Trasfondo

Sin peleas y cerca de casa, una solución para la justicia juvenil en Florida ya probada en Missouri

Edwidge Michel es líder de un hogar en Queens donde se pone en práctica el programa ‘Close to Home’, en el que cinco jóvenes cumplen su sentencia cerca de la comunidad y la familia.
Edwidge Michel es líder de un hogar en Queens donde se pone en práctica el programa ‘Close to Home’, en el que cinco jóvenes cumplen su sentencia cerca de la comunidad y la familia. emichot@miamiherald.com

En un vecindario tranquilo de clase trabajadora en el suroeste de Queens, en medio de robles rojos, dentro de lo que fue el edificio de ladrillo de la rectoría de una iglesia, viven cinco delincuentes juveniles

Duermen en camas con edredones, no sobre el metal.

Las paredes están pintadas de amarillo, azul y verde, no del gris de las instituciones correccionales.

Comen sobre mesas de madera en un comedor, no en una mesa de acero atornillada al suelo.

Aquí no hay peleas por la comida. Si alguien se queda con hambre, pide más.

Este hogar de grupo –dirigido por una agencia de servicios sociales fundada hace un siglo con raíces de institución caritativa para niños enfermos– no tiene nada en común con las fortalezas rodeadas de alambre cortante que albergan a muchos de los delincuentes juveniles de la Florida. Los administradores de justicia juvenil de Nueva York crearon el sistema con todo propósito.

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Una habitación pintada en vivos colores por un grupo de artistas en Palm Beach Youth Academy en West Palm Beach. Emily Michot emichot@miamiherald.com

“La privación de la libertad es el castigo”, dijo Gladys Carrion, quien se retiró en febrero tras cuatro años como comisionada de la Administración de Servicios a Menores de la Ciudad de Nueva York. Durante seis años anteriormente, fue jefa de la Oficina de Servicios a Menores y Familias.

“Regresan a sus comunidades”, dijo. “Hay que tratarlos como seres humanos. Porque importan. Porque son una promesa”.

“Todo el mundo tiene derecho a una segunda oportunidad. Como sociedad no podemos darnos el lujo de olvidarnos de ellos y tratarlos como delincuentes, para que salgan endurecidos como personas y no tengan esperanzas ni expectativas de futuro”.

Tragedias y batallas

En una comparación de programas de justicia juvenil como el de Nueva York con la mayoría de los otros, un informe del Departamento de Justicia en el 2016 indicó de los otros: “Aunque los llamen ‘escuelas de capacitación’ o ‘centros juveniles’, casi todas esas instalaciones son cárceles para menores”. El informe del Instituto Nacional de Justicia, división de investigaciones del Departamento de Justicia, agregó: “Este enfoque erróneo y pasado de moda es un fracaso, con alto costo, índices de reincidencia y condiciones institucionales que con frecuencia son espantosas.

“Todas las prisiones para menores en el país deben ser cerradas y reemplazadas con una red de programas comunitarios e instalaciones pequeñas cerca de las comunidades de los jóvenes”.

Pero ni el de Nueva York ni otros sistemas de justicia juvenil con intenciones reformistas han adoptado un enfoque tan abarcador. Los detenidos que representan los mayores riesgos todavía están en instituciones parecidas a prisiones, y la mayoría de los peligrosos muchas veces son acusados, y encarcelados, como adultos.

Eso es especialmente cierto en la Florida, que tiene uno de los niveles más altos del país en materia de acusación y enjuiciamiento de menores en tribunales para adultos.

El estado de Nueva York había enfrentado una serie de tragedias y batallas en los años anteriores a la reforma. En el 2006, Darryl Thompson, de 15 años y con problemas emocionales, falleció durante una restricción física en el Centro Residencial Tryon Residential, una prisión para menores con un historial complicado. La muerte del joven llevó al pago de $3.5 millones por una demanda.

