Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, hervidero de Oriente Medio
Vestidas de negro, un grupo de mujeres masctia pan bajo los árboles que crecen en el interior de la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, en pleno corazón de la vieja ciudadela amurallada, donde los niños corretean como esquivando criaturas imaginarias.
El recinto es un espacio abierto que sobrecoge por su grandeza y donde se vigila hasta el código de vestimenta. “Por favor, disculpen”, se oye desde lejos: “Debe taparse, no se puede vestir así dentro del recinto, si es tan amable”, vocifera uno de los guardas a una pareja de turistas, que lleva pantalones cortos, hombros descubiertos y se toma una foto frente a la Cúpula Dorada.
En total hay cuarenta referencias a Al Aqsa en los Hadices, “manera de comportarse” o “costumbre”, que revelan los dichos del profeta Mahoma y son el pilar fundamental de la Sunna, la segunda fuente de ley musulmana después del Corán.
MAHOMA, A LOS CIELOS DESDE LA CÚPULA DORADA
Cuenta la tradición que en “el viaje nocturno” (al Isra al Miraj en árabe) Mahoma visitó la Kaaba, en La Meca, antes de caer dormido. Allí, el arcángel Gabriel le despertó y le llevó hasta un animal blanco alado llamado Buraq, sobre el que emprendió viaje hasta Jerusalén, un recorrido que normalmente llevaría 40 días y que él realizó en uno solo (Sura al Isra; Corán 17:1).
Al llegar, bajó de Buraq y rezó en la sagrada explanada acompañado de otros profetas como Abraham, Moisés y Jesús. Desde allí, y en concreto desde la gran roca que hoy cobija la Cúpula Dorada, se embarcó en su viaje a los cielos (miraj), donde Alá le reveló los versículos del Corán.
Esa misma piedra es donde, según recogen las tres religiones monoteístas, Abraham llevó a su hijo para sacrificarlo y someterse así a la voluntad de Dios, hecho que islam, cristianismo y judaísmo comparten en sus narraciones.
“Antes de la Segunda Intifada (2000-2005) todos podían entrar (a la Explanada) por cualquiera de sus puertas. Después, el Gobierno israelí cerró para los turistas todas menos una”, explica Ala Masri, un vendedor de la Ciudad Vieja mientras se dirige a su comercio, muy cerca del Santo Sepulcro, donde la tradición cristiana sitúa la tumba de Jesús.
Masri desvela la importancia que al Haram al Sharif tiene para los musulmanes y palestinos de Jerusalén, primero porque es el tercer lugar sagrado para el islam después de La Meca y Medina, pero más importante, sostiene, porque “allí dentro puedes olvidarte por momentos de la ocupación”, confiesa entre las callejuelas, con una sonrisa preocupada.
Se refiere a la ocupación israelí de Jerusalén Este, territorio que Israel ocupó tras la Guerra de los Seis Días de 1967 y luego se anexionó en 1980 en una decisión no reconocida por la comunidad internacional. Sin embargo, y debido a lo sensible del lugar, dejó el control administrativo de la Explanada a la autoridad islámica jordana, el Waqf, que hoy en día la custodia.
NO SE PERMITE REZAR EN ELLA A TODOS LOS MUSULMANES
Yousef Al Natsha, director de Turismo y Arqueología del Waqf, explica a Efe muy cerca de una de las entradas al lugar sagrado, en un modesto despacho, que “esta es la ciudad de los profetas, de Mahoma, de Jesús, de David, de Salomón, y los musulmanes la consideran una herencia universal y global”.
“Antes, en las calles había armenios, etíopes, coptos, ortodoxos, católicos”, afirma, y se pregunta: “¿Cómo pudieron crecer aquí esas corrientes si el islam no hubiera sido tolerante y comprensible?”, antes de resolver que “los musulmanes entendían que Jerusalén era una ciudad única”.
“Al día de hoy, no a todos los musulmanes se les permite rezar en Al Aqsa, incluso a muchos jerosolimitanos con carné azul (permiso de residencia permanente en lo que Israel considera su territorio) no se les permite entrar”, se queja Al Natsha.
La Explanada está construida sobre el monte Moriah en casi 144.000 metros cuadrados, un espacio que ocupa una sexta parte de la Ciudad Vieja, el punto más antiguo y explosivo de la región.
Ese espacio acoge la Mezquita Al Aqsa, o ‘mezquita alejada’, y la Cúpula de la Roca o Dorada, que se yerguen imponentes a veinte metros una de la otra.
