PEDRO CAVIEDES: La dolorida patria de Bolívar
Cómo puede una pandilla de déspotas corruptos llegar a apoderarse prácticamente de uno de los países más importantes y ricos de un continente? Esa es la pregunta que debemos hacernos una y otra vez los latinoamericanos, para, con su respuesta, intentar evitar en las otras naciones una situación tan triste como la que hoy vive la hermana República de Venezuela.
El presidente de dicho país, en una campaña que, con el asesinato del dirigente Luis Manuel Díaz, adquiere ya el trágico tinte de la sangre derramada, ha salido varias veces en los micrófonos a declarar que si el pueblo pierde en las urnas, ganará en la calle. Y me temo que lo peor apenas esté empezando. Lilian Tintori, la esposa del injustamente encarcelado y brutalmente condenado Leopoldo López, se encontraba cerca del sitio donde ocurrió el asesinato y ya ha denunciado que quieren matarla.
Es muy duro, muy duro decirlo, pero duele que quizá los opositores, valientes ciudadanos que sueñan con recuperar la paz y sacar a su país de la ruina, se estén haciendo falsas ilusiones con respecto a lo que sucederá a partir del 6 de diciembre. El rostro de bandidos y la mirada de canallas de la tropa que gobierna en Venezuela, me inspira todo menos confianza en que asumirán una derrota en aras de sostener una democracia en la que jamás han creído, y que no les interesa.
A Maduro y Cabello, y al resto que se nutre como parásitos de la corrupción, lo único que les interesa es mantenerse en el poder, y seguir chupando de las arcas del Estado, mientras encierran y silencian a todo el que no se preste para sus macabras intenciones, o que no deje comprarse. Me recuerdan el estilo de Pablo Escobar estos bribones.
Si desde ya el gobierno de Maduro ha dicho que no aceptará verificadores de la OEA en las elecciones, ¿cómo se puede creer que no harán trampa? ¿Cuál es la solución para que las mayorías (mayorías desesperadas) puedan acceder al poder nuevamente y desbancar a los que tanto mal hicieron? Yo no lo veo claro. Empezando porque, como cualquier dictadura, los sátrapas saben que una vez pierdan el poder, serán juzgados por sus crímenes. Por eso nunca lo entregan por las buenas, a no ser que se garanticen a sí mismos un gobierno que no los persiga.
La situación de la patria de Bolívar no habría llegado tan lejos quizá, si los países del continente no hubiesen sido tan permisivos. Pero cuando no fue porque los habían comprado los petrodólares de Chávez, la gran mayoría calló por conveniencia. Y la OEA, que se supone suscribe una Carta Democrática a todos los países que hacen parte, lo que ha demostrado en estos años es ser un organismo que sirve para muy poco. La elección de Macri en Argentina podría ser una buena noticia para los opositores, de no ser porque se encuentra solo. Solo como en su momento lo estuvo el presidente Sebastián Piñera de Chile, denunciando los abusos que se cometían desde Caracas; solo como en su momento lo estuvo el presidente colombiano, Álvaro Uribe.
Yo no creo que una izquierda respetuosa de las libertades y de la democracia le haría mal al continente latinoamericano. Pero lastimosamente, con contadísimas excepciones, lo que se ha visto es que los representantes de esta corriente tratan por todos los medios de eternizarse en el poder, son tan corruptos como otros, y no soportan la oposición ni la crítica, socavando así las libertades de todo aquel que se entrometa en sus delirios utópicos.
Y así no hay cómo.
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Esta historia fue publicada originalmente el 28 de noviembre de 2015, 0:47 p. m. with the headline "PEDRO CAVIEDES: La dolorida patria de Bolívar."