Tres años más tarde, el Departamento de Justicia realizó una investigación del sistema de justicia juvenil del estado de Nueva York, y concluyó que un innecesario “alto nivel de aplicación de la fuerza” en todo el sistema llevó a “una cantidad excesiva de lesiones”.

El Modelo Missouri hace énfasis en la terapia y el tratamiento en vez del encarcelamiento, en pequeños hogares de grupo por encima de prisiones grandes, y en la proximidad a la familia y los servicios de apoyo en vez del aislamiento

Al mismo tiempo, el sistema de justicia juvenil del estado no se consideraba particularmente efectivo. Casi dos terceras partes de los jóvenes liberados eran arrestados en los dos años siguientes.

El cambio de rumbo en Nueva York se debió en lo fundamental a Carrion, una reformista dinámica y de mano dura, quien en el 2007 fue nombrada comisionada de la Oficina de Servicios a Niños y Familias del Estado de Nueva York, que incluye el sistema de justicia juvenil. Su primera decisión fue reducir la cantidad de menores que entraban a los programas juveniles en la zona norte del estado.

Carrion reasignó fondos estatales de instituciones físicas a alternativas comunitarias, pidiendo a los jueces que no encarcelaran más a los jóvenes que no eran un peligro significativo para la seguridad pública.

Carrion desarrolló un programa intensivo después de las clases a manera de válvula de seguridad para reducir la cantidad de jóvenes que seguían presos. El programa incluyó el uso de supervisión electrónica, centros de registro y tratamiento intensivo.

El clima político resultó favorable a la reforma cuando el más poderoso de todos los incentivos –el dinero– entró a jugar. Cuando la cantidad de jóvenes enviados a los programas bajó 62 por ciento entre el 2002 y el 2011 –en lo fundamental como resultado de los esfuerzos de Carrion– la política regional y el poder de los sindicatos mantuvieron los programas a media capacidad, lo que “provocó que el costo diario por joven internado se disparara 150 por ciento”, indicó un informe.

Más cerca de casa

La labor de Carrion permitió a la ciudad apoyar enfoques más centrados en las reformas. Uno de esos enfoques nació tres décadas antes, cuando Missouri –conocido como un estado donde se aplica la ley estrictamente– implementó una de las transformaciones de mayor alcance en el sistema de justicia juvenil. El marco de trabajo, que llegó a conocerse como el Modelo Missouri, hace énfasis en la terapia y el tratamiento en vez del encarcelamiento, en pequeños hogares de grupo por encima de prisiones grandes, y en la proximidad a la familia y los servicios de apoyo en vez del aislamiento en programas rurales a cientos de millas de distancia de los lazos comunitarios de los jóvenes.

La ley de reforma del sistema de justicia juvenil en la ciudad de Nueva York se centró en la proximidad geográfica e hizo que los jóvenes encarcelados en instituciones lejanas regresaran a sus vecindarios. Los líderes llamaron la iniciativa “Cerca de Casa”.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, firmó la ley el 19 de septiembre del 2012, y algunos de los delincuentes fueron trasladados a nuevos hogares en la ciudad en los seis a ocho meses siguientes. La rapidez de la implementación tenía por fin evitar el gasto de operar un sistema doble. El programa ahorró dinero, pero también obligó a los administradores a hacer modificaciones expeditas y la supervisión se quedó muy atrás.

Para agosto del 2013, los administradores habían contabilizado 662 fugas de por lo menos 24 horas, indicó un informe del 2015 del prestigioso John Jay College de Justicia Penal. Y las actividades de los jóvenes durante esas fugas generaron tragedias y titulares: en junio del 2013, un joven de 17 años huyó de un hogar de grupo en Staten Island operado por una organización caritativa católica y mató a otro joven a puñaladas. Ese hogar cerró más tarde.

