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Opinión Sobre Venezuela

NICOLÁS PÉREZ: Violencia dentro del oficialismo venezolano

Salvo en El Universal y El Nacional de Caracas, que observan una prudente censura no oficial pero sí oficiosa, cuando lees las primeras páginas de los principales periódicos en español del mundo crees que al régimen de Nicolás Maduro le quedan días, vanas ideas en mentes inquietas, porque finalmente nada ocurre. Escucho pocas opiniones de algunos “expertos” sobre Venezuela; todo indica que están más perdidos que Lindbergh y su avión.

Sin embargo, el asesinato de Robert Serra, el diputado más joven de la historia del país, un líder emergente y de gran carisma, sí puede complicar la gobernabilidad de Nicolás Maduro, porque en las noticias que ha dado el propio régimen sobre el tema hay preguntas sin respuestas y un puñado de contradicciones.

Serra era un interlocutor importante entre el gobierno y los colectivos que son el brazo armado del chavismo contra la oposición interna, un grupo mezcla de ideología de izquierda, represión y delincuencia común. A estos grupos se les responsabiliza de la mayoría de los 43 muertos de la pasada revuelta estudiantil.

Sobre contradicciones las analizo hasta el cogollo, la primera es que María Herrera, que fue asesinada junto a Serra primero, fue identificada por la prensa como su esposa, luego como su compañera y finalmente como su secretaria. Si a esto se añade que lo asesinaron amordazado y atado de cuarenta puñaladas y a ella la ultimaron con cinco, tanta saña me hizo pensar al principio que se trataba de un crimen pasional, porque históricamente a un enemigo político se le liquida de un tiro en la cabeza.

Cambié de opinión cuando comenzaron a llegar más datos sobre el incidente.

La campaña de Serra para ser elegido diputado en el 2011 recibió el apoyo irrestricto de Valentín Santana, jefe del colectivo “La Piedrita”, quien tiene orden de captura por presunto homicidio.

Y comenzaron la campaña de ridículas acusaciones que tienen a Nicolás Maduro con una nivel de desaprobación de un 67.5%. de su pueblo. El presidente venezolano responsabilizó del crimen a la derecha opositora y al dirigente antichavista Lorent Saleth, pagado por Alvaro Uribe, chivo expiatorio de todo lo que ocurre en el país. Mientras, el ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres descartó que el hampa común haya estado detrás del un asesinato planificado, organizado y ejecutado con gran precisión.

Sin dar tiempo a respirar y organizar las ideas de la opinión pública, el gobierno apuntó su dedo acusador como autores del crimen al jefe y a uno de los miembros de la propia escolta de Robert Serra, dándole un giro de 180 grados al incidente. Poco tiempo después, según Maduro, con sus continuos cambios de palo para rumba, señaló que los asesinos de Serra no fueron dos, sino doce, y señaló sus nombres tan fresco como una lechuga.

Y cuando aún no se habían borrado las sombras del asesinato del joven diputado, el pasado martes durante un operativo policial en Punta Crespo, sin darle una orden de detención fue abatido a balazos José Oderman desarmado, un ex primer sargento de la extinta policía metropolitana, jefe del colectivo 5 de Marzo, y que representaba al Movimiento Juan Montoya que agrupa al menos 100 colectivos del Gran Caracas. Y junto a Oderman fueron abatidos cinco hombres más ante los ojos horrorizados de sus propias familias, a los que la policía calificó como delincuentes comunes.

Lo vital de este incidente es que horas antes de morir Oderman había declarado dos cosas: “Dejen de seguir persiguiendo a los movimientos sociales”, y la segunda, más significativa y que parece sacada de la Crónica de una Muerte Anunciada, la novela de Gabriel García Márquez: “Si muero, dijo Oderman , responsabilizo al ministro del Interior Miguel Rodríguez Torres de mi asesinato.”

Y ardió Troya, la respuesta de los colectivos no se hizo esperar, citaron a una manifestación multitudinaria y con todas las características de ser violenta exigiendo a Maduro la renuncia de su ministro del Interior.

Y Maduro le pidió la renuncia, no había otra.

Opción predecible y una situación peligrosísima porque los colectivos se sienten más fuertes, están armados hasta los dientes por el propio gobierno y poseen en Venezuela el poder real, porque allí el verdadero poder real es la violencia.

¿Cuál es mi opinión sobre la situación venezolana?, Nicolás Maduro compró pescado y le ha cogido miedo a los ojos. O más sencillo aún, mató al tigre y se asustó con el cuero del animalito.

Para colmo de males la división se acentúa en la cúpula venezolana. La relación entre Diosdado Cabello y Maduro se intensifica porque Miguel Torre era un hombre de Diosdado, y porque las pugnas entre el sector militar del chavismo y el frente Francisco de Miranda, que obedece a Cuba, se intensifican.

Dios los coja confesados.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de octubre de 2014, 2:00 p. m. with the headline "NICOLÁS PÉREZ: Violencia dentro del oficialismo venezolano."

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