Casa de pesadilla en Miami: extraños alquilaban colchones a $30 por noche a través de Airbnb
José González caminaba con sus dos hijos al auto temprano en la mañana para llevarlos a la escuela, cuando miró al otro lado de la calle y tuvo que volver a mirar.
“Son las 7 de la mañana, y hay un tipo cambiándose de ropa, abriendo el maletero de su carro, quitándose la ropa y bajándose los pantalones. El estaba en trusa”, dijo González. “Me quedé pensando: ¿qué demonios es esto?”
Era una escena inusual para The Roads, un pintoresco enclave de Miami semiescondido entre Coral Way, Brickell y Coconut Grove, donde las familias se ayudan unas a otras a encontrar a sus perros perdidos y se avisan en Facebook sobre la presencia de zorros, el tráfico y otros peligros. Pero González y sus vecinos afirman que notaron un cambio alrededor de los días festivos: autos con placas de California y Colorado dominaban los estacionamientos en la calle, carros de Uber recogían a rezagados con mochilas, y hombres y mujeres desconocidos andaban por la avenida 4 bebiendo de latas de cerveza en cartuchos de papel.
Resultó que la propietaria de una casa de dos pisos, cerrada con una verja, del otro lado de la calle, la había alquilado a una nueva inquilina que se gana su dinero alquilando propiedades en Airbnb. Mientras ella ocupaba el dormitorio máster en el piso de arriba, Bonny Tejada convirtió la planta baja de la casa de seis dormitorios y cinco baños en un hostal, alquilando docenas de camas y colchones por precios tan bajos como $30 por noche, una oferta que según los vecinos atrajo a cientos de personas a la casa en un plazo de unos pocos meses.
El negocio ayudaba a Tejada a pagar el alquiler mensual de $6,500 y le dejaba dinero, por algún tiempo. Pero no mucho después los huéspedes en el 2301 SW 4 Ave. provocaron una sublevación entre los vecinos, lo cual llevó a una orden de desalojo y luego a una investigación de fraude fiscal. El desastre lanzó además a la propiedad a la primera fila de una disputa política entre Airbnb y el alcalde Tomás Regalado, y se convirtió en una historia ejemplar de lo que puede pasar cuando Airbnb se descontrola.
“Fue una pesadilla”, dijo Alicia Pérez, la propietaria de la casa.
Desde la mayoría de los puntos de vista, lo que pasó en The Roads es inusual.
Como lo testifican los mismos vecinos que se quejaron de Tejada, los anfitriones que alquilan sus propiedades a través de Airbnb lo hacen en gran medida esporádicamente y a pequeños números de personas, por un total de cuatro o cinco semanas al año. En estos momentos, alrededor de una docena de propiedades en el vecindario cercano están listadas en Airbnb. Y aunque algunas han probado ser problemáticas en el pasado, prácticamente ninguna de ellas ha generado el nivel de frustración que creó el hostal improvisado de Bonny Tejada.
Creo que se volvió un lugar de idas y venidas constantes de Uber
José González
vecino de The RoadsPero incluso los representantes de Airbnb en el sur de la Florida –quienes convencieron esta semana a un juez de que impida que los funcionarios de códigos de Miami hostiguen a sus anfitriones– han admitido haber tenido algunos problemas con propiedades de inversión. Y la batalla de meses para sacar a Tejada y sus huéspedes de The Roads ilustra cuán difícil es para el gobierno de la Ciudad e incluso Airbnb controlar los casos problemáticos.
“La Ciudad carece de las herramientas necesarias para caerles atrás a estas personas”, dijo en entrevista reciente Katie Gant, presidenta de la Asociación Cívica del Vecindario de The Roads de Miami. “Mientras tanto, nos los tenemos que comer”.
Los problemas comenzaron algún tiempo después de que Tejada firmara su contrato de alquiler con Pérez en agosto, tras haber sido desalojada de tres apartamentos de South Beach en los cuales, de acuerdo con documentos judiciales, estaba acusada de llevar un negocio ilegal de alquileres a corto plazo.
Ella acordó hacer un deposito de $32,500, una cantidad que según ella eran “sus ahorros de toda la vida”. Pérez está en total desacuerdo con esto, pero Tejada dijo que estuvo dispuesta a invertir ese dinero en la propiedad solamente porque ellas acordaron que ella podría subalquilar la casa a través de Airbnb, una popular plataforma de alquileres a corto plazo.
Más vagabundos que turistas
Durante algún tiempo, vecinos como González no supieron nada de esto. Pero hacia fines de años, ellos notaron un aumento del tráfico en su calle, el hecho de que los estacionamientos en la calle estaban todos llenos, y desconocidos de aspecto lo bastante sospechoso como para llamar a la policía. González dijo que nunca hubo fiestas escandalosas toda la noche al cruzar de la calle, pero la cantidad de personas y la clientela atraída por los precios de Tejada se hicieron problemáticos.
Los huéspedes empezaron a tener menos aspecto de turista y más de vagabundos.