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Un mural en el Centro Regional de Detención Juvenil de Miami-Dade tiene un letrero que indica que los jóvenes allí sí importan. EMILY MICHOT emichot@miamiherald.com

Casi dos años después, el 1 de junio del 2015, tres jóvenes de 16 años huyeron de un hogar de grupo de Brooklyn y secuestraron a una mujer de 33 años y de Manhattan en un café de Internet. Debajo de una escalera cercana, la golpearon y la violaron. Tres empleados del hogar fueron acusados penalmente de falsificar los registros del lugar. Los empleados habían indicado que en los registros “todo está bien” o “los jóvenes están en sus habitaciones”, cuando videos mostraban a los empleados “en el suelo con almohadas y sábanas”, indicó la investigación del Departamento de Investigaciones de la Ciudad de Nueva York.

Los investigadores citaron “una falta generalizada de supervisión de los hogares para jóvenes con contratos municipales” en un informe de abril del 2016. Los administradores de justicia juvenil tenían “la obligación de proteger tanto al público como a los juveniles a su cargo, una obligación que no cumplieron durante varios años”, expresó el Departamento de Investigaciones.

Directivos de la agencia reconocen que al principio la reforma tuvo problemas. “Con la implementación rápida no estaban en su lugar elementos fundamentales de un buen sistema de justicia juvenil”, dijo John Dixon, comisionado adjunto de Cerca de Casa.

El control de las fugas

Para el 2016, el programa había contratado 35 nuevos administradores para labores de supervisión, afinar el sistema de reportes de incidentes y realizar investigaciones internas. Muchos jóvenes se estaban escapando de la escuela, dijo Dixon, de manera que la agencia ofreció seguridad en los recintos escolares. Las fugas de la escuela son ahora “algo del pasado, o muy poco comunes, como las agresiones”, agregó.

Con más personal, el nivel de supervisión mejoró. Las peleas entre los jóvenes han bajado en 75 por ciento desde el 2012, dijo Dixon. La cantidad de jóvenes que se escapan bajó en casi 43 por ciento. El contrabando se redujo 31 por ciento. El uso de medidas de restricción física bajó 24 por ciento.

La Florida y Nueva York desafían cualquier comparación directa. Los administradores en Nueva York dicen que el programa es demasiado nuevo –la implementación completa se logró en noviembre del 2015– y no tienen información precisa.

Lo que es más, en este momento las personas de 16 y 17 años se consideran adultos en el estado de Nueva York, de manera que los que cometen delitos se envían al sistema de justicia penal para adultos.

“Cuando se observa la población de jóvenes en nuestro sistema, la gran mayoría tiene 16 o 17 años”, dijo Christina K. Daly, secretaria del Departamento de Justicia Juvenil de la Florida. “Si estuvieran viviendo en Missouri o Nueva York, estuvieran en el sistema para adultos”.

En la Florida, de los 2,847 jóvenes liberados de los programas residenciales de justicia juvenil en el año fiscal 2015, 45 por ciento se declaró culpable o lo declararon culpable de otro delito en un período de 12 meses

Pero eso está cambiando, al menos en Nueva York. La Legislatura ha aumentado la mayoría de edad a 17 años, efectivo a partir del 1 de octubre del 2018, y la aumentará a 18 en el 2018. Los jóvenes de 16 y 17 años todavía son una parte de la población de los programas “Cerca de Casa”. Una vez que entran al sistema de justicia juvenil, se les considera menores hasta que concluyen la sentencia, incluso después que cumplen más de 16 años.

Tampoco es posible establecer conclusiones amplias sobre el éxito relativo de los sistemas de justicia juvenil. Los estados miden las reincidencias de diferentes maneras y hay falta de investigaciones sobre el tema por parte del gobierno y los expertos.

Sin embargo, sobre la base de una medida clave, la Florida no está haciendo un buen trabajo. De los 2,847 jóvenes liberados de los programas residenciales de justicia juvenil en la Florida en el año fiscal 2015, 45 por ciento se declaró culpable o lo declararon culpable de otro delito en un período de 12 meses, muestran registros estatales. Las cifras son más actualizadas e incluyen delitos tanto juveniles como de adultos.

