La toma de Caracas
Hay que dejar de pensar, actuar y escribir como aldeanos. Lo que ocurra en Venezuela, Nicaragua, Brasil, Bolivia, Ecuador, Estados Unidos, Cuba, en cualquier país, debe ser interés de todos, se debe opinar y actuar en base a las convicciones que a cada quien asistan.
Existe un Foro de Sao Paulo para promover el odio, el sectarismo y la lucha de clases, por qué no otro Foro que promueva los valores democráticos. Un foro con ese compromiso es fundamental para Venezuela y para todos los países que sufren el despotismo y la autocracia.
Hay que concertar esfuerzos y voluntades. Formar un eje por la libertad y la democracia. Alertar y denunciar cuantas veces sean necesarios los atentados a la libertad que ocurran en cualquier punto del hemisferio.
Las protestas, manifestaciones y acciones similares no suelen derrocar gobiernos, pero son muy útiles para identificar a quienes piensan en libertad y concertar propuestas y estrategias más efectivas mientras facilitan la concientización de sectores que no tienen una visión apropiada de la realidad.
Hay que combatir la frustración y el desencanto. No es un deber ser optimista, pero sí actuar como si el triunfo de la causa estuviera al alcance de la mano.
Es obligación respaldar al pueblo venezolano y sus líderes en la demanda del referendo revocatorio, que la dictadura institucional inventada por Hugo Chávez y continuada por Nicolás Maduro llegue a su final. La victoria del revocatorio significaría el fin de un proyecto que ha sido nefasto para el hemisferio.
Apoyar a los demócratas venezolanos es una acción de solidaridad, también de conveniencia. Hasta se puede calificar de egoísta, porque cuando las aberraciones políticas del chavismo y de su progenitor, el castrismo, desaparezcan, serán mayores las posibilidades de progresos económicos y vivir en libertad.
Hay que estar alerta por lo que ocurra en Venezuela. Listos para apoyar a la oposición si sus derechos no son reconocidos, respaldar a un pueblo que en más de una ocasión ha demandado masivamente respeto a sus derechos ciudadanos ajustado a lo que disponen las leyes nacionales.
El país se encuentra en una encrucijada, ojalá no termine en tragedia. La oposición ha dado muestras sobradas de estar en contra de la violencia. Organiza marchas y participa en elecciones, cree en la Constitución y en la capacidad de anular legalmente un mandato como lo demostró en el año 2004 cuando organizó un revocatorio contra Chávez.
Tampoco se debe pecar de optimista. Es prudente estar en condiciones para dar respuesta a las posibles reacciones del chavismo. Ellos disponen de los recursos del estado y de grupos paramilitares que disfrutan de total impunidad.
Los déspotas, sin importar ideologías, tienden a criminalizar la oposición y recurren a la violencia extrema sin consideración alguna, máxime cuando no cuentan con amplio respaldo popular y el reconocimiento internacional es reducido.
Maduro y su corte están conscientes de que si el régimen no está aislado por completo es por la complicidad de algunos gobiernos y por su capacidad de seguir comprando conciencias a costa de las riquezas nacionales.
La oposición quiere sacar a Maduro del poder. Cuenta con recursos legales suficientes para hacerlo y con sobrado apoyo popular para lograrlo. Ha sido transparente en sus reclamos, ha recurrido a la ley y no a una campaña de desestabilización que por el monopolio de la violencia que detenta el gobierno justificaría la militarización del país.
Venezuela es hoy toda América. Estar contra el chavismo es combatir el totalitarismo castrista, enfrentar a las FARC colombianas, combatir la corrupción de Lula da Silva y del Partido de los Trabajadores, denunciar las maniobras reeleccionistas de Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega. Es preciso respaldar a los venezolanos porque el fin de los autócratas en América Latina pasa por Caracas y La Habana.
Periodista de Radio Martí.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2016, 10:58 a. m. with the headline "La toma de Caracas."