ORESTES RODRÍGUEZ: Espejismo de Felipe González
El ex presidente del gobierno español Felipe González se había propuesto presenciar el juicio que se les sigue a los líderes venezolanos Leopoldo López, Antonio Ledezma y Daniel Ceballos y otros que se encuentran en prisión preventiva, sin habérseles concedido el derecho de fianza u otra medida cautelar no detentiva que autoriza el procedimiento penal venezolano.
La intención de González me recuerda al Gordo y el Flaco, dos magníficos comediantes norteamericanos que dejaron su impronta en la historia fílmica de este país. En uno de esos filmes hay una escena en la cual ambos venían por un desierto y de pronto el Gordo se imagina ante su vista un oasis con aguas azules que podían apagar su sed. Se lanza velozmente a lo que pensaba que era agua y cae sobre el suelo arcillado y rocoso, que le causó varias escoriaciones. Y otro espejismo es el que encontraría Felipe González cuando los líderes mencionados sean juzgados por un tribunal que no responde a la independencia de criterio, por estar sometido a los designios de Nicolás Maduro, el sustituto de Hugo Chávez.
Un elemental vistazo al funcionamiento institucional de la república de Venezuela nos indica que la Constitución puesta en vigor a partir del 15 de diciembre de 1999, establece en el Artículo 19 el reconocimiento al derecho a la vida, a la igualdad ante la ley, a la libertad de conciencia, a la libertad de expresión, de asociación, etc., sin dejar de incluir en su Preámbulo el respeto a los derechos humanos.
Las imputaciones formuladas por el régimen de Maduro a López, Ledezma y Ceballos no están sustentadas por el clásico iter criminis, esto es, los distintos momentos en el surgimiento del hecho punible que comienza con la fase interna, los actos preparatorios, la tentativa y el delito consumado, y que dé razones para esas imputaciones con arreglo a la legislación penal. ¿Dónde están, pues, todos esos presupuestos legales, para el enjuiciamiento de los acusados? No existen, porque ninguno de ellos ha ejecutado acción u omisión que implique la vulneración de determinado precepto jurídico-penal. Solo han sido víctimas de los caprichos enfermizos de la dirigencia política venezolana, capitaneada por Maduro y Cabello.
Otro factor que conspira contra la suerte de los acusados es que están en manos de la voz de Maduro, pues en Venezuela, en la práctica, ya no rige en su Constitución el Título IV, que establece los poderes públicos independientes (?): legislativo, ejecutivo y judicial…, pues en la Asamblea el chavismo cuenta con la mayoría y sin la carismática líder opositora María Corina Machado; el ejecutivo es ejercido por Maduro y el judicial ha sido conformado por el ejecutivo para que responda a sus intereses políticos e ideológicos. Los líderes encarcelados junto con los estudiantes tienen ante sí un sombrío panorama, sin que se levanten voces en el continente que muestren solidaridad con ellos y, menos aún, la Organización de Estados Americanos (OEA), que cuenta –entre sus cuerpos legales– con la Carta Democrática, para hacer valer y garantizar el Estado de Derecho, en correspondencia con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que en su artículo 10 postula: “Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en material penal”. Como se ha expuesto, los tribunales venezolanos carecen de independencia, están sujetos al ejecutivo y, por ende, no son imparciales, porque están permeados por la ideología que rige el trasnochado propósito del chavismo en la edificación del Socialismo del Siglo XXI, cuyas consecuencias son hartos conocidas por la experiencia de otros regímenes, sin olvidar a la paupérrima Cuba.
En ese proceloso mar de injusticias tendría que navegar el ex presidente español Felipe González, para convertirse en un testigo de lo que será un burdo proceso judicial salpicado de irregularidades y parcialidad rampante. Si alguna admiración despierta Felipe González es haberse acercado a la arena venezolana para haber contemplado un show judicial, lo que no hizo antes ni después de su paso por la presidencia de España, en relación con la dictadura de los Castro, que permanecen en el poder desde hace más de medio siglo. Tal como ha sido informado, Felipe González se marchó de Venezuela sorpresivamente y no pudo tener acceso para visitar a los aludidos encarcelados ni hacer otra gestión en su favor. Cosas veredes, Sancho… todo fue un espejismo en el periplo del ex jefe de gobierno español.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de junio de 2015, 0:12 p. m. with the headline "ORESTES RODRÍGUEZ: Espejismo de Felipe González."