En Irlanda los abortos son ilegales, incluso en caso de violación o incesto
DUBLÍN — Mis padres eligieron mi segundo nombre, Brígida, en homenaje a una santa irlandesa muy querida.
Mi padre era devoto de santa Brígida de Kildare, y como crecí en Irlanda, él solía visitar un pozo burbujeante en Clare que llevaba su nombre para rezar y santiguarse con el agua.
Según la leyenda, Brígida había hecho algunos milagros impresionantes en su época. Convertía el agua en cerveza; era una abadesa virginal que hizo aparecer a una atractiva doncella para que su pretendiente decepcionado se casara con ella.
Sin embargo, seguramente mis padres no sabían que se decía que uno de sus milagros fue llevar a cabo el primer aborto de Irlanda. Ayudó a una joven que había dado un mal paso y se había embarazado, haciendo que su vientre abultado desapareciera sin dolor alguno.
Puede que haya sido la última vez en la que el tema del aborto no haya evocado dolor en Irlanda.
Este país atraviesa una intensa batalla existencial sobre si debería mantener su inalterable estatuto sobre el aborto, que le otorga a un nonato los mismos derechos que a la madre. Conforme a la Octava Enmienda, los abortos son ilegales, incluso en caso de violación o incesto. La única excepción es cuando se cree que la madre morirá. La persona que sea descubierta comprando en internet píldoras para inducir el aborto se enfrenta a 14 años de prisión.
La Octava Enmienda se añadió en 1983 a la Constitución irlandesa, un documento redactado en 1937 tan impregnado de principios católicos, que se envió al Vaticano para su revisión. El primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, y otros opositores a la enmienda querían revocarla y redactar una nueva ley que les diera a las mujeres y a los médicos más opciones, y tal vez permitir abortos antes de las 12 semanas de gestación o más tiempo, en ciertos casos.
El referendo nacional del viernes constituye una votación irritante, que divide a familias y amigos, a medida que ambos bandos discuten a fondo un tema escondido durante mucho tiempo. Incluso mientras Irlanda ha dado un salto a la modernidad, se ha vuelto más europea y se ha convertido en la isla de la tecnología mientras Gran Bretaña da tumbos hacia atrás con el brexit, las mujeres se habían quedado rezagadas en muchos sentidos, absorbiendo la vergüenza de viejos estigmas.
En 2015, Irlanda se volvió la primera nación en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo por voto popular. Sin embargo, esto es mucho más difícil. Hasta ahora, va ganando el lado del “Sí” a la revocación, pero la brecha se está acortando.
Los carteles con representaciones gráficas de fetos compiten con los que dicen “¡Dejen de humillar a las mujeres!” en los postes de luz de las ciudades y en las carreteras del país. En un mitin en contra del aborto celebrado en la plaza Merrion de Dublín el sábado pasado, una pequeña repartía folletos en los que se leía “Alto al asesinato de bebés para el tráfico de órganos”.
Se trata de una medida de las opiniones draconianas del bando del “No” que hace referencia a embarazos en los que hay anormalidades fetales mortales como “casos difíciles”, y a la mayoría de los demás abortos como “abortos sociales”.
Maria Steen, abogada que dejó la práctica y da clases en casa a sus cuatros hijos, trabaja en el conservador Instituto Iona y es una voz destacada entre quienes abogan por el “No”. En una acalorada cena a la que asistí con actores clave de ambos bandos, Steen comentó que su postura era sencilla: “No maten a los nonatos”. Ante eso Una Mullally, columnista del Irish Times que editó un libro de ensayos y poemas titulado “Repeal”, respondió: “La mente se aturde ante la forma en la que quieres mantener un sistema en el que a las mujeres no se les permite decidir por sí mismas”.
Se permitió la venta de condones y espermicidas solo a partir de 1985, un año después de que Ann Lovett, una niña de 15 años, falleció junto con su bebé durante el parto en un pueblo religioso en el condado de Longford.
“Irlanda está obsesionada con castigar a las mujeres”, dijo Niall O’Dowd, fundadora de Irishcentral.com.
Dos de los más desgarradores “casos difíciles” fueron el “caso X” de 1992, cuando a una niña de 14 años violada por el padre de una amiga, y que luego intentó suicidarse se le prohibió tener acceso a un aborto, y el caso de 2012 de Savita Halappanavar, que originalmente se dio a conocer en The Irish Times con el nombre de Kitty Holland.