Compárese eso con Missouri, donde 10 por ciento de los jóvenes bajo la custodia de los Servicios Juveniles regresaron al sistema de justicia juvenil del estado o fueron a una prisión para adultos dentro de los 12 meses siguientes a su liberación, según el informe anual de la agencia.

Un Justin Bieber canino

Mientras los legisladores de la Florida se han demorado en implementar la clase de reformas establecidas en Missouri o Nueva York, los administradores de justicia juvenil han alentado varios cambios de menos alcance pero que han humanizado las condiciones en un puñado de programas. Hay programas de capacitación para perros de servicio y galerías de arte. Además, hay huertos y las escuelas vocaciones gradúan maestros cocineros.

A los tres meses de comenzar su trabajo como terapista de recreación, Aqua Etefia sabía que había una forma de dar vida a las paredes grises, y poder establecer una mejor relación con los jóvenes en problemas de la Palm Beach Youth Academy.

“Me dije: ‘Voy a traer Art Basel a estas paredes’. Así que contacté a mis amigos, todos artistas de zonas marginales de Miami, y les di mi visión”, dijo Etefia, quien comenzó a trabajar para la empresa que dirige la instalación, Sequel Youth and Family Services, en agosto del 2016. “Les pedí que vinieran e hicieran algunos murales, una contribución”.

A los pocos meses, las celdas, espacios y pasillos grises de una de las alas de la academia –un programa de tratamiento a personas de alto riesgo con 78 camas– se habían transformado en el Youth Concept Gallery. El espacio combinado ahora incluye instalaciones de arte, una biblioteca y un salón de té.

“Si uno mira a estos muchachos en el papel, pudieran dar miedo. Son jóvenes que han vivido vida de adultos. Pero cuando uno tiene que tratarlos en persona, es diferente y muchos están abiertos a cambiar”, dijo Etefia. “Usamos el arte como forma de llegar a ellos. Eso puede provocar conversaciones, entonces una dinámica de grupo, después un apoyo de grupo. Y todo comienza cuando les preguntamos: ‘¿Qué significa esta pieza de arte para ti?’ 

En Tampa, “Rex” hace largas caminatas por el césped. Durante un tiempo Rex era el único residente varón de la Academia para Niñas de Hillsborough. También era el único perro.

Rex fue adoptado en Tampa y vivió hasta abril en el programa para niñas, donde las detenidas enseñaban socialización a los perros como parte de un programa más amplio de capacitación para entrenar animales de servicio. Rex, un poodle negro, provocaba miradas en todas partes. Llevaba una bandana rosa y el pelo le caía sobre la frente, como un Justin Bieber canino. Las detenidas competían por el privilegio de trabajar con él.

Además de los programas de capacitación, el Departamento de Justicia Juvenil de la Florida ha alentado a sus proveedores a que ofrezcan programas de “terapia con perros” y crianza de caninos a adolescentes como parte de un currículo más amplios dirigido a tratar a jóvenes que han sufrido traumas en sus familias o comunidades. “Además de ofrecer interacciones terapéuticas” los programas enseñan a los jóvenes “a tratar a los animales con compasión”, dijo Heather DiGiacomo, portavoz del Departamento de Justicia Juvenil.

En uno de los programas, llamado TAPS, los jóvenes rescatan a cachorros de albergues para animales, lo que permite a los detenidos cuidarlos antes que los adopten. La Palm Beach Youth Academy, la St. Johns Youth Academy y la Residential Alternative for the Mentally Challenged tienen programas de atención a cachorros.

Pero muchos de estos esfuerzos son sencillamente un oasis dentro de instituciones más parecidas a prisiones.

El ejemplo de Missouri

De muchas maneras, el sistema de justicia juvenil de Missouri se parece más a un programa de bienestar infantil que a un sistema correccional. Los jóvenes tienen trabajadores sociales –con una carga de trabajo manejable– que organizan servicios de salud mental, tutoría, mentores y albergue para cada detenido. Se reclutan voluntarios de iglesias, universidades y ligas deportivas para trabajar con adolescentes delincuentes. Los jóvenes –los administradores no los llaman delincuentes– son alentados a hacer trabajo voluntario.

