AMÉRICO MARTÍN: Venezuela: el piano, los dedos
Es verdad que Maurice Ravel compuso un concierto en que el se toca el piano con la mano izquierda, es decir, con cinco dedos, pero ni aún ese caso único y extraordinario desmiente que habitualmente se toque con los diez dedos. Cada tecla suena distinto –homenaje al pluralismo– y sin embargo es de la diestra combinación de las diversas sonoridades que emana una sola melodía. Valga semejante ejemplo para entender el desempeño de la nueva Asamblea Nacional de Venezuela en un momento plagado de confrontaciones y retos, todos urgentes, todos de índole especial y distinta.
El reto es descomunal y además las promesas electorales del vencedor deben ser honradas. Las esperanzas son impacientes. Pero por imperativo ineludible hay que enfrentar el peligroso decreto del gobierno de Maduro que agravará la catastrófica crisis porque insiste en la política que nos tiene al borde del barranco.
Presenciamos reacciones alteradas:
Se retarda la amnistía –dice alguien– mientras la oposición juega a ser mayoría parlamentaria.
Inútil aclarar que ese anteproyecto está listo y que para cubrir los flancos se consultó a los mejores especialistas en la materia, algunos muy certificados. Y desde luego, para aprobarla es de Perogrullo que, más que “jugar a ser mayoría”, hay que serlo.
Las consultoras de opinión, buenas, regulares o malas, coinciden a la hora de determinar cuáles sean los problemas más graves y que más directamente afectan a la población. El primero, la inseguridad; siguen el desabastecimiento traducido en colas humillantes y la carestía, propia del país que durante cuatro años consecutivos ha sido abatido por la inflación más alta del planeta. Continúan en macabro cortejo la falta de agua, los cortes de luz y el desastroso estado de la salud y la educación. La libertad de los presos políticos y regreso de los exiliados, la depuración de las policías que, sin que paguen justos por pecadores, cada vez se confunden con la delincuencia, el oprobio de los sistemas carcelarios.
Sé que habrá quien considere exagerada esa oscura lista de males, al fin y al cabo Venezuela no está en guerra y ha consumido billones de dólares que bastarían para financiar fortunas de origen criminal quedando para construir un paraíso de consumidores. Pero puedo asegurar que las calamidades arriba resumidas son ciertas y los venezolanos lo saben y las padecen. Por supuesto, que salgan a la calle cuanto antes los presos y regresen los desterrados no solo es justo, humano; es un triunfo democrático emblemático que tendrá repercusión mundial y por eso muy pronto el tema entrará en la agenda parlamentaria. Será una vistosa y esforzada victoria.
Cuando los parlamentarios de oposición delinearon la tragedia del agua y demostraron que se había agravado por años de incuria gubernamental, falta de mantenimiento y previsión y el asfixiante centralismo del sistema, no faltó quien asegurara que no era un problema urgente. El país muere de sed y en su habitual propensión a buscar explicaciones elusivas, el Poder responsabiliza al fenómeno atmosférico que llaman “El Niño”. Los diputados de la MUD describieron el descalabro de los embalses y los acueductos que no se concluyeron porque el dinero se lo birlaron.
Pareciera que el decreto de emergencia fuera el último intento, algo parecido a la última oportunidad. La AN hará lo posible por conseguir, mediante el diálogo, paliativos, soluciones así sean parciales, pero quien controla los recursos y dispone de competencias ejecutivas es el gobierno. En sus manos está…
¿Y qué pasa si, por no ser modificado sustancialmente, el decreto de emergencia falla y los problemas se agudizan más?
La nueva mayoría anunció que en 6 meses discutiría fórmulas constitucionales, pacíficas y electorales para procurar un cambio de gobierno, lo que despertó una desproporcionada alarma en los voceros del gobierno. Esas fórmulas están en la Constitución y dependerían del voto popular, pero en mi opinión no debió agitarse ese trapo que desató la fantasía de la cumbre del poder, siempre acosada por los fantasmas de su imaginación. Hablar de de ese tipo de medidas era innecesario porque constituyen normas incluidas en la Carta Magna a las que se recurriría o no, probablemente dependiendo de que el país se termine de desmigajar o por el contrario encuentre un punto estable sobre la base del diálogo verdadero, el diálogo de soluciones no de fantasmagorías, el diálogo que implique la idea del cambio democrático. Porque de no haberlo el país no tendrá salida ni destino.
Es difícil imaginar el desenlace de la agudísima crisis de Venezuela. Reconforta, sí, que en medio de la tormenta el punto estable, el techo protector, la referencia o puerta de salida sea la nueva Asamblea Nacional. La fuerza mayoritaria es la MUD. No exenta de errores se ha desempeñado en general en forma muy acertada. Si se produjera un choque de trenes no podría darse por seguro el desenlace, pero lo que proporciona una cierta certeza de éxito es el experimento unitario de la MUD, basado como tenemos dicho, en la sólida unidad de componentes diversos, que ha aprendido a desenvolverse sin estorbarse. El monolitismo “broncíneo” del que se ufanaba el partido de Stalin, que solo se pudo sostener sobre cimientos totalitarios, única manera de garantizar la falaz unidad de aquella causa reducida a escombros.
Si se toca el piano con un dedo o se oprime una sola nota, no habrá melodía sino monotonía ruidosa. El instrumento pide las dos manos y los diez dedos, además de un ejecutante competente. En circunstancias tan trágicas como las de Venezuela, quizá convenga reforzar con los dedos de los pies.
Periodista venezolano.
Esta historia fue publicada originalmente el 22 de enero de 2016, 1:54 p. m. with the headline "AMÉRICO MARTÍN: Venezuela: el piano, los dedos."