Opinión Sobre Venezuela

LUIS VICENTE LEÓN: Venezuela: la ruta electoral

Partidarios del líder opositor Henrique Capriles asisten a una conferencia de prensa en Caracas, el 7 de diciembre, después de la derrota del chavismo en las elecciones legislativas.
Partidarios del líder opositor Henrique Capriles asisten a una conferencia de prensa en Caracas, el 7 de diciembre, después de la derrota del chavismo en las elecciones legislativas. AP

El panorama político de Venezuela amaneció rejuvenecido el 7 de diciembre.

Después de un par de años muy complicados, con un clima político crispado y una crisis económica de grandes dimensiones, el juego ha girado repentinamente, y por primera vez en mucho tiempo se abre la oportunidad de ver un balance de poder propio de cualquier sistema democrático. Es cierto que todavía falta mucho camino por recorrer y riesgos de conflicto que superar, pero el cambio comenzó.

Con esta victoria, la oposición aumenta su poder real de negociación y puede ejercer presión legítima al gobierno para que implemente las medidas que el país urgentemente necesita para normalizar su rumbo. Aún más, la oposición puede mostrarse como una fuerza con peso específico y consolidarse como una alternativa para el futuro del país. Esta victoria tiene también otro gran significado que no debe pasar desapercibido. Más allá de los números, que son altamente relevantes en cuanto al nivel de descontento con la gestión del presidente Maduro, la victoria opositora trae implícita la reivindicación de la ruta electoral como la opción idónea para encontrar caminos comunes.

Si existe una clave para la garantía de ese triunfo opositor es contar con un sistema electoral automatizado. La tesis del fraude electrónico vuelve a sufrir un fuerte revés y recuerdan que las fantasías del “hacker cubano” que cambia los datos a favor del gobierno, acompañado de Harry Potter con su varita mágica cambiando también las actas físicas que se habían llevado los testigos de ambas partes, no son más que excusas de perdedor. En este caso, la clave estuvo en la impresionante votación, y en el desmontaje de los mitos más usados y menos útiles creados en los últimos tiempos: la guerra económica y el fraude electrónico.

Desde hace años sectores minoritarios del espectro político nacional, pero con mucha resonancia, habían propagado la tesis de que el camino electoral estaba cerrado y que plantear cualquier estrategia política que pasara por elecciones no tenía sentido. Esta tesis abonó el camino a dos de los despropósitos más grandes que ha cometido parte de la oposición venezolana, abstenerse a las parlamentarias de 2005 y buscar salidas alternativas de corte radical que han tenido resultados demostradamente negativos. El 6D se erige como prueba de lo errado que fueron ambas estrategias.

Por más de una década he insistido que los resultados que arroja el sistema automatizado de votación se compaginan con los estudios de opinión que realizamos. A pesar del ventajismo brutal que ha rodeado a las elecciones venezolanas en los últimos años, desde el referéndum revocatorio del año 2004 hasta las recientes elecciones, los resultados electorales de las últimas 14 elecciones se asemejan en mayor o menor medida a nuestras encuestas. Definitivamente, los cuentos del fraude electrónico (aunque no necesariamente los del ventajismo electoral) deberían quedar en el olvido; en el mismo nivel de olvido donde el presidente Nicolás Maduro debería enviar la teoría de la guerra económica.

Hasta cierto punto es entendible que exista desconfianza en torno a todo lo que rodea a las autoridades nacionales, sobre todo si se toma el clima de desconfianza generalizado que sufren las instituciones del país. A fin de cuentas, ¿no es comprensible que algunos desconfíen de un Consejo Nacional Electoral que permitió una campaña tan desigual? ¿Por qué el CNE se aboca a la tarea de retrasar el anuncio de los resultados para que el gobierno no luzca tan mal? Pero a pesar del árbitro, las máquinas hablaron.

El gobierno inició esta campaña como la terminó, con una evaluación sumamente negativa que ronda el 90%. A pesar de tener a 20 de los 24 gobernadores del país en su partido, un férreo control sobre los poderes públicos y un aparato mediático a su servicio, no logró revertir la tendencia.

El oficialismo se esmeró en conectarse emocionalmente con esa base chavista que hoy día está en un 25%. Se enfocó en defender el legado del difunto líder, polarizar el ambiente creando amenazas de conflicto y trasladando la responsabilidad de la crisis a otros. Pero la estrategia no dio resultados. La guerra económica, argumento mediante el cual le asignaban la culpa de la crisis económica a la especulación, el sector productivo y líderes opositores, sólo la creyó un 23% de la población.

Dicho esto, no nos queda sino mirar hacia adelante.

El venezolano ha demostrado una vez más que cree en las elecciones como mecanismo para dirimir diferencias y buscar un camino. Venezuela tiene ante sí un nuevo destino posible, y la ruta debe seguir siendo electoral.

Presidente de Datanálisis, profesor en UCAB e IESA y articulista de El Universal, Panorama, El Informador, El Tiempo y El Carabobeño.

Siga a Luis Vicente León en Twitter: @luisvicenteleon

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