A diferencia de las instalaciones floridanas con su alambre de cuchillas, Missouri se resiste a cualquier cosa que parezca una prisión. Los detenidos que representan el menor nivel de riesgo viven en hogares de grupo asimilados en zonas residenciales. Los que presentan un nivel de riesgo moderado viven en instalaciones parecidas a un campus. Y los que deben quedar confinados en los entornos más seguros viven en instalaciones de 20 a 30 camas con verjas, dijo Mark Steward, quien afinó el Modelo Missouri durante sus 17 años como director del programa.

La mayoría de los hogares están cerca de los vecindarios de los jóvenes, y algunos están en recintos universitarios, donde los alumnos hacen labores de mentores o modelo a imitar. Dentro, los hogares parecen dormitorios universitarios, con camas, tocadores y alfombras. Los detenidos no llevan uniforme, sino ropa de calle.

“A muchos no les gusta”, dijo Steward, quien agrega: “Hay personas que me dicen: ‘Eso no es una escuela reformatorio’ ”. Steward ahora es asesor de otros estados que tratan de adoptar la misma filosofía.

El concepto ha sido imitado parcial o totalmente en Louisiana, Nuevo México, Virginia, Washington DC y los condados Los Angeles, Santa Clara y San Francisco en California, según el Instituto de Servicios Juveniles de Missouri, una entidad sin fines de lucro que Steward dirige ahora.

¿Por qué no hay más estados que adopten el Modelo Missouri?

“Me lo han preguntado muchas veces”, dijo Steward. “Los cambios culturales son difíciles de lograr. Los jóvenes llegan a un sistema disfuncional y punitivo. Pero es más fácil seguir adelante con todos los problemas, y entonces traer la infantería”.

Un aspecto positivo es que el programa de Missouri es pequeño en comparación con la Florida: 33 instalaciones con más de 1,000 detenidos. En comparación, en la Florida hay 53 centros residenciales con 2,130 camas.

“Yo visitaba cada instalación al menos una vez al año”, dijo. “Los muchachos decían: ‘Mark, tienes que deshacerte de ese tipo. Ese tipo no es bueno’. Estos muchachos te dicen la verdad. Y la responsabilidad de uno es verificarlo”.

Muchas veces, dijo, los muchachos tenían razón.

Un informe de la Oficina de Estadísticas de Justicia del 2012 sobre las conductas sexuales indebidas en las instalaciones juveniles ofrece evidencias de que la filosofía de Missouri ayuda a proteger a los jóvenes de un abuso particularmente pernicioso. La victimización sexual era significativamente menor en los programas pequeños. En los programas con entre 10 y 25 detenidos, 4.2 por ciento reportó abuso sexual. En programas con entre 51 y 100 camas, 9.3 por ciento reportó haber sido víctima de abuso sexual.

La disparidad es igualmente aguda en los casos de abuso sexual por parte del personal de las instalaciones: entre los programas de entre 10 y 25 residentes, 2.9 por ciento reportó abuso sexual del personal. En los programas de entre 51 y 100 residentes, la cifra aumentó a 6.8 por ciento.

Y Missouri tuvo cinco programas en la lista nacional de las 14 instalaciones con menos índice de victimización sexual, más que cualquier otro estado. Ningún programa de la Florida fue incluido en la lista.

Daly, la secretaria del Departamento de Justicia Juvenil de la Florida, dijo que la agencia ha incorporado buena parte de la filosofía de Missouri después de una visita a ese estado en noviembre del 2013. “Desde esa visita hemos reducido en casi 50 por ciento las camas [residenciales]”, dijo. También, como resultado de una fuerte baja en los delitos juveniles en todo Estados Unidos, el Departamento de Justicia Juvenil de la Florida ha reducido en más de dos tercios la cantidad de camas para detenidos internados, de un máximo de casi 7,000 hace casi una década, a 2,100 ahora.

