El gran negocio del dolor: cómo y por qué los norteamericanos se mueren con opioides
La epidemia del consumo de opiodes crece cada vez más, es dramática, pero su alarma no se escucha; porque es una alarma tenue, que solo resuena en la trastienda. El protagonismo lo tiene la polémica en torno al presidente Donald Trump. El mismo Trump la mencionó: la mortal epidemia de opioides que azota al país. Pero ni los muertos –tal vez ajenos a la familia del lector– ni la tragedia de los adictos se comprende bien. “Eso no nos pasa a nosotros”, es el pensamiento tranquilizador en la sala de nuestra casa. Pero nada te excluye del peligro.
En 2016 en Estados Unidos murieron por sobredosis de drogas más de 59,000 personas, por encima del total de soldados muertos en Vietnam. Y dentro de esas muertes, los opioides mataron a 17,536. Todos y cada uno de ellos eran padres, hijos, hermanos o esposos de alguien. Los muertos pueden estar lejos de la familia del lector, pero si el lector se interesa, aprenderá que en el entorno de alguna familia cercana medra el fantasma de la adicción y la muerte.
Por eso el gobernador de la Florida Rick Scott lanzó en mayo una llamada de alerta y un salvavidas de $27 millones a los que se ahogan en la creciente epidemia de opioides.
La “Guerra contra las Drogas” iniciada en 1971 por Richard Nixon e impulsada en los años 1980 por Ronald Reagan no ha tenido ni fin ni victoria, pero lo nuevo en este capítulo de los opioides es que el enemigo no nos llega desde los campos cocaleros de Suramérica, o de amapola en Afganistán y nada tiene que ver con los narcotraficantes de un infame cártel, sino con la industria farmacéutica nacional y ejecutivos de cuello blanco en Connecticut o Manhattan. Es una epidemia tristemente auspiciada por grandes compañías farmacéuticas y médicos irresponsables en busca de ganancias, aprovechándose de una cultura del consumo calificada por satisfacción instantánea y el disfrute sensual.
Orígenes de la epidemia
Todo comenzó en el año 1996 cuando la compañía Perdue Pharma lanzó al mercado su producto OxyContin, un opioide que le produjo a los cuatro años ingresos de $1,100 millones. Al ver el éxito de Perdue, otras grandes compañías sacaron al mercado los productos Percocet y Vicodin, también opioides. Perdue había utilizado una agresiva campaña de mercadeo con médicos, prometiendo que OxyContin, no era nada adictivo y libraría a cualquiera del dolor. En el año 2016, ya se vendían alrededor de 300 millones de recetas para opiáceos en Estados Unidos –suficientes para casi brindar una botella de calmantes a cada norteamericano, incluidos los recién nacidos. Era ya un mercado de $24,000 millones al año. Porque lo que una vez fue un excesivo calmante para el dolor físico, se había convertido ya en adicción y dependencia. Big Pharma había conseguido –intencionalmente o no– el sueño de cualquier empresario de la droga: distribuirla legalmente e incluso con receta.
En Estados Unidos apareció un mantra médico: “Nadie tiene por qué sufrir dolor”, lo que facilitó a los doctores recetar los opioides no solo en grandes traumatismos, sino en los de menor importancia y así llegamos a la epidemia de hoy. 100 millones de norteamericanos “sufren” de dolor crónico actualmente en Estados Unidos y reciben medicamentos opioides.
La última demanda contra una compañía farmacéutica debido a su responsabilidad en esta epidemia fue presentada el 31 de mayo pasado en Ohio. En el 2016 se vendieron en ese estado 631 millones de unidades de opioides, lo que equivale a que cada uno de los residentes del estado, ya fuera anciano o recién nacido, debió haber consumido 54 unidades. La primera demanda fue en el 2007, contra Purdue Pharma, cuando tras declararse culpable pagó una multa de $641 millones por haberlo mercadeado engañosamente. Había popularizado en miles de seminarios a doctores que OxyContin no era adictiva; dio jugosas comisiones a sus representantes y guardaba un control de qué médicos recetaban más la droga y cuáles no. La venta de OxyContin ha reportado a Purdue desde 1995 unos $35,000 millones. La rica familia Sackler, propietaria de Purdue Pharma, es muy conocida en Estados Unidos debido a sus obras humanitarias y caritativas.
El gobernador Scott y los $27 millones
A principios de mayo el gobernador del estado, Rick Scott, emitió una orden ejecutiva que declaraba el Estado de Emergencia de Salud Pública en Florida a causa de la epidemia de opioides. Scott también liberó fondos especiales para combatirlo. Exactamente $27,150,403.
