AMÉRICO MARTÍN: Del cerebro a la libre pasión
En su obra capital que, según Jorge Luis Borges, es “todas las obras”, Dante envía los violentos de cualquier pelaje a los círculos finales del infierno, el séptimo, octavo y noveno. En la Comedia (La “divina”, como prefirió llamarla Bocaccio) el gran escritor florentino explica los motivos que guiaron a Dios a colocar en cada círculo los miles de millones de pecadores de la historia humana.
Dante fue un hombre apasionado, muy dado a cimentar sus afirmaciones sobre especulaciones de lógica poética. Político militante como era, fue expulsado varias veces de Florencia, su amada ciudad. Regresó tantas cuantas pudo para incorporarse al partido de los “güelfos” contra los “gibelinos”, quienes fueron echados a su vez por los compañeros de Dante, cuando el carrusel del destino colocó a los güelfos en el poder. En fin, la clásica vuelta de tortilla. Los perseguidos de ayer convertidos en perseguidores de hoy, atados a las viejas cuentas de la venganza. Por no prevalecer el sentido común nadie fue capaz de detener la espiral de la violencia.
Más de siete siglos después en la agobiada Venezuela estamos en el corazón de esa macabra espiral. Fiel a lemas primitivos como aquel de que “con la burguesía no se dialoga” o que “quien disiente se convierte en feroz enemigo y carne de patíbulo”, el gobierno fundado por Chávez y empeorado por la yunta Maduro-Diosdado, está envuelto en un dilema crucial: puesto que no le resulta fácil saltarse las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, extrema su imaginación para evitar la derrota voto a voto que lleva grabada en la piel
¿Cómo retener el mando sin recurrir a un fraude abierto?
Entendamos esto: la causa de los DDHH y el derecho internacional humanitario se han fortalecido en grado tal que el sistema jurídico y los pactos multilaterales regionales se han cerrado a la presencia de gobiernos sin legitimidad de origen u origen electoral. La OEA asumió la doctrina Betancourt en tanto que Mercosur y otros órganos incluyen en sus estatutos semejante veto. Maduro sabe que con sus irregularidades se arriesga a castigos que podrían ser terminales en las dramáticas condiciones que abruman a Venezuela. Bufa, regaña, insulta pero hasta ahora la cita comicial sigue ahí. Analizados los pro y contra en un país algo menos derruido que el actual, Chávez lo supo siempre y de allí su aceptación de las elecciones mientras pudo reunir mayorías, pero su modelo llegó al último círculo del infierno y el margen del aislado Maduro se ha reducido dramáticamente. Su esperanza de retener el poder con supremo ventajismo ya no es fácil.
Pero no se cruza de brazos. La salida puede darla la oposición si no es capaz de canalizar hacia la unidad el gran deseo de cambio que mueve a todos los estamentos de la sociedad. En el gobierno se ha sembrado la idea de que podría salvarse si la oposición divide su caudal o se abstiene. Con las inhabilitaciones, anulación de partidos y aprovechando las carencias de la MUD, el gobierno no se cansa de trabajar contra la unidad de sus adversarios. La amplia diferencia a favor de la oposición registrada tenazmente por todas las consultoras, se desvanecería por el salto del cerebro a la ciega pasión.
El aislamiento mundial del gobierno crece diariamente. La impecable declaración del secretario general de la OEA sobre la “observación” de las elecciones y no el simple “acompañamiento” es un signo de los tiempos. Que el retroceso de la quimera socialista sXXI ya no entusiasma a nadie, se aprecia en la enérgica declaración de los suecos, antes tan comprensivos de la novedad chavista, mandándola al diablo. Una muy reciente declaración de los Ayuntamientos de España solicitando la libertad del alcalde Ledezma y de Leopoldo López y demás presos políticos ha sido suscrita por los tres partidos mayoritarios, PP, PSOE y Podemos, tenido este último como corriente afín a Maduro, no obstante ha firmado una dura condena de su política.
El gobierno de Maduro se debilita aceleradamente. Hay un temor foráneo al estallido de una crisis humanitaria en Venezuela. Según la CEPAL, al cierre de este año el país será el de más decrecimiento regional (-5.5%) seguido de Brasil (-1.5%) Y el de más demoledora inflación (180% o más). Por el peso muerto de Brasil y sobre todo de Venezuela, el crecimiento de toda la región se reducirá amargamente a solo 0.5%.
El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social notifica que en el primer semestre de 2015 hubo 2836 protestas sociales, 56 saqueos materializados y 76 intentados.
Se percibe un fuerte malestar en el PSUV. Quienes escribieron acerca del chavismo como doctrina socialista, hoy exhiben una visible frustración.
La polarización es extrema: democracia o dictadura revolucionaria, crecimiento o retroceso, mejor o peor calidad de vida.
Con visible desesperación el gobierno confía en su capacidad de desmoralizar y confundir a sus rivales. Pero la razón se defiende. Inhabilitada, la digna María Corina sentó cátedra salvaguardando la unidad.
Se puede ganar pero nada es posible sin el máximo esfuerzo y la mayor claridad. Los que adivinan el futuro, dando por fatal el fraude, son políticos impropios. La tendencia es auspiciosa para la democracia pero sobre el resultado pesan muchos imponderables. Ahí se disocian el “político” y el “adivino”. Aquel dice: “para ganar canalicemos todo el potencial disidente hacia la unidad”. Este profetiza: “no habrá elecciones”.
Las provocaciones oficialistas se intensificarán. Con más razón la oposición debe apechugar manteniendo la unidad democrática y votando el 6D. Única manera de vencer en la borrasca.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de agosto de 2015, 1:44 p. m. with the headline "AMÉRICO MARTÍN: Del cerebro a la libre pasión."