Al Aqsa, inicialmente un pequeño lugar de oración, ampliado y enriquecido por el califa omeya Abd al Malik y su hijo a comienzos del siglo VIII, quedó prácticamente derruida dos veces en ese siglo, pero se conserva la reconstrucción realizada en el siglo XI por el califa Az Zahir. La tradición islámica afirma que este es el segundo lugar de rezo creado tras la Mezquita Al Haram en La Meca.
UNO DE LOS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES DE SU HISTORIA
La gran Cúpula de la Roca fue levantada por el califa omeya Absul Malik Ibn Marwan en el siglo VII d.C. y originalmente era de madera y recubierta de cobre o cerámica. Se cree que es el primer domo construido en la historia del islam. Fue el califa otomano Suleimán el Magnífico (siglo XVI) quien ordenó cubrirla con una capa dorada y el exquisito alicatado de la fachada. Bab al Qibla, la entrada de la pared sur del imponente edificio, está orientada hacia La Meca.
Además de estas dos espectaculares construcciones, el recinto está lleno de cúpulas, una de las más importantes la de la Cadena, que acoge el centro exacto del Santuario.
También destacan la Cúpula del Profeta y la Cúpula de Miraj, que conmemoran el viaje nocturno, y otras estructuras como los establos de Salomón y el Museo Islámico.
En los años veinte, la librería de Al Aqsa, Madrasa al Ashrafiya, situada en uno los muros del recinto, recibió miles de libros y manuscritos de los líderes árabes de Oriente Medio, que pidieron la protección de sus escritos para las futuras generaciones, a día de hoy en proceso de digitalización.
Según el consenso histórico, en este lugar también estuvieron los dos templos sagrados del judaísmo: el de Salomón, levantado en el año VI a.C. y que fue destruido por los asirios, y el de Herodes, terminado de construir en el 63 d.C. y asolado por los romanos siete años más tarde.
Los musulmanes creen que aquí están enterrados multitud de profetas, el más destacado de ellos Suleimán (Salomón), que falleció aquí.
Durante estos catorce siglos, además de ser un lugar venerado, la explanada ha sido también utilizada como establo, palacio, cámara de ejecución -con la muerte por los romanos de miles de musulmanes- e incluso como vertedero, cuando la ciudadela estuvo tomada por los romanos y los judíos tenían prohibido acceder al lugar.
A día de hoy, la Explanada pasa uno de los momentos "más difíciles" de su historia, asegura Al Natsha, en referencia al último episodio violento, cuando el pasado de julio tres árabes israelíes mataron a tiros a dos policías drusos (y también árabe israelíes) en una de las entradas del complejo, antes de ser abatidos.
EL TERCER TEMPLO JUDÍO
Ese ataque provocó el cierre inmediato de todas las puertas, la clausura de la Explanada durante algo más de 48 horas y la instalación de medidas de control reforzadas.
Estas fueron rechazadas tajantemente por la población palestina, que se manifestó durante semanas, en las que los fieles se concentraban a rezar en las calles adyacentes, lo que derivó en protestas en las que murieron seis palestinos en choques con las fuerzas israelíes y tres colonos israelíes asesinados en un asentamiento por un atacante que aseguró hacerlo para "proteger Al Aqsa".
Los palestinos temen que Israel trate de cambiar el statu quo prevalente en el lugar, donde solo está permitido el rezo musulmán. Cada vez suben a la plataforma más extremistas judíos que tratan de orar allí. Y crecen los llamamientos a que Israel tome la soberanía y construya allí un Tercer Templo judío.
El Instituto del Templo ultima, desde hace años, los preparativos para cuando se levante ese templo. Se han elaborado los trajes para el máximo sacerdote (kohen gadol) siguiendo al pie de la letra las indicaciones descritas en el Antiguo Testamento, se ha fabricado una menorá (candelabro), y los vasos de oro, cobre, madera y plata.
Najeh Ilkirat, director académico del Waqf y exdirector de la Explanada, denuncia a Efe que Israel "permiten entrar a grandes grupos de extremistas judíos acompañados de policías y soldados armados". E insiste en que la sacralidad de Al Aqsa no se limita solo a ese edificio, sino al recinto completo, ya que "toda la plaza es una mezquita".
Los palestinos consideran la Explanada como un terreno fuera del alcance de los israelíes, un símbolo de su identidad nacional, y muchos rechazan su vínculo con el judaísmo. Una tensión religiosa y política que convierte al bucólico recinto en un lugar explosivo en el corazón de Oriente Medio.
Esta historia fue publicada originalmente el 18 de noviembre de 2017, 7:49 p. m. with the headline "Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, hervidero de Oriente Medio."