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Trasfondo

Grateli, el final de un gran sueño del arte del exilio cubano en Miami

‘Aquellos tiempos felices: La Habana de los 50’
‘Aquellos tiempos felices: La Habana de los 50’ Cortesía G. Rodríguez

El sueño de un grupo de artistas cubanos se hizo realidad aquella noche del 28 de junio de 1967 en que se descorrió el telón del Dade County Auditorium para presentar la zarzuela española La verbena de La Paloma.

Nacía la Sociedad Pro Arte Grateli, una iniciativa de la productora Pili de la Rosa, el escenógrafo Demetrio Menéndez, el actor Miguel De Grandy, hijo, y la soprano Marta Pérez, quienes, con el apoyo del doctor Horacio Aguirre, director-fundador del Diario Las Américas, enfrentaron el reto de llevar adelante una compañía que representara los mejores exponentes de la gran escena en una ciudad sin tradición de espectáculos en español.

La función inaugural contó con la participación de Pérez, De Grandy y Juan Pedro Somoza en los papeles principales. A partir de entonces, el teatro de Flagler se convirtió en sede de la sociedad.

Grateli produjo más de 400 espectáculos durante medio siglo. Pero en marzo de este año bajó el telón para siempre con el montaje de La novicia rebelde (The Sound of Music), uno de sus grandes éxitos.

En su última etapa la sociedad estuvo bajo el mando de Pili de la Rosa, la directora de orquesta María Pérez-Rudisill, el director de escena Gonzalo Rodríguez y la actriz y productora Ana Margo.

Los productores anunciaron el cierre esta semana.

“Los altos costos de las producciones impidieron que la compañía se mantuviera a flote. Entre el pago a los artistas, las escenografías, los músicos, los seguros, la publicidad y el sindicato (I. A. T. S. E., International Alliance of Theatrical Stage Employees), la situación se hacía insostenible”, expresó Ana Margo, hija de Pili y Demetrio (1929-2015), tras recordar que con frecuencia, desde hacía años, los productores tenían que poner dinero de sus bolsillos con tal de seguir complaciendo al público, porque los socios cada vez eran menos y las contribuciones de particulares mermaron.

Ni el grant de $45,000 que recibía anualmente del Condado ni el aumento gradual del precio de los boletos, que llegaron a costar $45, evitaron la crisis de la compañía.

No debemos olvidar que los gustos han cambiado; y como el adiós se hacía inevitable, preferimos dar por concluido un proyecto que este año celebró su 50 aniversario

Ana Margo

actriz y productora

“No debemos olvidar que los gustos han cambiado; y como el adiós se hacía inevitable, preferimos dar por concluido un proyecto que este año celebró su 50 aniversario”, reconoció Ana Margo, que recuerda a Demetrio pintando los primeros telones en su casa de Hialeah, y a la incansable Pili, teléfono en mano, buscando patrocinadores y vendiendo boletos.

La productora señaló que Grateli (apócope de gran teatro lírico) marcó la diferencia por ser la primera compañía artística del exilio en atreverse a presentar montajes “con todas las de la ley” y estar dispuesta a correr todos los riesgos con tal de seguir levantando el telón.

En la actualidad, el costo de una producción promedio oscila entre $40,000 y $70,000.

“No quisimos sacrificar la integridad artística presentando comedias baratas que apelaran al gusto de aquellos que buscan la risa fácil”, agregó Gonzalo Rodríguez, director de La novicia rebelde, que afirmó que durante su estancia en la compañía aguzó su creatividad para que un espectáculo con pocos recursos “luciera como una producción millonaria de Broadway”.

“Grateli siempre miró hacia arriba al presentar lo mejor de la zarzuela española y cubana, operetas, conciertos, teatro clásico y moderno”, aseveró el director.

En el catálogo de la Sociedad sobresalen las zarzuelas Cecilia Valdés, María la O, La dolorosa, las operetas La viuda alegre, El conde de Luxemburgo, La duquesa del Bal Tabarin y la revista Las Leandras. Sin contar los musicales El rey y yo, El hombre de La Mancha y Aquellos tiempos felices: La Habana de los ’50.

El interminable desfile de figuras que presentó Grateli incluye a Alfredo Kraus, Blanca Varela, Armando Pico, José Le Matt, Eglise Gutiérrez y Elizabeth Caballero, Lola Flores, Sarita Montiel, Nati Mistral, Amparo Rivelles, Olga Guillot, Rocío Dúrcal, Jacqueline Andere, Angélica María, Rocío Jurado, la Orquesta de Mariano Mores y el maestro Federico Moreno Torroba, autor de Luisa Fernanda, que dirigió la orquesta a propósito de una representación de su célebre zarzuela.

La Sociedad tuvo sus antecedentes en Añorada Cuba, una serie de conciertos con lo mejor de la música de la isla que enseguida recibió el respaldo de los primeros exiliados cubanos. La serie, que estaba producida por Pili y Demetrio, llamó la atención de Marta Pérez (1924-2009), quien le manifestó a De Grandy (1931-2015) su deseo de trabajar con la pareja. El resto es historia.

