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Trasfondo

San Juan de los Remedios, entre pérdidas y demonios

Residentes de la villa de Remedios, a unos 325 kilómetros al este de La Habana, disfrutan de los fuegos artificiales de sus tradicionales Parrandas, en la madrugada del 25 de diciembre del 2010.
Residentes de la villa de Remedios, a unos 325 kilómetros al este de La Habana, disfrutan de los fuegos artificiales de sus tradicionales Parrandas, en la madrugada del 25 de diciembre del 2010. AFP/Getty Images

La localidad de San Juan de los Remedios, su municipalidad y su pueblo, fundado entre 1513 y 1517, ubicados en el centro norte de la isla de Cuba, a unos pocos kilómetros del mar, es, por encima de toda su historia, la cuna de Las Parrandas.

Fue tierra apropiada por el español Vasco Porcallo de Figueroa desde el comienzo de la conquista, y en el primer bautizo católico fue llamada Santa Cruz de la Sabana del Cayo. Es el único sitio, que se sepa, donde ha sido llevado el mismísimo diablo ante un notario. También sus leyendas cuentan que es el hogar de más de 300 demonios y poseídos, donde los Siete Juanes capturaron al Güije, y una de las bocas conocidas del infierno.

Según la leyenda remediana, “El Güije de la Bajada era un negrito feo, cabezón, orejudo, ágil, tan pequeño como un enano y dotado de un fuerza descomunal, que tenía como vivienda el fondo de una charca del riachuelo nombrado como La Bajada, que posteriormente sería nombrado como Camaco. Este personaje salía del fondo de la charca a mortificar, asustar y hacer travesuras a los caminantes que transitaban por el lugar”.

Asolada por piratas hace unos 500 años, llegó hasta donde se mantiene, dando lugar a más de un nuevo pueblo, incluida la capital de la provincia, Santa Clara.

Remedios es también cuna de Alejandro García Caturla, quien necesita que se historie su vida sin prejuicios y se atienda su música como lo que es: uno de los mayores exponentes del sinfonismo, y de paso le arreglen la casa, que es el único museo que tiene el genio cubano.

En diciembre del año 1958 la Columna 8 Ciro Redondo, del Ejército Rebelde, atacó el edificio del Ayuntamiento, que servía a la vez de estación de policía y de Archivo de Historia. El apremio de Roberto Rodríguez Fernández, El Vaquerito, por llegar a Santa Clara eliminó cuánto papel pudiera entrañar historia, dejando además un hueco visible todavía. Las órdenes eran del guerrillero argentino Che Guevara, que acampaba por otra parte, en Manacas. Esta fue la primera destrucción del nuevo periodo, el inicio del ciclo que no termina.

Las Parrandas

Había que sentarse y escuchar a los viejos, un rato de parque y sombra en los días aplomados, como diría el poeta Octavio Armand. Las Parrandas —siempre en plural— en otro tiempo habían sido ejercicio de culto, admiración y disfrute. Los vecinos de la villa y los muchos que la villa recibía reclamaban el triunfo del barrio, según dónde se viviera, y de cuál bando se fuera.

Fuegos artificiales durante Las Parrandas en la villa de Remedios.
Fuegos artificiales durante Las Parrandas en la villa de Remedios. Ismael Francisco AP

En Remedios se puede ser del Carmen —el Gavilán— o del San Salvador —el Gallo— y la farola del Carmen rivaliza con el estandarte sansarí mientras un ánimo festivo se apodera de las cuatros costillas del pueblo, que vive esperando las parrandas, y no pocos de ellas.

Las Parrandas tienen —¿tenían?— cuatro componentes esenciales. Los Trabajos de Plaza, las carrozas, los fuegos artificiales y la música: pues poseen música propia, así como cada barrio sus toques, polcas características, congas y comparsas.

Decir Trabajo de Plaza puede resultar inocuo para el lector ausente de esta tradición del centro de la isla. Pero posiblemente sea lo más significativo. Estas enormes construcciones de madera forradas en tela y sujetas con cables, con millares de bombillas de colores reflejadas en la noche, son el sello, uno de los distintivos parranderos y de los mayores atrevimientos electrónicos que se puedan realizar en la isla de Cuba, y más allá.

Las carrozas sufren la redondez del parque, y aunque solamente recorren un pedazo, algunas se parten en la maniobra. Son, a diferencia de las de carnavales, estáticas, no obstante se utilizan elementos cinéticos, y siempre representan un tema mitológico o fantástico.

