Apartamentos-jaulas, suicidio y sueldos de miseria, el lado oscuro de una ciudad deslumbrante
Entre las multitudes en la calle Kweilin, en el vecindario desgastado de Sham Shui Po en Hong Kong, Alla Lau se apresuró a recorrer señales viales; revisó el reverso de cada una hasta que encontró lo que buscaba. Con señas, llamó a un grupo de turistas, la mayoría blancos, que calzaban sandalias y tenían acento estadounidense.
“Ahí está”, dijo Lau, mientras señalaba una calcomanía blanca que tenía caracteres chinos escritos a mano que hacía referencia al edificio mugriento del otro lado de la calle. Era un anuncio de uno de los apartamentos de jaulas más notorios de Hong Kong, donde, por tan solo $1,200 dólares de Hong Kong al mes (cerca de $154), la gente puede rentar una jaula para dormir –están apiladas de tres en tres– casi sin espacio para sentarse.
El grupo al que guiaba Lau había contratado un recorrido en la parte sórdida y menos glamurosa de esta ciudad, fabulosamente adinerada. A lo largo de tres horas, los turistas aprendieron acerca de los extranjeros que tienen trabajos domésticos mal pagados en Hong Kong, sus anárquicos vendedores callejeros y los suicidios que afligen a los estudiantes jóvenes, cuyos padres los presionan para tener éxito en la escuela.
A pesar de las horribles condiciones de los apartamentos de jaulas, comentó Lau, no eran baratos. Por metro cuadrado, la renta mensual era más alta que la de apartamentos más costosos de Hong Kong, uno de los mercados inmobiliarios más caros del mundo, y muchas personas que viven en jaulas ganan menos del ingreso promedio mensual de la ciudad, aproximadamente $12,000 de Hong Kong al mes, o cerca de 1,540.
Durante los ocho o nueve recorridos que organiza a la semana, Lau, de 26 años, reúne a gente en la estación Mong Kok del metro, un área atestada donde hubo enfrentamientos el verano pasado cuando la policía intentó acabar con los vendedores ambulantes. Saluda a los turistas vestida con una chaqueta neón y una amplia sonrisa en el rostro; después, les entrega mapas con colores brillantes. Un recorrido reciente primero parecía ser como cualquier otro, mientras lo guiaba a través de vendedores callejeros que vendían carpas doradas dentro de bolsas de plástico.
Socializando en un puente peatonal en la zona de Mong Kok en Hong Kong, donde las trabajadoras domésticas se reúnen para pasar su día libre. Les pagan según una escala salarial que está por debajo del salario mínimo de la ciudad.
Empleadas domésticas y crisis inmobiliaria
Pero ya había cierta intensidad en el recorrido.
Guiando a los turistas a través de trabajadoras domésticas filipinas e indonesias, Lau le dijo en voz baja a su grupo que esas mujeres no laboraban según el salario mínimo de Hong Kong; se regían por una escala salarial distinta y más baja. Los turistas calcularon la cantidad según sus monedas locales, y expresaron sorpresa y consternación.
Lau se sintió inspirada para convertirse en guía de turistas en Hong Kong mientras recorría Europa con mochila al hombro; tomó un recorrido de Sofía, Bulgaria, que enfatizaba el lado más oscuro de la ciudad. Decidida a crear una experiencia similar en Hong Kong, se unió a una empresa de recorridos como guía en su ciudad nativa, pero le decepcionó que el guion proporcionado no iba más allá de la superficie. No le interesaba decirles a los turistas adónde ir de compras.
Lau se cambió a Hong Kong Free Tours cuando le ofrecieron la oportunidad de compartir con los visitantes los problemas que enfrentaban ella y sus amigos, entre ellos la dificultad de hacer que alcance el dinero.
“La gente viene a Hong Kong durante tres o cuatro días y ven Tesla, Mercedes, rascacielos en Central, todas las cosas que el gobierno se esfuerza por promover”, comentó. “Si yo fuera turista, vería esas cosas, lo costoso que es todo aquí, y pensaría: ‘La gente de Hong Kong debe tener una muy buena vida’”, continuó. “Ese es un lado de Hong Kong, pero no toma en cuenta las historias de muchas personas”.