“Si Añorada Cuba fue una opción para aliviar la nostalgia de los exiliados, con el tiempo Grateli llegó a convertirse en una institución que podía competir con las mejores de su género”, evocó María Pérez-Rudisill, que atribuyó el éxito y la permanencia de la compañía “al talento, la visión y la constancia de Pili y Marta Pérez”.

Pérez-Rudisill, sobrina de la recordada soprano, destacó la labor de los maestros Alfredo Munar, Marlene Urbay, Alberto Fajardo, Manuel Ochoa y Jesús García Rúspoli, que condujeron la orquesta en diferentes etapas. De los directores de escena mencionó a José Le Matt, Juan Pedro Somoza, Gonzalo Madurga, Gonzalo Rodríguez y Miguel De Grandy (padre e hijo).

“La clausura de la Sociedad Pro Arte Grateli es la clausura de una época, y tiene mucho de desolador. Grateli era una forma de entender y querer a Cuba, de permanecer en Cuba desde el exilio y soñar con días mejores para ella; de no rendirnos ante los estragos de la historia y el tiempo”, dijo Orlando González Esteva, del binomio Mara y Orlando, quien junto a Mara creó los espectáculos Conozca a Cuba primero y Si te quieres por el pico divertir, además de los festivales Ernesto Lecuona, por donde pasaron, entre otras figuras, la pianista Zenaida Manfugás, Los Guaracheros de Oriente, Blanca Rosa Gil, Xiomara Alfaro, Ruth Fernández y las sopranos Hortensia Coalla y Zoraida Marrero.

La cantante y productora Tania Martí integró los elencos de Grateli a partir de 1974. Entre otras producciones, participó en Rosa la China, Amalia Batista y Gigantes y cabezudos, que marcó el debut de su hija, la actriz, cantante y bailarina Tania Guzmán, a la edad de cuatro años.

Grateli era una forma de entender y querer a Cuba, de permanecer en Cuba desde el exilio y soñar con días mejores para ella; de no rendirnos ante los estragos de la historia y el tiempo

Orlando González Esteva

del binomio Mara y Orlando

“Grateli fue una gran escuela no solo a nivel artístico. En el plano personal, sostuve una estrecha amistad con sus fundadores. Y en el caso específico de Pili, puedo decir, con todo orgullo, que fue mi inspiración para producir mi primer espectáculo”, dijo Martí, quien sintió “un dolor muy grande” cuando se enteró del cierre.

Por su parte, el profesor de canto Manny Pérez, comparó a Grateli con “una vitrina de lujo” donde lo mismo se podían disfrutar las joyas de la zarzuela que títulos notables del teatro musical.

“Grateli también contribuyó al desarrollo de mis alumnos frente al público. Y ahí están Mabel Ledo, Elizabeth Caballero, María Aleida y Eglise Gutiérrez, que luego de sus primeros pasos con la sociedad hicieron una carrera internacional”, dijo el profesor.

A su llegada de Cuba en 1997 Gutiérrez retomó su carrera en espectáculos en la compañía.

“Grateli es una de las cosas más importantes que me han ocurrido en la vida. Allí recibí mis primeros aplausos en Miami e incursioné por primera vez en la zarzuela”, dijo Gutiérrez, que vive agradecida por la confianza que le depositaron Pili de la Rosa, Marta Pérez y el director musical García Rúspoli, al confiarle el protagónico de Cecilia Valdés.

“Tengo los mejores recuerdos de la compañía. Lamento que haya cerrado”, dijo la soprano.

Las Llaves de la Ciudad de Miami y del condado Miami-Dade y el reconocimiento del presidente Richard Nixon se destacan entre los múltiples galardones que recibió la Sociedad Pro Arte Grateli a lo largo de su historia. El Archivo Digital de Teatro Cubano de la Universidad de Miami atesora buena parte de las imágenes de sus montajes.

En el 2012, Pili de la Rosa recibió la Orden Isabel la Católica –que le otorgó el rey Juan Carlos, de España, a través de Cristina Barrios, ex embajadora-cónsul de ese país en Miami– por su labor incansable en pro de la zarzuela española y cubana en esta ciudad.

“Nunca me imaginé que Grateli sobreviviera tantos años. Pero como el amor lo puede todo y como dice nuestro eslogan: ‘Dios y Cuba viven en Grateli’, nos hemos mantenido”, expresó De la Rosa a El Nuevo Herald en aquella ocasión, tras afirmar que “en este país no existe otra compañía hispana tan antigua que se dedique a cultivar el género lírico”.

La fundadora no pudo ser entrevistada por su delicado estado de salud.

La escenografía, los vestuarios y todos los componentes de las producciones de la compañía se donarán a instituciones culturales de Miami.

@arturoariaspolo

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de mayo de 2017, 3:21 p. m. with the headline "Grateli, el final de un gran sueño del arte del exilio cubano en Miami."

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