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Trasfondo

Desesperada búsqueda de submarino argentino choca con enormes obstáculos

Al comienzo el área de búsqueda del submarino argentino San Juan abarcaba más de 15,000 millas cuadradas. Aunque el tamaño del área de búsqueda se ha reducido, sigue siendo enorme.
Al comienzo el área de búsqueda del submarino argentino San Juan abarcaba más de 15,000 millas cuadradas. Aunque el tamaño del área de búsqueda se ha reducido, sigue siendo enorme. Cortesía

Argentina es un país de luto. La búsqueda actual de su submarino San Juan, desaparecido desde el 15 de noviembre con 44 tripulantes, ha atraído la atención del país.

El destino de su tripulación domina las noticias nacionales, y se ha desplegado un esfuerzo internacional para ubicar el San Juan en las aguas azotadas por el viento del Atlántico Sur. Con la Navidad cada vez más cerca, es un momento especialmente sombrío para los ciudadanos de este país sudamericano.

“Argentina ha estado operando submarinos desde 1933”, dijo Juan Parant, un oficial de la marina argentina, “y nunca hemos perdido uno antes. Nuestros submarinos operan en silencio. La mayoría de la gente ni siquiera sabe que están allá afuera. Pero ahora todos en Argentina están hablando de submarinos”, dijo.

Parant hubiese sido el próximo capitán del San Juan. Estaba en tierra cuando escuchó las noticias. Conocía a todos a bordo, y muchos eran amigos. Conoció a su mejor amigo a los 18 años. Fueron juntos a la escuela y trabajaron juntos desde entonces.

“Es una comunidad pequeña”, dijo Parant. “Todos se conocen”.

La urgencia de los primeros días ha dado paso al sombrío reconocimiento de que lo que comenzó como una misión de rescate ahora se ha convertido en una operación de recuperación. Al carecer de los recursos para realizar una búsqueda exhaustiva, la Armada argentina hizo un llamamiento a la comunidad internacional en busca de ayuda. Se equipó una escuadra de barcos de reconocimiento, y la búsqueda del San Juan, aunque hasta ahora infructuosa, continúa sin descanso.

En Comodoro Rivadavia, la ciudad costera que sirve como la base de facto de las operaciones de búsqueda, el buque de investigación Atlantis pasó casi una semana cargando toneladas de equipos especializados.

En el aeropuerto local, un avión enorme de la Fuerza Aérea de Estados Unidos llegó desde la Base de la Fuerza Aérea de Dover, en Delaware. Llevaba un vehículo operado por control remoto (ROV, por su sigla en inglés) propiedad de la Marina capaz de descender 6,000 metros; sus cabrestantes y baterías acompañantes envueltos con cable pesado; dos grandes generadores diésel, un chasis hidráulico de estructura en A, furgonetas de comando y control equipadas con computadoras y monitores, y personal para tripular el ROV. Les tomó varios días cargar todo a bordo del Atlantis. Los equipos de televisión filmaron diariamente los preparativos.

El equipo de rescate, como el chasis hidráulico de estructura en A para levantamientos pesados, diseñado para sacar una cápsula de rescate desde el lecho marino, se quedó lamentablemente en el muelle. Después de dos semanas, se cargó en un camión y fue transportado.

La cápsula de rescate, diseñada para formar un sello alrededor de la escotilla de un submarino dañado y así poder transferir personas bajo el agua, fue enviada de regreso a Dover. Ya no era necesaria.

La búsqueda del submarino San Juan

El área de búsqueda original abarcaba más de 15,000 millas cuadradas. Aunque el tamaño del área de búsqueda se ha reducido, sigue siendo enorme y, por diversas razones, la búsqueda está plagada de dificultades.

La información del sonar recopilada tanto por aviones como por barcos no ha resultado concluyente. El sofisticado sistema de barrido Seabeam de Atlantis, por ejemplo, no está diseñado para encontrar una aguja en un pajar. Está diseñado para cartografiar montañas y cañones, y es incapaz de distinguir acertadamente entre un submarino, un naufragio y un montículo de coral. Todo eso aparece en la pantalla como manchas de color.