Savita, una inmigrante india de 31 años y dentista casada con un ingeniero indio, acudió al hospital Galway con dolor un día después de su fiesta prenatal. Se le dijo que no había manera de salvar a su feto de 17 semanas.
Durante varios días, suplicó al personal médico que le hiciera un legrado para salvar su vida mientras desarrollaba cada uno de los síntomas del choque séptico. No obstante, como los miembros del personal todavía detectaban el latido del corazón, no lo hacían porque, como le dijo una partera: “Este es un país católico”. Savita murió cuatro días después de que su bebé, a quién nombró Prasa, nació muerta.
El turbulento debate acerca del control gubernamental sobre los cuerpos de las mujeres puede verse afectado por otro escándalo que se está desarrollando en torno a la salud de las mujeres. El Departamento de Salud de Irlanda subcontrató a un laboratorio en Texas para que llevara a cabo pruebas de Papanicolaou para detectar cáncer cervical, y al menos 209 mujeres recibieron un falso negativo entre 2010 y 2014; al menos 18 han muerto desde entonces y la cantidad podría elevarse.
El gobierno está en problemas por actuar en secreto, una vez que supo de las pruebas de laboratorio deficientes, a fin de idear una estrategia para salvarse. Los periódicos y la televisión están plagados de entrevistas angustiadas de hombres que perdieron a sus esposas, quienes nunca se dieron cuenta de que debían haberse tratado contra el cáncer, y de mujeres que tuvieron que decir a sus hijos que pronto morirían.
En los siglos XIX y XX, a las jóvenes “caídas” o “errantes”, como se les etiquetaba, se les llevaba rápidamente a lo que se conoce como Magdalene Laundries, u hogares para madres e hijos, que básicamente eran prisiones dirigidas por monjas para madres solteras. Como escribió Dan Barry en The New York Times, muchas jóvenes fueron “enviadas a trabajar, y algunas veces a morir, en servidumbre culposa”; cientos de cuerpos de niños pequeños fueron descubiertos en una tumba sin nombre en Tuam en el condado de Galway, enterrados ahí por las monjas.
En la década de 1930, mi abuela se llevó al hermano mayor de mi padre fuera de Ballyvaughan a mitad de la noche a un poblado cercano después de que embarazó a una vecina. La joven fue exiliada a Estados Unidos; dio al bebé en adopción en Nueva York y se suicidó un año después. Mi tío se convirtió en terrateniente, el orgullo del pueblo.
En ciertos sentidos, las cosas no han cambiado mucho. Las mujeres que quieren poner fin a un embarazo casi por cualquier motivo a excepción de la muerte inminente todavía se enfrentan a la letra escarlata en la isla Esmeralda; tienen que abandonar el país y volar a Inglaterra si pueden costearlo (3265 mujeres fueron allá en 2016) u ordenar píldoras sospechosas por internet y arriesgarse a enfrentar una sentencia de cárcel.
“La Octava Enmienda en realidad nunca ha detenido el aborto", comentó Ross Kelly, médico de Dublín a favor de la revocación. “Solo hemos estado exportando mujeres irlandesas al extranjero para que lidien con la realidad de tener acceso a la terminación del embarazo. Las mujeres están tomando la píldora abortiva en casa solas, sin supervisión, y eso no es seguro. Se supone que los casos difíciles, como los de anomalía fetal, deben ser casos extraordinarios. Sin embargo, todavía tenemos a dos mujeres a la semana que viajan al Reino Unido para tener acceso al término del embarazo por este tipo de casos.
“Todos los casos son difíciles. Las mujeres que se embarazan, incluyendo a las víctimas de violación, se ven obligadas a abandonar el país o a arriesgarse a ser encarceladas —probablemente pasarían más tiempo en prisión que el violador— si se descubre que tomaron la píldora abortiva.
“Escuchamos historias de mujeres que vendieron sus autos o aceptaron dinero de usureros para reunir los fondos para hacer el viaje. También significa que estas mujeres tienen que abortar de manera tardía porque deben arreglar todo este viaje, no ir a trabajar y buscar quién cuide a sus demás hijos, y eso no es bueno tampoco. Estamos hablando de una gran cantidad de mujeres que están pasando por un trauma psicológico profundo porque su país les da la espalda”.
Esta historia fue publicada originalmente el 29 de mayo de 2018, 9:00 a. m. with the headline "En Irlanda los abortos son ilegales, incluso en caso de violación o incesto."