Trasfondo

¿Angustiado e inseguro? Podría tener estrés postraumático por el huracán Irma

Residentes de Cayo Maratón buscan ropa y alimentos en donaciones destinadas a los afectados por el huracán Irma el 17 de septiembre de 2017.
Residentes de Cayo Maratón buscan ropa y alimentos en donaciones destinadas a los afectados por el huracán Irma el 17 de septiembre de 2017. EFE

Poco a poco, y a medida que se restablece la luz eléctrica en su totalidad, se impone la normalidad en Miami y el sur de la Florida. Según los expertos volver a la normalidad y ser conscientes de ello es una cualidad imprescindible para superar cuanto antes los síntomas de estrés postraumáticos. Y es que los residentes de Miami se sienten vulnerables. Una de las frases más repetidas durante la última semana ha sido: “Si Irma no se llega desviar, nos parte por completo”.

A pesar de que el ojo del poderoso huracán Irma no pasó finalmente por el condado de Miami-Dade muchas zonas han quedado con los efectos de la inundación, con miles de árboles todavía caídos y con considerables destrozos en viviendas y autos. Pero si es tan afortunado y sus propiedades no sufrieron daños, pero antes de la llegada del huracán, puso las contraventanas o las maderas para protegerse, si hizo largas filas para poner gasolina en su auto y para comprar víveres y agua, y luego está desmontado todo y limpiando su patio, y pasó varios días sin corriente electrica ni conexión a internet y televisión, pues es lógico que esto le haya causado o le cause aún estrés, ansiedad y nerviosismo.

“Es importante reconocer que lo que está sucediéndoles es normal, dentro de las circunstancias”, aclara el doctor Eugenio Rothe, psiquiatra y profesor de salud pública de la Universidad Internacional de la Florida (FIU).

Los residentes de Miami piensan que lo sucedido en Cayo Hueso podría haberles sucedido a ellos. Según el doctor Rothe, sufrimos lo que en psicoterapia se denomina la ilusión de seguridad (The illusion of safety). La idea de que no nos va a suceder nada nos da seguridad. Sin embargo, cuando se rompe esa ilusión, porque sucede algo que pone en peligro la vida, la persona se queda en un estado de nerviosismo debido a la sensación de peligro.

“Hemos perdido la ilusión de seguridad porque esa idea de que me pudo haber sucedido a mí nos hace vulnerables, pero es bueno y normal ser conscientes de ello”, advierte Rothe.

Esta sensación dura entre un mes y seis semanas. Después desaparece. “En algunas personas esta sensación permanece toda la vida porque piensan que puede volver a suceder en cualquier momento”, asegura.

Hemos perdido la ilusión de seguridad porque esa idea de que me pudo haber sucedido a mí nos hace vulnerables, pero es bueno y normal ser conscientes de ello

Eugenio Rothe, psiquiatra y profesor de salud pública de FIU

Es importante recalcar que durante este tipo de desastres se pospone el trastorno de estrés postraumático. Las personas suelen bloquear la parte emocional, entrando en un estado de alerta que les permite solucionar los problemas inmediatos como limpiar la basura, recoger los escombros, solucionar cómo van a obtener electricidad o cómo bañarse. El impacto emocional saldrá más tarde a la superficie.

“Tras un periodo de tiempo, entre dos y hasta seis meses después del huracán Irma, empezarán a salir al exterior el impacto psicológico del desastre natural”, asegura Rothe.

Destaca también la importancia de ser conscientes acerca del sentimiento de tristeza por las cosas perdidas. “Es normal esa especie de duelo o luto”, especifica.

El sonido del viento y las fuertes lluvias del potente huracán Irma han quedado grabados en el cerebro de cuántos vivieron esta traumática experiencia.

“Las personas que vivieron el devastador huracán Andrew pueden sentir que lo que están sintiendo ahora está fuera de proporción con lo que sucedió. No sucedió gran cosa en este huracán, pero la reacción de la persona es mucho más exagerada porque está reviviendo un trauma anterior, que se sobrepone como un papel de calcar con el trauma actual”, explica.

Por ello, hay que saber que la memoria de este trauma puede despertar traumas y pérdidas anteriores como un divorcio o desarraigo geográfico, entre otros. “Es una oportunidad de la persona para trabajar un duelo que se quedó a mitad”, insiste Rothe.

Consejos prácticos para niños y adolescentes

Cada persona reacciona de una forma distinta tras una catástrofe. También los niños tienen su trastorno de estrés postraumático, que se puede manifestar con pesadillas, falta de sueño, cambios de estado de ánimo, ansiedad, irritabilidad e intranquilidad y conductas agresivas.

“Los padres son el filtro que interpreta el mundo exterior al niño. Si estos perciben que los padres sienten entereza y no están nerviosos, el niño se siente seguro. Si los niños siente que los padres se están tambaleando, entonces el niño se siente inseguro. Hay que tratar de dar un sentimiento de seguridad al niño y no trasmitirles el nerviosismo de los padres”, aconseja Rothe.

Se recomienda volver cuanto antes a la rutina habitual para calmar la ansiedad y el nerviosismo en niños y adolescentes.

Si una persona tarda más de un mes o seis semanas en recuperarse de los síntomas, debe consultar con un especialista para tratar un trastorno de estrés postraumático

Ante la vuelta al trabajo tras el huracán Irma, el psiquiatra y profesor de salud pública de FIU indica que habrá una falta de concentración laboral debido a la ansiedad sufrida tras el shock y la pérdida de seguridad.

“Muchas veces ayuda poder compartir la experiencia con otras personas. Al poner lo que uno siente o vive en palabras; contarlo, ayuda a organizar los sentimientos de una forma coherente. Uno logra después explicar, a los demás y a sí mismo, qué es lo que está sintiendo. De lo contrario se queda como si fuera un remolino por dentro”, advierte Rothe.

¿Tiene estos síntomas?

Si una persona tarda más de un mes o seis semanas en recuperarse de los síntomas, debe consultar con un especialista para tratar un trastorno de estrés postraumático.

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) insiste en prestar atención ante los siguientes síntomas: comer o dormir demasiado o muy poco, aislarse de las personas y cosas, tener poca energía o ninguna, sentirse insensible o que nada le importa, tener achaques y dolores sin explicación, sentirse impotente o desesperado, fumar, beber o usar drogas más de lo que debería, sentirse inusualmente olvidadizo o confuso, nervioso o alterado, preocupado o con miedo, gritar y pelear con familiares o amigos.

El CDC recomienda consultar con un especialista o llamar a la línea de ayuda 1-800-985-5990 o enviar un mensaje de SMS “Hablamos” al 66746 si le resulta difícil hacer las cosas o empeora su situación debido a alguno de los síntomas nombrados anteriormente. También si tiene recuerdos y pensamientos que no puede sacarse de la cabeza, piensa en lesionarse o hacerse daño y no puede realizar tareas diarias como atender a sus hijos, ir a trabajar o a la escuela.

Cada persona tiene una sensibilidad diferente ante un trauma, unas tienen más resistencia que otras a la hora de lidiar con los traumas de una catástrofe.

“El axioma para pedir ayuda es siempre cuando la persona se sienta que los síntomas le están causando un impedimento en su funcionamiento en la escuela, si es un niño; en el trabajo, si es un adulto, o en el ámbito familiar si el niño está tan ansioso que molesta y está buscando la antipatía de los padres o se está metiendo en problemas”, concluye Rothe.

Siga a Isabel Olmos en Twitter: @IsabelOlmos

  Comentarios