La competitividad parrandera pudiera exteriorizarse entonces en los fuegos artificiales. Si como decía al comienzo, había que escuchar a los mayores para llegar hasta el momento en que las personas sentadas en la plaza disfrutaban del tiro de voladores, palenques, palomas, paracaídas y morteros, entre los muchos tipos de artificios pirotécnicos que en el pueblo se fabricaban, o se compran para la ocasión. La carencia ha ido de manera progresiva eliminando aspectos, singularidades de esta fiesta cubana. Hasta el punto que ha quedado un esperpento de la tradición misma. Nada más allá del enfrentamiento pirotécnico predomina. Poco sobrevive del festejo, fuera de los explosivos.

¿Dónde quedaron las congas que ensayaban durante meses, y las comparsas, los gigantes, el diablito y demás personajes que hacían de esta fiesta una de las cuatro declaradas de interés nacional, junto a las Charangas de Bejucal, los Carnavales de Santiago de Cuba y los de La Habana? ¿Qué fue de la parte lúdica de esta celebración?

Las ruinas del patrimonio

San Juan de los Remedios posee todavía una historia difusa. Más allá de su contrastable nombramiento, fundación como villa —la octava— y asentamiento, quizá entre 1511 y 1513, los historiadores prefieren no profundizar, y los que lo han hecho quedan fuera de la maquinaria oficialista.

¿Dónde quedaron las congas y las comparsas, los gigantes, el diablito y otros personajes que hacían de esta fiesta una de las cuatro declaradas de interés nacional?
¿Dónde quedaron las congas y las comparsas, los gigantes, el diablito y otros personajes que hacían de esta fiesta una de las cuatro declaradas de interés nacional? Cristobal Herrera AP

De los primeros pueblos en exhibir películas y de recibir compañías de teatro desde el ya lejano siglo XIX, solamente las ruinas dan testimonio de lo que existió. Restos de su Teatro Guiñol, que había sido edificado en mi niñez sobre el cadáver de un cabaret, devenido ruinoso ring de boxeo. Restos de su Teatro Villena, antiguamente Madrid: dejar caer este edificio de principios del siglo pasado, no prever que las condiciones climatológicas lo podían liquidar, es lo más esclarecedor sobre la gestión que realizan las autoridades para preservar el patrimonio, ensimismadas en colorear los alrededores del parque central, para que escasos turistas y nostálgicos de regresos al pueblo se inmortalicen en los muros de Facebook, mientras el resto de los edificios de la villa van desmoronándose. Como antes El Palomar, la antigua Plaza del Mercado, que da nombre todavía a un barrio y terminó de cuartería improvisada para desplazados, previo a desaparecer por completo, sembraran de asfalto su ausencia, o la Academia de Música jamás recuperada.

Éxodo, despropósito y retorno

Con una emigración considerable, los que hacían las parrandas están, como poco, a más de 180 kilómetros de distancia. Ensayan en pleno junio de la Florida lo que sucedía y sucede cada diciembre en la isla, a la vez que sostienen a las familias que dejaron con las remesas de dinero del enemigo.

Los artistas, aquellos que no caben en los planes del gobierno, no tienen espacio para gestionar sus obras, ni herramientas con que realizarlas. Alguno pinta con baba de güira los abundantes grises que viven, mientras prosperan chapuceros de verborrea patriótica fácil y no encuentran dificultades para entrar, salir y seguir entrando... Los otros, los artistas ausentes, ni siquiera son nombrables todavía.

Ya Remedios no exhibe sempiternos naranjales, sus centrales azucareros —salvo uno— no muelen otra cosa que el óxido acumulado. El marabú creció para hacer lo suyo donde antes había cultivo, y los poetas visibles son inventos o dóciles voceros del despropósito.

Con una de las mitologías más abundantes de nuestra joven historia, la ciudad urge que se apuntale –no solamente el pedacito de casco histórico–, y sea rescatada de lo que parece un viaje al escombro anunciado. La generosidad de los remedianos dispersos por el mundo es manifiesta, algo de esperanza todavía queda. Pero, ¿llegarán a tiempo?

Esta historia fue publicada originalmente el 18 de mayo de 2018 a las 1:03 p. m. con el titular "San Juan de los Remedios, entre pérdidas y demonios."

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