Para ilustrar la dificultad de identificar objetivos individuales hundidos, el comandante Parant me mostró una imagen de un teléfono celular.

Era una imagen de un radar sonar de una nave no identificada que yacía en el lecho marino a 1,000 metros de profundidad. Era un globo rojo, oblongo, con forma de submarino y de 60 metros de largo, aproximadamente la misma longitud del San Juan. Parant dijo que su corazón se aceleró cuando lo vio por primera vez. Luego me mostró otra imagen, esta del mismo barco pero tomada en las profundidades por la cámara en el ROV. No era el San Juan. Más bien era el cadáver fantasmal de un pesquero hundido, uno de los muchos descubiertos.

En otra ocasión, el ROV se sumergió en un lugar que proporcionó un buque de guerra argentino. Después de dos horas de búsqueda, no encontró nada en absoluto.

Para complicar las cosas, cada embarcación depende de sus propios sistemas de sonar o de formación de imágenes, cada uno calibrado de acuerdo con sus propios dispositivos de localización GPS y códigos de posición satelital.

Las ubicaciones de interés compartidas entre la armada comúnmente sufren de imprecisión causada por esa falta de estandarización. Los objetos en el lecho marino pueden estar a cientos de metros de distancia de las coordenadas indicadas, dijo el jefe adjunto del Atlantis, PJ Leonard. “Nos lleva tiempo ajustarlo, y eso aumenta las dificultades con todo”.

Además, la búsqueda del San Juan se produce en una posición de 46 grados de latitud sur. Incluso en verano, los fuertes vientos azotan con frecuencia el área. Las aguas son frías y propensas a las sacudidas de las tormentas.

Una plataforma costera poco profunda frente a la costa este de Argentina se extiende por más de 200 millas. Termina en un acantilado que se precipita a más de 1,000 metros desde una plataforma continental al abismo. Si el submarino está en la plataforma, aún puede estar intacto. Pero si se hundió en aguas más profundas, es posible que se haya aplastado, lo que podría dificultar la identificación del submarino en un campo de escombros.

Los aviones que realizaron la búsqueda inicial informaron que no había escombros ni balsas salvavidas, ni faros de emergencia ni bengalas, ni mareas negras. El San Juan no dejó pistas. Simplemente desapareció.

El profesionalismo mezquino ruso

La llegada de un barco de inteligencia ruso, el Yantar, ha introducido otro elemento en la búsqueda: rivalidad.

A diferencia del Atlantis y otras naves extranjeras, los rusos no permitirán que observadores navales argentinos como el Parant aborden su navío. Su puente de mando está clasificado. Vigilan celosamente su área designada de búsqueda e insisten en que los barcos que están muy cerca abandonen la zona. En su profesionalismo mezquino, los rusos parecen distantes y reservados. Quizás es un concepto erróneo. Pero me recuerda a la Guerra Fría, cuando competimos con la Unión Soviética en casi todo.

A pesar de los desafíos, la búsqueda del San Juan continúa sin descanso. No está claro cuánto tiempo tomará.

El océano es vasto, casi más allá de lo imaginable. Pero con cada día que buscamos, vemos un poco más lejos. Estamos avanzando a través de un proceso de eliminación. Cada puntaje falso cierra más nuestra búsqueda. Somos optimistas. Lo estamos intentando.

Lance Wills es un marinero a bordo del buque de investigación oceanográfico Atlantis, que actualmente recorre el Atlántico Sur buscando el desaparecido submarino San Juan.

Si desea ayudar

El instituto de oceanografía Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI) es una organización que realiza estudios para enriquecer el conocimiento del planeta y los océanos. Visite este enlace para más información o para hacer una donación.

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de diciembre de 2017, 4:00 p. m. with the headline "Desesperada búsqueda de submarino argentino choca con enormes obstáculos."

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