‘¿Y tu abuela dónde está?’ Prueba de ADN revela herencia étnica y secretos familiares
La difusión de las pruebas de ADN aclara la ascendencia de millones de estadounidenses. Sin embargo, estos servicios tienen limitaciones, y los resultados pueden ser inciertos.
La madre de Bob Hutchinson no les contó casi nada a sus hermanos y a él de su familia, sin importar cuántas veces le preguntaran. “Era buena para evadir a la gente”, comentó Hutchinson, de 60 años.
Mientras crecían, no había en casa fotos de su madre de niña ni de los padres de ella. Decía que era hija única y que sus padres habían muerto. Ella, afirmaba, era de ascendencia italiana y sueca.
Hutchinson sospechaba que había más en la historia. Después, su cuñada, hurgando en el pasado familiar, encontró que la casa en la que vivió su madre de niña aparecía en un censo de 1930.
La familia vivía en Montclair, Nueva Jersey, y se describía como “negra”. Hutchinson, quien dirige una agencia de publicidad y vive en Pacifica, California, nunca había escuchado que tuviera ascendencia afroamericana.
Hoy en día, los secretos familiares son más difíciles de esconder.
Un mayor número de empresas ahora ofrecen pruebas de ADN que prometen precisar la herencia étnica de un cliente y, con autorización, identificar a parientes genéticos. Las empresas incluyen a generalistas como 23andMe y Ancestry.com y firmas especializadas como African Ancestry.
Millones de personas han decidido hacerse la prueba, para la cual envían muestras de saliva a laboratorios y pagan entre 100 y 350 dólares o más por un análisis.
Los clientes están ansiosos de saber de dónde provienen, encontrar un contexto familiar que pueda faltarles. Las respuestas que se esconden en el ADN pueden ser reveladoras porque aclaran acontecimientos que llevan décadas ocultos y cambian para siempre la historia familiar.
Sin embargo, un nuevo análisis de los paquetes de pruebas de ADN realizado por The Wirecutter, una página de opiniones de The New York Times, ha descubierto que estos servicios también tienen limitaciones que los proveedores no siempre reconocen en su totalidad.
Hutchinson decidió analizar su ADN en 23andMe. El informe reveló que es un octavo africano subsahariano, lo cual quiere decir que su madre era mestiza. Había también parte de genes italianos y suecos.
Hutchinson también descubrió que su madre no era hija única, sino que tenía un hermano. Un genealogista lo ayudó a ubicar a unas primas hermanas en Alabama, las cuales comentaron que se les había dicho que nunca contactaran a Hutchinson ni a su familia.
Las primas estaban encantadas de saber de él. Planea visitarlas el año que viene para el carnaval de Mardi Gras.
Los resultados de Hutchinson fueron reveladores, pero en otros contextos la etnicidad ha supuesto un problema particularmente complicado para las empresas que hacen pruebas de ADN. Las definiciones de “raza” y “etnicidad” son vagas, dijo Joseph Pickrell, genetista informático en el laboratorio de New York Genome Center, afiliado a la Universidad de Columbia.
“Para diferentes personas la palabra “raza” tiene distintos significados”, explicó. En Estados Unidos, por ejemplo, a una persona con cualquier grado de ascendencia africana se le suele identificar como negra.
“Eso no es necesariamente lo que sucede en otras partes del mundo”, agregó Pickrell.
Los investigadores de 23andMe reconocieron la dificultad en un artículo reciente que menciona: “Es importante observar que la ascendencia, la etnicidad, la identidad y la raza son etiquetas complejas que dan como resultado rasgos visibles, como el color de la piel, y factores culturales, económicos, geográficos y sociales”.
En un estudio reciente, los investigadores decidieron usar definiciones de la Oficina del Censo de Estados Unidos –negro, blanco, hispano– para preguntar con qué frecuencia la gente que se identifica con una raza en realidad tiene marcadores genéticos que indican ascendencia mestiza.
Tras analizar los datos de 160,000 clientes que aceptaron participar, los genetistas descubrieron que un 3.5 por ciento de aquellos que dijeron ser blancos en realidad tenían ADN con un uno por ciento o más de origen africano.
Las posibilidades de tener ascendencia africana eran mayores en el sur, y mucho más altas en Carolina del Sur que en ningún otro lado, donde por lo menos un 13 por ciento de aquellos que dijeron ser blancos tenían ascendientes africanos.
Entre quienes dijeron ser negros, su ascendencia genética en términos generales era un 73.2 por ciento africano, un 0.8 por ciento nativo americano y un 24 por ciento europeo. Los expertos dicen que el enorme porcentaje de ADN europeo que se encontró en los afroamericanos se puede rastrear a antes de la Guerra Civil y a la violación de africanas esclavas.
Retratos familiares
La ascendencia de quienes dijeron ser hispanos era más bien una mezcolanza. Algunos no tenían ascendencia de indios americanos, mientras que otros tenían un 50 por ciento o más.
