Nicolás Maduro baila en su velorio
A partir del 10 de enero del presente año Nicolás Maduro dejó de ser reconocido por más de 60 naciones en el mundo como presidente constitucional de Venezuela. Ello indica que su negativa en abandonar el poder sustentado en las armas de un sector de las fuerzas armadas lo sindican de estar usurpando el cargo como jefe del poder ejecutivo.
Tal iniciativa dictatorial trajo la reacción casi inmediata de naciones vecinas. Estados Unidos, Canadá, y países centroamericanos, sudamericanos y caribeños apelan ante OEA.
Su secretario general Luis Almagro convoca con carácter de urgencia al cuerpo colegiado tras el formulamiento de la mayoría de sus miembros, que sentencian al gobierno bolivariano.
Naciones europeas agrupadas se pronuncian de inmediato condenando el golpe de Estado al ejercicio democrático, apoyando la iniciativa parlamentaria venezolana en la designación de una autoridad interina sustentada en la Constitución del país sudamericano.
El gobierno temporal en la persona del diputado Juan Guaidó ante la hambruna que padecen los venezolanos, junto a las naciones del Grupo de Lima, la mayoría países miembros de la OEA, y la Unión Europea establecieron como fecha tope el 23 de febrero para iniciar la distribución de socorro internacional en territorio venezolano.
Maduro implementa como política de estado desde el 2013 reducir la población vía la ausencia de nutrientes y medicinas. Simplemente se niega alimentarlos como indican los experto de la Unión Panamericana de la Salud.
La negativa de la autoridad venezolana en dejar pasar los alimentos y medicinas quemando estos pertrechos, causando 295 heridos y al menos tres muertos (según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social), trajo la desilusión de muchos quienes aspiraban fuese ese 23 de febrero la derrota de la tiranía y la llegada de la ayuda externa. Esa fecha daría inicio al retorno de la diáspora, el establecimiento del tan anunciado gobierno de transición y finalmente la convocatoria de elecciones presidenciales.
Mas no ha sido así, como tampoco Guaidó prometió que la solución de la crisis de gobernabilidad acontecería de tal manera.
Evaluando la historia, este proceso con apoyo internacional tiene un gran parecido con la Guerra del Golfo Pérsico durante el gobierno de George H.W. Bush, entre Kuwait e Irak.
En 1990 Saddam Hussein acusa a Kuwait de robarles petróleo en el campo de Umalia. Estados Unidos interviene e intenta conciliar las posiciones. A pesar de los esfuerzos, Hussein, gobernador de una poderosa nación, arremete contra la pequeña Kuwait y Emiratos Árabes en agosto de ese año.
Las autoridades norteamericanas reclaman la invasión iraquí y exigen la salida inmediata de la pequeña nación árabe.
No fueron escuchadas las demandas, y Hussein se consideraba poderoso.
Seis meses luego, Estados Unidos junto a una congregación de aliados a principios del 1991, rescata el territorio invadido y echa a los iraquíes. La potencia petrolera sufre un serio colapso económico en perjuicio de la población civil.
Estos lentamente se rehabilitan, y años después el dictador Hussein termina en manos de los americanos, para posteriormente ser juzgado por un tribunal iraquí y condenado a morir en la horca.
Para actuar, el ejército de EEUU buscó un frente internacional para luego empezar una estrategia de persuasión humanitaria, tal como acontece con Venezuela. Para lograr implementar esa iniciativa se tardó por lo menos medio año.
Los venezolanos deben estar decididos a continuar protestando e insistir en traer la ayuda humanitaria para Venezuela por cualquier vía.
El presidente Donald Trump habló muy claro ante el Congreso bipartidista con motivo de exponer el estado de la unión americana. Allí planteó la recuperación del territorio sudamericano, lo cual motivó un caluroso aplauso de ambas organizaciones políticas.
El empresario-presidente no puede arriesgar el capital político logrado; debe continuar y salir airosamente del caso Maduro aislándolo del contexto de los pueblos. A Trump solo la burla le espera de no avanzar contra el eje del mal Venezuela-Cuba-Bolivia-Nicaragua.
En cuanto al tirano usurpador debe este buscar transar su partida. Hussein, Manuel Noriega y otros no negociaron y ya saben ustedes donde están.
Trump no perdonará al delincuente. Este demostró ser solo un exterminador de seres humanos al quemar la ayuda benefactora, lo cual es un delito de lesa humanidad.
El hambriento se aferra a la bondad del vecino, la esperanza del caminante y la misericordia de Dios, cuando ya nada le queda.
Manuel Corao es el director de Venenoticias.