“Yo me preguntaba, ¿quiénes son todos estos tipos y tipas raros? Ellos no tienen nada que hacer en este barrio”, dijo González. “Creo que se volvió un lugar de idas y venidas constantes de Uber”.
Ya en diciembre, empleados de cumplimiento de códigos venían y tomaban fotos. Mientras tanto, los vecinos rastrearon la propiedad en Internet, donde dijeron que encontraron anuncios que mostraban camas personas alquilándose a precios tan baratos como $28 por noche. Un empleado de códigos multó a Pérez, como propietaria, por tener un negocio ilegal en un área residencial y exigió que dejara de hacerlo o le pondrían un gravamen a su propiedad.
Durante una audiencia llevada a cabo el mes pasado ante la junta de cumplimiento de códigos de Miami, Pérez dijo que ella no estaba al tanto de cómo estaba usando la casa Tejada hasta diciembre, cuando los vecinos la contactaron para darle las quejas. Pero Tejada dijo todo lo contrario.
“Yo alquilaba con el permiso de ella”, dijo Tejada en una entrevista. “No había alcohol. No había drogas. No había fiestas. La gente venía a dormir, no a fiestar a la casa”.
Airbnb, por su parte, respondió con rapidez a las quejas sacando la propiedad de Tejada de su plataforma. Gant, la presidenta de la asociación de propietarios, dijo que la plataforma de viviendas compartidas respondió con rapidez e hizo lo que pudo para acabar con el problema.
En ciudades donde los alcaldes están dispuestos a colaborar con nosotros, el proceso de sacar de la plataforma a los infractores ocasionales es más simple y mejor coordinado
Benjamin Breit
portavoz de Airbnb“Airbnb tiene cero tolerancia con los anfitriones que abusan de la confianza de sus vecinos, y en las primeras 24 horas después de que nos avisaron de este asunto, eliminamos su anuncio de nuestra plataforma”, escribió el vocero Benjamin Breit en un correo electrónico, y agregó que la posición de la Ciudad en contra de los alquileres a corto plazo en realidad complica sus esfuerzos por tomar medidas en contra de propiedades problemáticas. “En ciudades donde los alcaldes están dispuestos a colaborar con nosotros, el proceso de sacar de la plataforma a los infractores ocasionales es significativamente más simple y mejor coordinado”.
Al final, no fueron las medidas de Airbnb las que acabaron con el problema, ni tampoco las citaciones de la Ciudad, al menos no directamente. Aunque Tejada afirma que su negocio se hizo lento una vez que la expulsaron de Airbnb, ella mudó sus anuncios a Craigslist y continuó alquilando la casa. No fue hasta que Pérez convenció a un juez de que desalojara a Tejada que se acabaron los alquileres.
Pero los dolores de cabeza continúan para casi todas las personas envueltas en el desastre.
Tenían 23 camas, contando las literas. Cada vez que pienso en eso, me hace llorar
Alicia Pérez
propietaria de la casaPérez, tras recibir citaciones del departamento del cumplimiento de códigos, fue investigada por el tasador de propiedades de Miami-Dade por fraude fiscal y recibió una cuenta de $63,661.31 el mes pasado. Pérez pagó la cuenta, pero dijo que lo hizo solamente para evitar que se acumularan los intereses mientras ella impugnaba las conclusiones del tasador de propiedades. Los vecinos la culparon de ser una casera negligente, pero ella afirmó que Tejada se aprovechó de ella y le desbarató la casa.
“Era asqueroso. Ellos recogían colchones de la calle y los ponían dentro de la casa”, dijo. “¿Saben cuántos colchones saqué? Saqué como 10 colchones de mi casa. El día que fui a inspeccionar mi propiedad tenían 23 camas, contando las literas. Cada vez que pienso en eso, me hace llorar”.
Tejada, quien habló con el Miami Herald poco después de haber sido, en sus propias palabras, “desalojada injustamente”, estaba buscando a la carrera otro lugar donde vivir y hacer dinero. Ella afirma que las historias acerca de que ella tuviera un hostal barato no eran ciertas.
“Yo hago esto para vivir, y todavía tengo que pagar mis facturas. Tengo un bebé”, dijo. “Qué hago ahora?”
Mientras tanto, tras el escándalo sobre los alquileres en The Roads y otros barrios de la ciudad, el alcalde Regalado presionó el mes pasado para que se llevara a cabo una votación política que llevó a una audiencia llena de discusiones en el Ayuntamiento de la Ciudad. Luego, la Ciudad amenazó con tomar medidas contra los anfitriones que hablaron durante la audiencia y se identificaron a sí mismos con su nombre y dirección.
Airbnb presentó una demanda. El miércoles 19 de abril, la jueza Beatrice Butchko emitió una orden de restricción temporal para impedir que la Ciudad impusiera citaciones a los propietarios de viviendas por alquileres ilegales a corto plazo. Después de la audiencia, Regalado prometió incluirla en el proceso regulatorio.
“Si recibo quejas”, dijo Regalado, “se las mandaré a la jueza Butchko”.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de abril de 2017, 1:36 p. m. with the headline "Casa de pesadilla en Miami: extraños alquilaban colchones a $30 por noche a través de Airbnb."