A Lau le gusta hablar de la crisis inmobiliaria de Hong Kong, y se detiene afuera de las agencias de bienes raíces para explicar los precios, en vez de llevar al grupo por la “calle de los zapatos deportivos”, un sitio preferido por quienes buscan ofertas.
Conforme el recorrido se adentró más en Kowloon, la amplia península que da hacia las torres resplandecientes de la Isla de Hong Kong, Lau habló de la crisis inmobiliaria de la ciudad. Se detuvo afuera de agencias de bienes raíces para explicar los precios, en vez de llevar al grupo por la “calle de los zapatos deportivos”, un sitio preferido por quienes buscan ofertas.
Entrando de prisa al vestíbulo de un edificio histórico donde se encuentra una escuela de formación, Lau habló de la intensa presión que sufren los estudiantes, la cual, dijo, era parcialmente culpable de la tasa de suicidios de jóvenes en la ciudad.
Llevó al grupo a través de refugios precarios e improvisados en Tung Chau Street, una comunidad de vagabundos en los límites de Sham Shui Po, no sin antes advertirle a la gente que no tomara fotos.
“Este es su hogar”, dijo.
Alessandro Dutto, de 23 años, y Andrea Pertoldi, de 24, dos viajeros italianos de mochila al hombro, se presentaron ante Lau después de ver un anuncio del recorrido en su hostal, aunque un turista les dijo que no se molestaran en tomarlo porque “no había nada que ver” en esa parte de la ciudad.
“Fue una de las cosas más interesantes que pudimos hacer aquí”, dijo Pertoldi. Cuando el recorrido de tres horas a pie terminó, Lau, aún sonriente, recogió las propinas. Los recorridos son gratuitos, pero los clientes pueden pagar si así lo desean. Algunos regresaron al metro de Hong Kong, donde 10 minutos más tarde podrían salir al centro del adinerado distrito comercial de la isla: Central, con sus tiendas Louis Vuitton y Armani equipadas con aire acondicionado.
Lau creció cerca de donde se encuentran los recorridos que organiza, en un conjunto residencial público en Wong Tai Sin. Sus padres viven ahí, en el mismo apartamento de dos habitaciones donde alguna vez compartió un cuarto con su hermana y su hermano.
“Esta ciudad no seguirá en silencio’
Ahora su vida es mucho más fácil que la de sus padres cuando tenían su edad, pero el alto costo de la vida en Hong Kong implica que la deslumbrante meca central que frecuentan los turistas esté fuera de su alcance.
“Nadie que conozca va a almorzar a Central o Admiralty”, comentó, refiriéndose a la principal área comercial en la Isla de Hong Kong.
Uno de los temas que aborda en su recorrido es el volátil ambiente político de Hong Kong. Lau, quien durmió en las calles del centro de Hong Kong durante algunas semanas en 2014 como parte de la protesta Occupy, dijo que la expulsión de cuatro legisladores prodemocráticos en julio había enojado y desanimado tanto a la gente que conocía que algunos estaban considerando irse de la ciudad.
Durante el recorrido del día siguiente, agregó una dosis de los avances políticos más recientes, con la esperanza, dijo, de que cuando Hong Kong alcance otro punto de quiebre, los turistas de su recorrido lo vean en las noticias y sientan una conexión con el lugar.
“Esta ciudad no seguirá en silencio, como lo deseaba el gobierno”, explicó. “Aquí hay furia, y algo debe pasar, algo grande. No sé si serán protestas, manifestaciones, revolución o algo más”.
Cheryl Dilks, quien es originaria de Boulder, Colorado, y ahora vive en Guam, tomó el recorrido mientras visitaba Hong Kong por primera vez. Dijo que fue refrescante escuchar la perspectiva de Lau.
“Esta cara de la ciudad sería difícil de percibir como extranjero”, dijo. “Se ve muy limpia en todas partes, y no se ven muchas personas sin hogar. Por eso estuve muy agradecida de que ella nos explicara las desigualdades”.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de agosto de 2017, 7:33 p. m. with the headline "Apartamentos-jaulas, suicidio y sueldos de miseria, el lado oscuro de una ciudad deslumbrante."