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Opinión Sobre Venezuela

El gran mentiroso

“La marcha del 1 de septiembre no es para darle pretextos a la violencia que el gobierno necesita, sino todo lo contrario”.

–Chúo Torrealba, secretario ejecutivo de la MUD

Este artículo se entregó un día antes de la gran marcha del jueves 1 de septiembre en Caracas, que la cúpula del poder –vuelta un haz de nervios– decidió sabotear con uso extremo de las armas y violentando hasta el tope la constitución. Sabía lo que arriesgaba y, no obstante, estremecido de pavor se lanzó al precipicio. Es la pasión de los suicidas. Solo uno de ellos no ve lo que actos de esta naturaleza le están acarreando.

IDEA, la institución de más de 30 expresidentes iberoamericanos, declaró en tono amargo acerca del peligro de los actos del gobierno contra la manifestación del 1 de septiembre y el referendo revocatorio. Mercosur se desliga de Venezuela, UNASUR cambia favorablemente su composición, el ALBA se disuelve como el cazabe en la sopa hirviente, según símil alguna vez invocado por el Libertador Bolívar, según recuerda Antonio Sánchez García en su interesante biografía del canónigo chileno-venezolano José Cortés de Madariaga. En fin, solo el entorno cercano del presidente se niega a confesar el aislamiento desolador en que se encuentra. Las cifras resaltan la impopularidad de Maduro.

El gobierno ha perdido el raciocinio, tal vez por temor a los resultados de un ejercicio sereno del buen juicio. Falta de sindéresis, que llaman. Conducta tan disparatada era ya una confirmación de la magnitud colosal de la concentración convocada por la MUD y, más todavía, por lo que llamaría la desesperación colectiva. Impasible ante amenazas, gruñidos, mazo en mano, detenciones arbitrarias, derroche abusivo de recursos, la masa de los ciudadanos captó la importancia y la novedad de esta específica concentración y de su enlace broncíneo con la revocación de un presidente que ya no soporta. A diferencia de cualquiera de las marchas desplegadas en los últimos 17 años, no fue un desahogo colectivo, una protesta por la protesta misma, sino un clamoroso llamado al Referendo Revocatorio.

Todo a la vista del mundo, todo sometido a una lógica elemental que puede resumirse de esta manera: desde cuando menos el 6 de diciembre de 2015 hasta el más frenético de los fundamentalistas del régimen sabe o debería saber que la oposición ganará cuantas elecciones se convoquen. Las encuestas de cualquier signo pronostican la derrota del presidente Maduro y una impresionante barrida opositora en los comicios para gobernadores. Leo la última de ellas, emanada de una de las consultoras de la devoción del gobierno y de la oposición. Eleva a 90% el rechazo a la gestión de Maduro y –oigan bien– estima que en este momento ¡doce millones de electores (12 millones) se inclinan a revocarlo! Angustiados homologan los verbos “derrocar” y “revocar” para volver con la aburrida lata del “golpe de estado”.

No cabe en la cabeza de nadie que la MUD organice golpes de estado o zarandajas parecidas para perjudicarse a sí misma y enturbiar su nítida opción de victoria. Sería obra de desquiciados mentales “trancar” la partida sacrificando la victoria que ya tienen en el bolsillo. Por otra parte, si el gobierno creyera que conserva influencia popular preferiría contarse en el revocatorio antes que sabotearlo, como lo hace en medio de sudores y extravíos francamente risibles. Es perfectamente obvio que la alternativa democrática haga lo que está al alcance de su mano para preservar la paz, en tanto que el régimen, que anticipa su derrota, trabaje afanosamente para imponer la violencia. No hay secretos. No quiere contarse porque la cuenta le será adversa.

Nunca como ahora tantas personalidades e instituciones internacionales conocen esa realidad y se han sentido obligadas a prevenir desenlaces que acarrearían consecuencias lamentables para el gobierno del señor Maduro. El artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana está allí, pendiente. Lo irónico del asunto es que el presidente venezolano que la firmó fue el mismo que se esmeró en introducir el mecanismo del revocatorio en la Constitución. Hablo por supuesto de Hugo Chávez.

Creo haber leído casi cuanto se ha escrito sobre el diablo. Es el prototipo del mal, de allí el usual apelativo de “El Maligno”. Es el odio en su expresión más extrema. Todas las definiciones lo colocan en plan de principal enemigo del ser humano, que es la más excelsa creación divina. Satán el miserable, el traidor, el doble, el delator (que para Jorge Luis Borges es “el peor crimen que la infamia soporta”), el logrero, el aprovechador de la inocencia de los demás.

Por supuesto, siempre nos sorprenden las posibles excepciones. Sócrates pregunta a la extranjera Diotima:

–¿Qué es el Amor?

–Un gran demonio, Sócrates, porque todo lo demoníaco está entre lo divino y lo mortal.

–¿Y cuál es su oficio?

–Conducir a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las cosas de los dioses.

¿Se trata acaso de una invención para burlar a sofistas y prepotentes? Para nada. Ocurre que la cultura griega de la Antigüedad no estaba marcada por la escisión irreconciliable entre el Bien y el Mal. Al punto que hermanos y dioses olímpicos eran Zeus, el Supremo, y Hades, el soberano de las tinieblas, del Erebo, del infierno.

Pero regreso al tema que nos ocupa. Creo que de los nombres del tenebroso y cornúpeto personaje el que más le va es el de “Gran Mentiroso”.

La mentira, arte en el que se refugian los que se resisten a ser revocados hasta el penúltimo momento.

Analista político venezolano.

Siga a Américo Martín en Twitter: @AmericoMartin

Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2016, 7:36 p. m. with the headline "El gran mentiroso."

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