“Es una baja sustancial en la cantidad de jóvenes internados, porque sabemos que les va mejor en la comunidad, en sus barrios”, dijo.

Las consecuencias

En Nueva York la reforma no se detuvo en lo general. Después de uno de sus primeros recorridos tras hacerse cargo de la Administración de Servicios a Menores, Carrion ordenó al personal comprar colchones nuevos para todas las camas después de ver lo delgado que eran los que había en las instalaciones. Cuando era comisionada del sistema estatal, Carrion ordenó a los administradores aumentar la cantidad de libros que los jóvenes podían tener en sus habitaciones.

El personal objetó que los detenidos podían llenar las fundas de almohadas con libros y usarlas como armas. Carrion preguntó si eso había sucedido alguna vez. La respuesta fue que no.

En la Florida, los registros muestran que la hora de comer siempre ha sido problemática. Los detenidos han sido controlados físicamente y golpeados por infringir normas estrictas que gobiernan qué y cómo pueden comer. Compartir o intercambiar alimentos está prohibido con frecuencia. Los jóvenes eran castigados físicamente por tomar una porción extra de comida.

Carrion dijo que la filosofía de Nueva York está diseñada para evitar tales cosas.

Carrion estableció “comités de alimentos” para que los detenidos tuvieran voz en lo que comen, incluso una pizza de vez en cuando. En algunos lugares, los jóvenes pueden cultivar sus propios vegetales, y Carrion, mientras estuvo en el sistema, dijo que desafió a los reguladores que decían que nos detenidos no podían comer lo que cultivaban sin que los alimentos fueran inspeccionados primero.

“Si hubiéramos seguido las reglas, los jóvenes nunca hubieran podido comer lo que cosecharon”, dijo. “Eso es ridículo”.

Bajo un programa llamado “God’s Love We Deliver” (Entregamos el amor de Dios), los jóvenes del hogar de Queens, dirigido por SCO Family of Services, entregan alimentos a personas que están demasiado enfermas como para cocinar o ir de compras. Donan zapatillas deportivas a desamparados como parte de una iniciativa caritativa.

Y lo consideran un privilegio, no un castigo, dijo Edwidge Michel, líder del hogar de Queens. “Inculcamos a los jóvenes que ayudar a alguien necesitado es positivo”.

Cuando uno de los jóvenes lanzó accidentalmente una botella de agua sobre una cerca mientras jugaba, y la botella golpeó a la hija de un vecino, no lo castigaron. Se reunieron como grupo para decidir cómo hacer las paces.

Así que le llevaron una cesta de frutas al vecino y se disculparon.

“En términos reales, no podemos cambiar dónde viven. No podemos cambiarles los padres. Pero si podemos cambiar sus perspectivas de la vida y ofrecer esa esperanza, ellos pueden usar esa esperanza para salir adelante”, dijo Michel.

Durante un recorrido de la Escuela Belmont, a la que asisten jóvenes de programas Close to Home, un adolescente dijo a un reportero que había aprendido a controlar su furia y considerar las consecuencias antes de actuar. Dijo que su hermano lo retó a una pelea durante una visita reciente a su casa.

“¿Qué voy a sacar con pelear contigo?”, le respondió el detenido.

“Su actitud era que no le importaba, que lo que quería era pelear”.

¿Su respuesta? “No voy a pelear contigo, no tiene sentido”.

¿Sabe algo? He madurado. Me demoro tres segundos, me siento y observo la situación. ¿Qué va a suceder? Si hubiera sido antes, seguro que habría peleado”.

Nota del editor: Este artículo fue producido como parte de un proyecto de la Beca Nacional del Centro de Periodismo de Salud de la Universidad del Sur de California y la Facultad Annenberg de Comunicación y Periodismo de la Universidad del Sur de California.

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