Opinión Sobre Venezuela

La entrevista al dictador Maduro

El periodista mexicano Jorge Ramos muestra a través de un teléfono móvil que le fue requisado y que posteriormente ha recuperado, una entrevista al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante el acto en el que ha recibido III Premio Internacional de Periodismo 2019 Vanity Fair, el 30 de mayo en Madrid.
El periodista mexicano Jorge Ramos muestra a través de un teléfono móvil que le fue requisado y que posteriormente ha recuperado, una entrevista al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, durante el acto en el que ha recibido III Premio Internacional de Periodismo 2019 Vanity Fair, el 30 de mayo en Madrid. EFE

¿Cómo entrevistas a un dictador? Esa es la pregunta que me planteé antes de conversar con Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores en Caracas el pasado 25 de febrero. Había estudiado las entrevistas que le hicieron otros cuatro periodistas en las semanas anteriores y yo quería algo distinto; preguntas difíciles desde el principio, forzándolo a entrar en una conversación y evitando respuestas largas como sermones. Y eso es lo que hice.

Llevo muchos años diciendo que la principal función social del periodista es cuestionar a los que tienen el poder. (Aquí está mi plática TED del 2017 https://bit.ly/2ym0xpt). Y cuando te enfrentas a alguien —como Maduro— acusado de fraude, corrupción, asesinatos, tortura y de tener presos políticos, mi obligación era ser congruente con mis principios y hacerle preguntas duras.

La primera pregunta sentaría el tono de la conversación. “Usted no es el presidente legítimo”, le dije a Maduro, “¿Cómo le llamo?”. La oposición lo considera un “usurpador”. Mi trabajo era demostrar a lo largo de la entrevista que Maduro era un dictador; el suyo tratar de argumentar que era el verdadero presidente de Venezuela. La confrontación, lo sabía antes de empezar, iba a ser inevitable.

Esa es la entrevista que yo me planteé. Otros —he leído en las redes— hubieran preferido preguntas abiertas, coyunturales y un trato más “respetuoso”. Pero yo creo que a los dictadores hay que tratarlos como dictadores. “Los presidentes no matan a su gente”, le dije.

Dejemos a un lado el mito de la neutralidad periodística. En casos de discriminación, racismo, corrupción, mentiras públicas, violación a los derechos humanos y dictaduras nos toca tomar partido. Somos contrapoder. Para eso sirve el periodismo. No es lo mismo entrevistar a un dictador que a una víctima de su dictadura.

La ilegitimidad de Maduro se basa en los dos fraudes electorales que lo llevaron al poder (2013 y 2018) y en los abusos de su autoridad que generaron cientos de muertes y presos políticos. (Foro Penal registró 989 presos políticos, Human Rights Watch ha documentado 380 casos de abusos —incluyendo tortura— y su ex jefe de inteligencia, Hugo “el Pollo” Carvajal, lo acusó en The New York Times de haber “asesinado a cientos de jóvenes en las calles por reclamar los derechos que les robaste.”)

Yo llevaba datos, cifras y casos que demostraban el terrible fracaso de la revolución bolivariana. Maduro, desde luego, lo veía de otra manera. Quiso desacreditar mis fuentes, luego intentó los insultos y terminó tratando de intimidarme. “Si fueras venezolano tendrías que enfrentarte con la justicia,” me dijo. Y también: “Te vas a tragar con Coca-Cola tu provocación”. Si la prensa internacional recibe esas amenazas, ¿se imaginan el riesgo que sufren los periodistas venezolanos?

Como saben, después de 17 minutos de conversación, Maduro la dio por terminada y su ministro de comunicaciones, Jorge Rodríguez, confiscó nuestras cámaras de televisión y las tarjetas de video donde grabamos la entrevista. El equipo de siete personas de Univision fue detenido por más de dos horas y, al día siguiente, nos deportaron de Venezuela.

Pero hace poco recuperamos la entrevista. Gracias a fuentes confidenciales —cuya identidad vamos a proteger— obtuvimos una copia de la entrevista. No es la que nosotros filmamos. Es la que el gobierno de Maduro grabó simultáneamente y con sus propias cámaras. (Esa práctica es común en muchos países.) Eso explica que, cuando termina el video de la entrevista, aparece una gráfica que dice: “Palacio de Miraflores”. Y eso también significa que gente del mismo entorno de Maduro traicionó a su jefe. El régimen se está desmoronando desde dentro.

Lo importante aquí es que vencimos la censura y recuperamos nuestra entrevista. Sí, es nuestra. Ninguna entrevista le pertenece al entrevistado.

Si Maduro quería demostrarle al mundo que él era un demócrata, se equivocó. Eso nunca se logra deteniendo periodistas, robándose sus cámaras y censurando. Como se lo dije, en su cara, mientras se iba: “eso es lo que hacen los dictadores”. ¿Alguien tiene la menor duda?

Posdata. Hasta hoy no nos han regresado nuestros equipos. Pero aquí está la entrevista que Maduro no quería que vieras https://bit.ly/2KkRs5H.

Jorge Ramos es un periodista y presentador del Noticiero Univision. Twitter: @jorgeramosnews.

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