Opinión Sobre Venezuela

Más que un apagón: la dictadura de Maduro impone ceguera y mutismo

Un joven en una motocicleta revisa su teléfono cerca de una torre de celular para esta forma hacer llamadas y conectarse al internet, el lunes en Caracas, Venezuela.
Un joven en una motocicleta revisa su teléfono cerca de una torre de celular para esta forma hacer llamadas y conectarse al internet, el lunes en Caracas, Venezuela. AP

Del jueves 7 de marzo de 2019 hasta este lunes, el país entró en una calamidad llamada apagón nacional. El hecho ha mantenido al país en la oscuridad y ha dado lugar a la incomunicación más sui generis de la historia del país.

Enumeremos qué ha dejado al ciudadano de a pie a oscuras, sordo, ciego, mudo y en emergencia constante, sin horario ni preparación para la emergencia.

La inexistencia de medios impresos de comunicación independientes y críticos, debido a las restricciones que en el pasado impuso el gobierno en la importación de papel, repartido a discreción por la Corporación Maneiro. Quien quiso leer sobre lo ocurrido, al menos al día siguiente, no pudo hacerlo.

La censura sobre los canales de televisión abierta. Después del cierre de RCTV en 2007, los canales privados de televisión del país en el presente moderaron su enfoque periodístico, algunos de ellos basados en un “equilibrio” traducido en un periodismo convenido. Otros, los medios televisivos adscritos al Estado, mantienen una máquina de propaganda a favor de la dictadura, sin presentar voces críticas ni representantes de la oposición política.

El bloqueo de los canales con noticieros independientes en los sistemas de televisión por suscripción. Canales de televisión como RCTV Internacional (en 2010) y posteriormente NTN 24, Caracol, Azteca TV, Antena 3 y CNN en Español, fueron eliminados de los sistemas de televisión por suscripción en Venezuela, por decisión de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL), órgano adscrito al gobierno y empleado como vigilante político. Quien, durante momentos de reconexión encendió la televisión para informarse, no lo logró.

La inexistencia de Internet en horas críticas. El sistema de Internet del principal proveedor de Venezuela en la materia, la estatal CANTV, se cayó con los apagones y en las horas coyunturales, la población no pudo tampoco acceder a su plan de datos, pues se cayó la Internet que proveían las principales operadoras de telefonía celular del país. Quien intentó informarse o comunicarse por redes, no lo pudo hacer.

Las radios de pila funcionaron, para sintonizar un par de emisoras por banda que asumieron el compromiso de informar al país sobre lo que ocurría. La mayoría del dial, con planta para funcionar, era de corte oficialista y se contentaron con colocar canciones de protesta para mantener al ciudadano a oscuras, pero aún “enamorado” del ideal revolucionario. Más de 34 emisoras de radio han sido cerradas por el régimen.

A estos malestares en el ámbito comunicacional, sumamos la escasez de transporte público. Debido al apagón, muchas estaciones de servicio dejaron de prestar actividades, y al ya acortado parque automotor venezolano se sumaron nuevas limitaciones para el llenado de gasolina y gasoil.

El problema de la carencia de efectivo se hizo presente, ante la imposibilidad de emplear tarjetas de crédito y débito. En un país donde la hiperinflación campea, un café pequeño cuesta 1,800 bolívares soberanos (50 centavos) y un telecajero bancario solo dispensa de 500 a 1,000 bolívares soberanos (más o menos 15 centavos), por lo que el dinero plástico es fundamental. ¿Pero si no hay comunicación con los bancos para los puntos de venta, cómo se paga o se hacen transferencias electrónicas? La solución en algunos casos de interrupción puntual eran las transferencias electrónicas, pero, ¿con cuál Internet?

Si en medio de estas condiciones hubo gente que necesitaba un medicamento, un servicio asistencial, no pudo —por ejemplo— llamar a una ambulancia, pedir auxilio telefónico de su médico, mantener fría medicinas para la diabetes, cáncer, entre otras. Quien se quedó encerrado en un ascensor, esperó, paciente, el auxilio de vecinos. No hubo cómo llamar a un bombero.

La cola por el hielo en los pocos comercios que abrieron fue parte del nuevo panorama de personas desplazándose de un lugar a otro, buscando prepararse para tratar de salvar la comida almacenada. Por las noches, en edificios, en medio de un “no poder hacer nada, ni una llamada”, algunos gritaban por la ventana “Maduro”, con la respuesta de vecinos en medio de la oscuridad: “Coño’e tu madre”.

Este lunes no hubo trabajo ni actividades educativas, por orden del Ejecutivo Nacional. El propagandismo del gobierno usurpador llegó a su clímax, con la aseveración sobre “un ataque cibernético al cerebro del Guri” (nombre del río que da vida al principal sistema hidroeléctrico del país), y un ataque “electromagnético” perpetrado desde afuera de la nación, con participación del propio senador Marco Rubio.

La explicación de ciencia ficción diera risa por lo infantil, de no ser por las tres madres que perdieron a niños en unidades de cuidados neonatales, entre las al menos 18 víctimas fatales debido a la incompetencia.

Los periodistas que han querido encontrar otras versiones técnicas por parte de la empresa eléctrica estatal, Corpoelec, se han encontrado con hermetismo, muy natural con las presiones a los trabajadores, en especial la producida por la detención del jefe de Operaciones de la empresa que se encontraba de guardia para el momento de la falla.

Tras ser aprehendido por el Servicio Bolivariano de Inteligencia de Venezuela (SEBIN), Ángel Gabriel Sequea Romero, de 41 años de edad, fue asesinado en el calabozo de este cuerpo de seguridad, en Ciudad Guayana, estado Bolívar, al sur del país y próximo a la sede de la principal empresa hidroeléctrica. El informe de su autopsia reza “asfixia por estrangulamiento”, motivado al hacinamiento de detenidos en esa área, durante una “riña colectiva”, ocurrida a las 10:30 p.m. del jueves.

¿Cómo es el venezolano que persigue esta revolución? Obediente, conformista. La dictadura de Nicolás Maduro ahora le ofrece ser “liberado” de la conspiración eléctrica, en unas bases del Guri que ya estaban militarizadas y que vuelven a estarlo, de acuerdo con un anuncio del ministro de la Defensa, Vladimir Padrino.

Se le exige al venezolano que no trabaje, que no estudie, que se encierre, como zombi, en su casa, enfermo, desnutrido, anémico y carente de dignidad, con un salario que ronda los $5 mensuales.

Pero, sobre todo, que no proteste. Los focos espontáneos en las calles de sectores populares de la capital y la provincia son reprimidos con funcionarios antiextorsión y secuestros del régimen, los cuales, según ex agentes, fueron penetrados por grupos armados delincuenciales.

León Hernández es un periodista venezolano. Twitter: @El_leon.

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