Los hispanos que viven en el sur tendieron a tener una mayor ascendencia africana. Como grupo, su ADN incluyó un 6.2 por ciento africano, un 18 por ciento de etnias amerindias y un 65.1 europeo.
La ascendencia judía, por otra parte, es mucho más fácil de discernir. Históricamente, estas poblaciones eran pequeñas y los judíos solían no casarse con gente ajena a sus grupos. En consecuencia, comparten secuencias que dejan translucir su ADN, que se pueden identificar fácilmente en las pruebas.
Pero, ¿este tipo de categorización étnica es realmente aleccionador? Los seres humanos compartimos más de un 99.9 por ciento de ADN; lo que nos diferencia es convergentemente insignificante en términos de genética.
Si la prueba “me dice que soy un 95 por ciento judío askenazí y un 5 por ciento coreano, ¿eso se diferencia realmente de un 100 por ciento judío askenazí y cero por ciento coreano?”, pregunta Jonathan Marks, profesor de antropología en la Universidad de Carolina del Norte, en The Wirecutter.
La pregunta de la etnicidad tiene que ver con otro reto difícil para los analistas de ADN: la geografía.
Los investigadores genéticos por lo general saben en qué continentes se originaron las secuencias de ADN. Sin embargo, es mucho más difícil precisar un país específico, lo cual prometen muchos servicios de análisis de ADN.
Sencillamente, los científicos no tienen una buena cantidad de datos de las características genéticas de países específicos en, digamos, África oriental o Asia oriental. Incluso en regiones más desarrolladas, que hacen distinciones entre la ascendencia polaca y, por ejemplo, la rusa, dichas diferencias son inexactas en el mejor de los casos.
Los porcentajes precisos que ofrecen algunos servicios de pruebas causan escepticismo entre los investigadores genetistas. “Toda la ciencia está privatizada, y los algoritmos por lo general no están disponibles para revisión entre pares”, dijo Marks.
“Por eso, sus anuncios siempre especifican que es solo para propósitos recreativos, lo que en jerga de abogados significa ‘estos resultados no tienen estatus científico’”.
Sin embargo, para muchos, la finalidad de las pruebas de ADN no tiene nada que ver con la etnicidad. Theresa Musumeci, de 49 años, originaria de Hockessin, Delaware, quería resolver un antiguo misterio familiar. ¿Quién era su abuela biológica?
Hace décadas, la madre de Musumeci descubrió que había sido adoptada después de que escuchó por casualidad a las monjas en su secundaria católica de Camden, Nueva Jersey, hablando de ello.
Durante años, buscó claves de la identidad de su madre biológica, hasta que supo su nombre: Mary Culliton. Sin embargo, la madre de Musumeci murió en 1995, a los 55 años, por lo que ya no pudo conocer más información.
Musumeci decidió continuar la búsqueda enviando una muestra a Ancestry.com, que además informa a los usuarios sobre parientes en su base de datos si así se les autoriza.
Entre las coincidencias estaba el medio hermano de Musumeci y algunos primos conocidos, pero también estaba un hombre del que ella nunca había oído hablar. Resultó que su tía abuela era la bisabuela de Musumeci, la madre de Mary Culliton. Él le contó sobre la vida de la mujer.
Musumeci acabó por encontrar a otros tíos y tías perdidos desde hacía tiempo. “Encontré cinco parientes de mis abuelos”, dijo. Sin embargo, solo lamenta una cosa: su madre no vivió lo suficiente para contarle la historia.
“Me sentí mal de pensar que la tecnología no estuvo a su disposición”, dijo Musumeci.
Si las pruebas de ADN tienen el potencial de aclarar nuevas relaciones familiares, también pueden ensombrecer aquellas que parecían establecidas. Mientras preparaba un informe de The Wirecutter, un investigador descubrió que uno de los abuelos no tenía una relación biológica.
Esas noticias pueden ser devastadoras, o liberadoras.
Mark, un banquero de Delaware, obtuvo sus resultados de Ancestry.com junto con la lista de parientes que se encuentran en la base de datos de la empresa. Extrañamente, no había una sola persona de su familia paterna en la lista.
Solo reconoció un nombre: el del mejor amigo de su padre, quien resultó ser su padre biológico.
Mark, de 43 años, cuyo nombre se cambió para proteger la privacidad de su familia, se encuentra distanciado de su madre y el hombre que conoció como su padre murió hace más de una década. Así que se acercó al mejor amigo de su padre, quien confirmó que había tenido un amorío con su madre hacía décadas.
Los dos viven cerca y se han visto en varias ocasiones recientemente. El secreto que aquel viejo pensó que se llevaría a la tumba, había salido a la luz.
Mark dijo que en una salida reciente “incluso me mostró el lugar donde cree que me concibieron”.
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de septiembre de 2017, 3:06 p. m. with the headline "‘¿Y tu abuela dónde está?’ Prueba de ADN revela herencia étnica y secretos familiares."