Fútbol y arte contemporáneo en el PAMM
Hay una curiosa relación entre arte y deporte que se desarrolla, sobre todo, en la Modernidad del siglo XX. Uno de los casos más conocidos es cuando Marcel Duchamp, en lo más alto de su carrera, deja de hacer arte y se dedica a jugar ajedrez. También, sin ir más lejos, los artistas cubanos de la década de 1980 al percibir que ya no existe espacio privado, porque la revolución lo nacionalizó, ni tampoco público, porque la sociedad civil se ha confundido con el estado (así define Claude Lefort el totalitarismo), “dejan” el arte y se van a jugar béisbol. Aquí lo llamativo es que, en ambos casos, “el fin del arte” tiene como solución un escenario deportivo.
Y es precisamente los escenarios deportivos lo que enfoca la muestra The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art en el PAMM, recreando la relación entre arte y deporte, especialmente el fútbol, a través de unas 50 obras de más de 30 artistas de disímiles áreas geográficas, e incluida una presencia importante de artistas radicados en Miami. También hay una gran variedad de formatos como escultura, fotografía, pintura, videos e instalaciones. En un recorrido por la muestra saltan a la vista infinidad de objetos como balones, zapatillas y juegos de tableros, pero entre todos, son tal vez los balones y las zapatillas de diferentes tamaños, colores y materiales, quienes ganan por goleada al resto de los objetos. Destaca un buen número de obras pictóricas con referencias a grandes íconos del fútbol. Son los casos, por ejemplo, del cuadro de Vik Muniz sobre el astro brasileño Pelé, o la pintura de Kehinde Wiley sobre el célebre delantero camerunés Samuel Eto’o.
Para Franklin Sirmans, director del PAMM y curador de la muestra, “Esta exposición destaca la intersección de la cultura popular y las bellas artes, y presenta el arte del juego, tanto como el juego de arte”. A grosso modo, la muestra bosqueja tres elementos. Primero los implementos para desempeñar el juego (balón y zapatillas). Aquí están, entre otras, las instalaciones de Roberto Guerrero (Últimos implementos para un futbolista delicado, 2005), Quisqueya Enríquez (Jugando con la adversidad, 2001-6) o Hank Willis Thomas (Hand of God, 2007).
El segundo elemento, identificando a los jugadores y los campos resalta, por ejemplo, las pinturas neo figurativas y realistas de Chris Beas (The Kidd’s Alright, 2008), escenificando un ataque-defensa entre dos equipos frente a la portería, y George Afedzi Hughes (Catharsis, 2008), donde aparece un balón a punto de entrar a portería. Pero hay también una inquietante pintura neo expresionista de María Lassnig (Im Netz, 2001), una figura mitad simio, mitad humana con mirada sobrecogedora que mantiene el balón entre las manos, mientras dos piernas como si fueran prótesis, parecen trabar las suyas desde atrás. El elemento tercero es el público, las gradas y los estadios. De este elemento destacan, por citar algunos, la fotografía de Lyle Ashton Harris (Verona #1, 2001) y la video instalación de Stephen Dean (Volta, 2002-03). Hay además una pintura de Alexandre Arrechea (Head, 2017) que representa un estadio con el campo y las gradas vacías. Se suma a ello la alucinante instalación de Nelson Leiner (Maracana, 2003), recreando un estadio, gradas y campo, saturados con cientos de pequeñas estatuillas de la cultura popular, desde cómics y dibujos animados hasta íconos religiosos.
Repasando The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art, conviene recordar que el deporte como temática en el arte nace junto con el totalitarismo. Y ahí está, por ejemplo, el documental Olympia (1938), de Leni Riefenstahl, sobre las Olimpiadas de Berlín en 1936. Una obra que enaltecía la grandeza de la Nueva Alemania del Tercer Reich Nazi con nuevos recursos poéticos y discursivos, inéditos hasta entonces como manifestación del espíritu renovador de las vanguardias artísticas. Esa vanguardia que proponía un arte sin pathos, sin la precariedad y la contingencia de la mortalidad. Un arte, como quería Nietzsche, que fuera una ciencia jovial. Un arte en el que se pudiera cuantificar el logro en sudor.
El deporte en el arte supuso un nuevo concepto de hábitat para aquel hombre-masa que tenía que prescindir de su individualidad y de su propio ser de comunidad a favor del estado. El deporte proponía ese modelo del sacrificio alegre. Si lo totalitario positiviza el deporte y desconfía del artista, es porque de alguna manera percibe que el deportista es el sujeto que transforma la energía en alegría y no en reflexión y crítica. Es un hombre, como observaba Salvador Dalí, que no se deja contaminar por el phatos, es incorruptible ante la sentimentalidad: el deportista es un hombre jovial. El artista en cambio, es el sujeto que crea, que expresa la energía pero esa energía tiene, sin embargo, una carga melancólica, una expresión lastrada por la pérdida, por la nostalgia y la duda. Una carga que se regodea en lo que no funciona, en lo que se ha perdido, en lo que se ha olvidado.
Luego de la crisis de los totalitarismos, el deporte se configura como una forma de imaginar un nuevo habitar en el mundo post totalitario. Las obras de Arrechea, Leiner y Dean en The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art inciden en ello, haciendo referencias a los estadios, a las gradas, a los jugadores y al público. Dean, sobre unas masas inflamadas en las gradas celebrando y “luchando”, con sus cánticos y banderas, con sus carteles a favor de sus equipos. Arrechea, desarraigando la idea de estadio, proyectado su uso y sentido hacia lugares y espacios imaginarios. Leiner, sumergiéndonos en la iconografía apoteósica de un “estadio”, donde las manifestaciones del mercando, y las ideologías del consumo, marcan el pulso de nuevos idearios socio culturales. Aquí se reflexiona, desde tres alegorías distintas, hacia un mismo punto: la mutación que han sufrido los espacios tradicionales en la sociedad capitalista del espectáculo.
The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art es la exposición más extensa y seria que se haya realizado en Miami tematizando deporte y cultura popular. Sin embargo, al enfocar la relación entre arte y cultura popular, como reconoce Sirmans, acusa una importante sobrecarga de arte pop, propiciando una puesta en escena con excesivos artefactos artísticos cosidos por la relación entre arte y cultura popular. Esto hace que la lectura de la muestra, conceptualmente, sea menos incisiva hacia otras constelaciones simbólicas del deporte en el arte. Por ejemplo, ¿qué tipo de espacio permite el deporte y cómo se habita cuando se es espectador de un evento deportivo? ¿Dónde estamos cuando estamos en una grada? ¿Qué tipo de lugar es este? En cualquier caso The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art abriga una mirada amplia sobre la naturaleza del deporte y su lugar en nuestra cultura post capital y transnacional.
“The World’s Game: Fútbol and Contemporary Art” en el PAMM. 1103 Biscayne Blvd. Hasta el 2 de septiembre, www.pamm.org.
Dennys Matos es crítico de arte y curador independiente. Reside y trabaja entre Miami y Madrid.
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de julio de 2018, 4:21 p. m..