“El Departamento de Children and Family ha trabajado diligentemente para asegurar que esos importantes fondos sean asignados a las diferentes comunidades y los servicios estén disponibles para las personas necesitadas lo antes posible” declaró públicamente Mike Carroll, secretario del DCF en Florida.
A South Florida Behavioral Health Network, en Miami Dade le fueron asignados $1,085,902. A Central Florida Behavioral Health Network, en Tampa, le asignaron $5,912,886 y así se han repartido en las diferentes regiones. Porque dentro de la dramática epidemia que afecta a cualquier clase social, existe una miserable realidad: la gran dificultad para conseguir desintoxicación y tratamiento extendidoulterior para las personas pobres. Hay dos momentos cruciales en el letal camino de la dependencia: uno el síndrome de abstinencia o la sobredosis; y otro sobreviene cuando el adicto decide desintoxicarse.
En el Hospital Larkin, de Miami, hay un nuevo servicio para la desintoxicación del adictodependiente al igual que en otros hospitales de Miami. Newvision es un programa que se extiende por 39 localidades en todo Estados Unidos. En Miami hablé con Josefina Lluis y Orlando Castro, coordinadores de servicio y terapeutas de Newvision.
“Tenemos un excelente protocolo de atención en el caso del síndrome de abstinencia (que dura entre tres y cinco días)”, dijo Lluis. Pero ¿y qué pasa con el postratamiento de la adicción que puede durar meses?
“Tenemos una lista de instituciones que se ocupan y trabajamos para conseguirle a la persona el mejor tratamiento al nivel indicado para él”, dijo Orlando Castro, quien se ocupa de la atención a adictos adolescentes en el Larkin.
Lo que sucede es que los servicios siempre tienen que ser cobrados. “¿Y si la persona no tiene seguro?”, pregunto a Lluis. “No importa, les hacemos un plan de pagos”. Para un plan de pagos la adicción y pobreza son una letal combinación. Si el adicto a los opioides tiene seguro médico o cómo pagar, los programas son fáciles de encontrar; pero muy difíciles cuando no se tiene ni lo uno ni lo otro y eso es una realidad creciente. John W. Dow es el presidente de South Florida Behavioral Health Network en Miami-Dade, receptor de los fondos de emergencia liberados por el gobernador Scott para el sur de la Florida. Dow me dijo que dichos fondos se suman a los aproximadamente $82 millones con que ya cuentan para ayudar en casos de trastornos mentales y drogas, pero que para nada es suficiente con la creciente epidemia de los opiáceos, alcohol, drogas en general y trastornos mentales que colman a esta sociedad cada día más.
“Más del 70 por ciento de las personas que tienen una seria enfermedad mental, abusan de drogas o padecen de ambas y viven en nuestra comunidad no reciben el adecuado tratamiento. Para decirlo en números: 147,402 personas”, dijo Dow.
Hace falta mucho más dinero. El dinero que siempre falta porque en esta gran nación la salud médica no es un derecho sino generalmente un negocio. Estados Unidos gasta en salud pública más que cualquier otro país en el mundo; sin embargo ocupa el lugar número once en la calidad del cuidado.
¿Cómo es posible que en el país más adelantado del mundo le suceda esto a sus ciudadanos?, pregunto al doctor Gustavo León, MD, cirujano radicado en Miami-Dade y ex presidente de la Junta Médica del estado de la Florida. “Los gastos burocráticos, administrativos, ancilares y de control en el sistema de salud son enormemente superiores a los destinados a curar o cuidar al paciente. Es un negocio de muchas capas administrativas donde por cierto los médicos tienen cada vez menos libertad y capacidad de cumplir con su deber hipocrático ante los intereses de los dueños y administradores de los seguros de salud y proveedores de servicios”.
Mirando esta panorámica, y previendo que esto también suceda en la guerra contra la epidemia de opiáceos tal vez debíamos pedirle a la caritativa familia Sackler, propietaria de Purdue Pharma, que con su inmensa fortuna nos ayude a paliar la gran epidemia que ayudó a crear con su exitoso mercadeo de la droga legal OxyContin hace unos años.
Para ayuda: Newvision, 786-476-0140.
South Florida Behavioral Health Network, 305-856-7542.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de julio de 2017, 7:15 p. m. with the headline "El gran negocio del dolor: cómo y por qué los norteamericanos se mueren con opioides."