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Opinión Sobre Venezuela

Los ojos de Chávez

Un obrero descansa en una acerera del estado Bolívar junto a una pintura del difunto líder venezolano Hugo Chávez, el pasado noviembre.
Un obrero descansa en una acerera del estado Bolívar junto a una pintura del difunto líder venezolano Hugo Chávez, el pasado noviembre. AP

“Culto a la persona” fue la sentencia del XX Congreso del PCUS que en 1956 quiso proporcionar al sistema totalitario soviético un impulso renovador. “El deshielo” –como se le llamó tomando el título de una novela de Ilya Erhenburg– fue dirigido por N.S. Jruschov, un líder carismático aunque demasiado extraviado en las mareas doctrinarias. El oprobioso Estado fundado por Lenin llegó de la mano de Stalin a sus últimas consecuencias. Podría decirse que el feroz georgiano, el dictador más homicida que se recuerde, fue capaz de llevar a su plenitud una ideología a cuyos extremos totalitarios no se atrevería o no podría llegar el fundador. El “leninismo” de Stalin fue en realidad el “estalinismo” de Lenin.

Inspirada en Stalin y Hitler, Hanna Arendt escribió su famoso clásico Los orígenes del totalitarismo, cuya celebridad se consolidaría muchos años después de ser editada, debido al impacto de la Revolución Cultural china, los bárbaros métodos de Pol Pot en Camboya y el envío de disidentes rusos a hospitales siquiátricos, solo por renegar del dogma. La limitación que tal vez pudiera apreciarse en la impresionante obra de Arendt, es que relaciona el totalitarismo solo con la represión extrema; los efectos más que las causas.

Por eso el concepto quedó mejor aviado por escritores de ficción. El inglés George Orwell en su agobiante novela 1984 ofrece el modelo más completo de totalitarismo, el más perfecto que pueda imaginarse. Es el dominio del Uno. Todos los contrapesos institucionales destruidos o absorbidos. Todos los espacios autónomos, democráticos, relativamente libres, copados por la voluntad del Big Brother. El único refugio que se sostiene, y eso mientras las técnicas de manipulación no terminen de invadirlo, es la intimidad de la conciencia. Orwell culmina su obra con un pasaje monstruoso. El último sobreviviente, el disidente posible, el de pensamiento, se rinde finalmente ante el látigo que lo oprime. Dos lágrimas impregnadas de ginebra ruedan por sus mejillas, llora de felicidad al solo ver la imagen embigotada del dictador, su rostro, su mirada. Finalmente ha comprendido que ama hasta la devoción a ese hombre.

Los ojos del barinés –diseñados por un publicista brasileño– nos observan atentamente rastreando la subjetividad para que no haya disenso ni durante el sueño. Solo que el magistral relato de Orwell no cabe en nuestro país porque el edificio del poder se ha ido deteriorando El astuto publicista, según leo, fue financiado en su mayor parte por Odebrecht. Lo sabemos muy de cierto porque es don Marcelo quien lo ha confesado.

Copar la totalidad de los espacios es poco menos que imposible. El totalitarismo es un movimiento más que un hecho definitivo. Su tendencia es a llenar los espacios que pueda u ocuparlos si el otro se abstiene, se retira o se cansa. En la confrontación política opera la ley atmosférica a tenor de la cual los vacíos no se toleran, se cubren inmediatamente por la furia de los vientos.

Pero la democracia también es un movimiento, aunque en sentido contrario, que tiende a defenderlos o ampliarlos. Esa gran lucha entre el totalitarismo y la democracia se libra en cada área del territorio, en todos los campos: los medios, las libertades individuales, los DDHH, los gremios, la salud, la educación, la seguridad personal y social, las universidades autónomas, los sindicatos, las elecciones, la opinión internacional que en tiempos de globalización ha cobrado una importancia excepcional para el destino de Venezuela y del planeta. Por eso nada más equivocado que la manía abstencionista. Es replegarse de los escenarios, motivados al gesto solemne, en lugar de motivarse al logro efectivo, tangible, material. Siempre se rompe una costura o aparecen nuevas formas de disidencia que multiplican las defensas. El piano –he repetido– se toca con los diez dedos. El Poder se está replegando, como se aprecia claramente en el curso del diálogo. De allí que acentúe la violencia, en una espiral más y más contraproducente.

Le cuesta ganar espacios bien defendidos por la gente porque un país hambreado hasta la ignominia y despojado de libertad vence amenazas y sale, solo o acompañado, pero sale. La oposición democrática ha establecido que no confunde justicia con venganza y que respetará los DDHH de vencedores y vencidos. En una situación como la venezolana el Poder no puede cerrar el círculo totalitario ni evitar problemas en su propia retaguardia. No diría que sea imposible evitar su salida del mando porque esa palabra no existe en el diccionario de la política, pero el entrelazamiento de las agonías ciudadanas construye detonantes por todos lados. No se necesita compartir los métodos del martirizado Óscar Pérez para comprender que la brutalidad estaliniana que se arrojó contra un hombre rendido y dispuesto a entregarse, por fuerza debía despertar indignación mundial.

Ese mundo que, como nunca, se ha solidarizado con la Venezuela democrática y le ha brindado al régimen la oportunidad de salir del Poder en el marco de las garantías constitucionales, sin sangre, sin violencia. La oposición democrática ha dejado claramente establecido que no confunde justicia con venganza. Las garantías constitucionales incluidas en la agenda dominicana serán honradas.

La ocasión es de oro: ha servido para evidenciar la penosa impotencia de los líderes del insustancial socialismo Siglo XXI para beneficiarse de un diálogo imparcial en el que su intolerancia los ha aislado cada vez más. No han entendido el sentido de la crucial disyuntiva ante la cual están situados: someterse al abrigo constitucional o entregar el alma a las Furias helénicas, esas que, dejadas a su aire, son a veces incontenibles.

Analista político venezolano.

Siga a Américo Martín en Twitter: @AmericoMartin

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de enero de 2018, 7:36 a. m. with the headline "Los ojos de Chávez."

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