El fraude venezolano: un mal ejemplo para el mundo
El ejemplo que Venezuela propaga al mundo tras sus elecciones, es tal vez el más perjudicial de todos para los sistemas democráticos; en efecto, los resultados prefabricados arrojados por las computadoras en esas elecciones, no hacen sino poner en evidencia la vulnerabilidad de los sistemas de votación digital.
Viendo más en detalle el ardid venezolano, nos preguntamos: ¿Acaso esto no puede ocurrir en cualquier parte del mundo? ¿O es que las máquinas de votación en otros países son inmunes al fraude? Veamos.
Todo obedece a que las máquinas están subordinadas a la voluntad del hombre, o sea, reciben órdenes de él. En otras palabras, son programadas para prestar una función específica, que desde luego, no está exenta de maldad.
La historia del fraude en Venezuela se remonta al año 2004 cuando el extinto presidente Hugo Chávez enfrentó un referéndum para decidir su permanencia como jefe de Estado. Dos ingenieros recientemente egresados de la Universidad le pidieron un préstamo a Chávez para fabricar las máquinas de votación que serían utilizadas en ese proceso. Aceptado el trato, posteriormente el Estado les confiere un contrato por $91 millones para adquirir en Italia miles de máquinas Olivetti, previamente utilizadas allí para expandir boletos de lotería. Reprogramadas dichas máquinas, arrojaron el triunfo de Chávez cuando apenas dos horas antes del cierre de los precintos, todos los sondeos pronosticaban su derrota 59% a 41%.
Para entonces, los dos únicos miembros opositores a Chávez en el Consejo Nacional Electoral eran Sobeya Mejías y Ezequiel Zamora. Ambos protestaron en TV cuando se les negó la entrada al recinto de totalización de los votos, que es donde se hace el conteo final. Esto equivale a hacer una rifa y luego en solitario escoger al ganador de la misma.
Posteriormente en el 2005, los mismos programadores adquirieron a Sequoia Voting System en Oakland, California, la cual tenía equipos de votación en 17 estados de la Unión y en Washington D.C. Ese sistema fue utilizado en una elección primaria en el Condado Cook, de Illinois, en marzo de 2006. Esto degeneró en un caos cuando los votos tuvieron que ser recontados manualmente varias veces debido a que se extraviaron las memorias digitales de 162 precintos y aún después de dos días, más de 400 precintos permanecían sin contar. (American Free Press)
Esa misma programación, esta vez llamada Dominion Voting System, fue utilizada en una votación municipal en marzo de 2012 en la Villa Wellington de Palm Beach, Florida. Dos concejales ganaron sus asientos; sin embargo, una auditoría reveló que habían perdido, por lo tanto la Corte sancionó el resultado de esa elección y ordenó un conteo manual y público de los votos donde fueron elegidos los ganadores reales.
Ya anteriormente y vista la vulnerabilidad de los sistemas digitales de votación, en el año 2007, el secretario del estado de California, Alex Padilla, contrató a 36 ingenieros de computación para realizar un proyecto de investigación sobre las máquinas de votación. En ese proyecto, el profesor Matt Blaze, de la Universidad de Pennsylvania, lideró el equipo que investigó el sistema de Sequoia.
Un ingeniero bien entrenado puede descifrar 100 líneas del código en una hora. El código de Sequoia tiene 800.000 líneas y está escrito en 10 lenguajes diferentes. Tomaría más de dos años leerlo, si no está mal escrito.
Por su parte David Dill, profesor de Computación de la Universidad de Stanford, opinó que “un código secreto como el de Sequoia Voting Systems, es una forma de esconder errores”.
Partiendo de la experiencia venezolana y vistos los ejemplos anteriores, nos preguntamos: y nosotros en EEUU, ¿somos inmunes a una trampa cibernética en las elecciones? Como sabemos, en EEUU muchas empresas del ramo participan en las elecciones presidenciales. El día de la elección está todos interconectados en línea. En teoría, la tecnología facilita todo. En la práctica, dada la magnitud de un vasto territorio como el estadounidense, cualquier cosa pudiera ocurrir.
En EEUU los votantes sufragan digitalmente mediante un papel escaneado por computadora. El papel no es contado, sólo el cómputo que arroja la máquina. Eventualmente, ante un resultado muy reñido, o sospechas bien fundamentadas, se puede pedir el conteo del papel.
Desde luego, el caso venezolano puede ser la punta del iceberg. ¿Cómo habrán sido las elecciones en Bolivia? ¿Cómo serán las de México? ¿Acaso deberíamos regresar a la “época de las cavernas” y volver a realizar las elecciones completamente manuales?
Es una solución mucho más onerosa y costosa, pero sin duda mas confiable que las obedientes computadoras.
Economista y periodista.
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Esta historia fue publicada originalmente el 21 de mayo de 2018, 1:55 p. m. with the headline "El fraude venezolano: un mal ejemplo para el mundo."