciones lúdicas advertidas por quien fuera cercano amigo suyo, Norberto Fuentes, lo inducirían a aceptar con alivio su retiro, así como en su momento Fidel lo recibiera como fatalidad.

Raúl se va envuelto en una atmósfera de derrota. El VI Congreso del PCC, celebrado en abril de 2011, le entregó la totalidad del poder y le aprobó su programa reformista, contenido en los “Lineamientos de la política económica y social del partido y la revolución”. La burocracia reformista (Raúl Castro) desplazó a la burocracia inmovilista (fidelismo). En mi obra “Huracán sobre el Caribe” (ed. Universidad Católica Andrés Bello, 2013) escribí:

“El partido se ha unificado alrededor del programa de reformas de Raúl, bendecido por el Congreso del PCC. El pensamiento fidelista ha sido excluido”.

Y, sin embargo, aunque se anunciaron medidas y se dieron pasos fundamentales encarnados en la relación con EEUU bajo la presidencia de Obama, la reforma de Raúl se estancó, no supo deslindarse del chavo-madurismo, ni vencer resistencias internas y el entusiasmo desapareció. ¿Podrán reactivarlo civiles como Díaz Canel o Marino Murillo? Mi inteligente amigo Carlos Alberto lo duda. Se inclina a pensar que repetirán a Raúl. Prefiero esperar, menos por ellos –al fin y al cabo, coautores si no autores del programa– que por la realidad que se les impone. Volver al fidelismo es imposible. Estancarse es hundirse. Maduro pesa como un yunque.

“Novela sin ficción”, considera Jorge Edwards su obra Persona non grata, destinada a relatar su dramático ejercicio diplomático en Cuba y cuyo desenlace en su última entrevista con Fidel Castro con presencia del silencioso y sumiso Raúl Roa, me pareció estupendo. Fidel necesita un testigo que confirme su desempeño. La paradoja quiso que Roa, el testigo de esta singular reunión, le sirviera a Edwards para confirmar el suyo. El tema, como saben muchos de mis lectores y sabe muy bien Carlos Alberto, me apasiona. Prometo volver sobre él. Pero entre Maduro y mi apreciado Ricardo Hausmann, me impiden completarlo hoy. El primero ha hundido a Venezuela en el más insondable de los océanos. Su permanencia es inaceptable, pero entre la desarmonía opositora y el sistema policial han mantenido el artificio. El 12 de enero, la negociación en República Dominicana nos proporcionará más claridad, incluso si el régimen no acepta el acuerdo presentado por el presidente Danilo Medina y los seis cancilleres facilitadores postulados en forma paritaria por las dos corrientes enfrentadas.

Ese documento consigna la salida electoral con CNE paritario y densa supervisión internacional, además de libertad de presos políticos, devolución a la AN de la plenitud de sus competencias, y la vital ayuda humanitaria. Si la delegación opositora se retirara del debate precisamente cuando el mundo lo aguarda para tomar decisiones, merecería una parada en el trasero. Pero no lo hará. Si el gobierno se retira o incumple lo resuelto, pagará el costo. Los escépticos, que nunca deben asumir la dirección de procesos políticos difíciles, proponen soluciones extravagantes en lugar de esperar el resultado del 12 de enero. Ricardo, invalorable cifra para la reconstrucción democrática, postula la intervención militar extranjera. Venezuela no merece unir a su desgracia la que acarrearía una aventura militar, así sea con la mejor de las intenciones. Solo el escepticismo extremo renuncia a organizar su propia salida y opta por colocar la suerte del país en el azar de una guerra que, como todas ellas, puede tener desenlaces inesperados.

La situación del país es tan amarga, tan desesperada, que muchas de las mejores conciencias se desvían hacia fórmulas maximalistas teóricamente imaginadas para alcanzar los objetivos supremos de una sola vez y mediante una súbita acción. No es moralmente justo criticarlos por pensar de ese modo. Pero el verdadero problema es lo mucho que arriesgan en función de un resultado impreciso. Incluso operaciones de amplísimo respaldo universal como la guerra contra la amenaza tenebrosa del fanatismo del Estado Islámico tuvieron que echar el resto y superar serias dificultades para alcanzar finalmente un triunfo político-militar que en el papel podía verse fácil. Por otra parte, aún no puede asegurarse que la victoria haya sido definitiva o los derrotados no estén en capacidad de reaparecer bajo la forma de nuevas cadenas de enfermizo terrorismo.

¿Qué hacer, entonces? Lo primero es esperar lo que ocurra o no ocurra el 12 de enero. Con fría serenidad analicemos la respuesta posible del enorme potencial democrático interno e internacional que está hoy al servicio de la democratización de nuestro país. Contengamos los potros de bárbaros Atilas que en el verso ilustre de César Vallejo son las pasiones desatadas y los golpes amargos de la vida, y aprovechemos hasta las últimas ventajas que cause la violencia del poder en el ánimo de la civilización democrática. Mientras menos sangre se vierta, más se ganará y si la pulseada de las partes se traduce en la renuncia de un gobierno incapaz de escapar del incendio que ha desatado, sería lo mejor de lo mejor.

Pero insisto, lo planteado hoy es pasar el puente del 12 de enero empuñando, sin ingenuidades, la bandera de la paz. El nuevo panorama nos ilustrará sobre lo que proceda hacer.

Analista político venezolano.

Siga a Américo Martín en Twitter: @AmericoMartin

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de enero de 2018, 8:18 p. m. with the headline "Venezuela: novela sin ficción."

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