Trasfondo

Los extravagantes caprichos de Sara Netanyahu, que pasó de azafata a figura omnipresente

La primera dama israelí, Sara Netanyahu (c) y su homóloga estadounidense Melania Trump (d) saludan a varias personas durante su visita al hospital Hadassah en Jerusalén, Israel, el 22 de mayo de 2017.
La primera dama israelí, Sara Netanyahu (c) y su homóloga estadounidense Melania Trump (d) saludan a varias personas durante su visita al hospital Hadassah en Jerusalén, Israel, el 22 de mayo de 2017. EFE/EPA/AP

El último escándalo de la esposa de actual primer ministro de Israel ha sido cuando la Fiscalía General le acusó formalmente de fraude sistemático y abuso de confianza, tras supuestamente desviar $99,000 para comidas en restaurantes gourmet entre los años 2010 y 2013. Lo que le hará sentarse en el banquillo en breve.

Y esto pese a contar con un servicio doméstico de cocina en la residencia oficial. Durante el interrogatorio, Sara culpó a un extrabajador, Meni Naftali -quien acusó formalmente a los Netanyahu de maltrato- de ser el culpable de incrementar los gastos en comida precocinada, y calificó de “desgracia” que la Policía de Israel esté investigando lo que comió el primer ministro, según difundió el Canal 10 de Israel.

“Cualquiera que lea la acusación contra Sara Netanyahu estará de acuerdo en que el documento está desequilibrado en términos legales”, expresó en Facebook Benjamín Netanyahu, quien considera que su familia está siendo objetivo de informaciones falsas a las que tacha de “propaganda bolchevique”.

53312_1.jpg
Sara Netanyahu, la esposa nuevo primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, posa junto al hijo menor del matrimonio, Avner, durante la ceremonia en la que Netanyahu juró su cargo como jefe del nuevo Gobierno de Israel en el Knesset (el Parlamento israelí) en Jerusalén. David Silverman EFE

NETANYAHU PIDIÓ PERDÓN A SARA POR UNA INFIDELIDAD

Del anonimato absoluto a convertirse en la inseparable compañera y mejor consejera del primer ministro israelí, la vida de Sara cambió radicalmente cuando, siendo azafata de la compañía nacional El Al, le entregó a un joven político su número de teléfono durante un vuelo.

Al poco tiempo se quedó embarazada y se casaron en 1991, fecha desde la que no se han separado, incluso después de que, en enero de 1993, su marido confesara ante las cámaras de toda la nación que le había sido infiel.

En aquel año, Netanyahu se presentaba por primera vez a las primarias del partido conservador Likud y, presionado por una supuesta grabación “comprometedora” en manos de un oponente político en la que aparecía “en situaciones románticas”, según él mismo confesó, le pidió perdón a su mujer de forma pública.

53312_3.jpg
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, y su esposa Sara Netanyahu, tras llegar al aeropuerto de Sídney (Australia). DAVID MOIR EFE/EPA/AAP

Tras esa aventura extraconyugal con una asesora de imagen, la leyenda negra cuenta que Sara obligó a Netanyahu a firmar un documento que le concedía potestad parcial sobre sus asuntos, redactado por un exfiscal general de Israel.

El excesivo poder que, para muchos, ejerce sobre él alcanza no solo cuestiones de Estado, sino también decisiones más intrascendentes, como prohibir al grupo de azafatas que les acompañaron en su último viaje a Europa dirigirse al primer ministro de forma directa.

Si le querían preguntar algo tan banal como qué le gustaría comer o beber a bordo, debían primero hablar con Sara -que estaría sentada a escasos centímetros de Benjamin Netanyahu- y quien le haría personalmente la pregunta, informó en junio el diario Haaretz.

Además de unos celos enfermizos, de acuerdo con la prensa, la primera dama acumula también un largo historial de tratos vejatorios y abusos a su personal doméstico, con dos casos en los que los trabajadores llegaron a ser indemnizados por el Estado.

Tania Shaw, inmigrante surafricana de 21 años, fue despedida de forma fulminante en 1997 porque quemó la sopa de los dos hijos de Sara; su secretaria personal, Rosi Perstai, y su consejero de prensa, Rami Sadan, afirmaron tener que probar antes que ella los bombones y el vino que recibía como regalo.

“SI NO PUEDEN ATACAR A MI ESPOSO, ME ATACAN A MÍ”

“¡Si el primer ministro te hubiera visto te habría matado, matado!”, le gritó a una empleada del hogar que habría limpiado de forma inadecuada ocho pares de zapatos del matrimonio Netanyahu, ante lo que la trabajadora juró, como disculpa, que viajaría hasta Italia para comprarle unos zapatos idénticos, reveló en 1997 el diario israelí Yediot Aharonot.

Recientemente se han desvelado nuevas conversaciones de Nir Hefetz -exasistente de Netanyahu que se ha convertido en testigo de la Fiscalía en varios casos contra él- con la asesora legal de su oficina, Shlomit Barnea-Farago, en las que ésta se queja de las numerosas exigencias de Sara para que el Estado se haga cargo de gastos personales.

Las conversaciones le acusan de gastos excesivos en viajes oficiales, por motivos tan extravagantes como su tendencia a llevarse cuatro, cinco y hasta ocho “maletas llenas de ropa sucia”, porque -a pesar de que la residencia oficial cubre sin límites cualquier gasto de tintorería- le gusta el olor a suavizante de las lavanderías de los lujosos hoteles en los que se hospedan.

También Hefetz menciona un abuso excesivo en el servicio de minibar, llegando a abonar con fondos públicos una factura de más de $5,800 durante un viaje conjunto a Moscú.

Benjamín Netanyahu defiende a capa y espada a su mujer de las acusaciones que, tanto desde la Justicia como desde los medios de comunicación, caen sobre ella, dando la cara e incluso actuando como cómplice en algunos de sus estrafalarios caprichos.

Los medios israelíes llevan años publicando estrambóticos detalles sobre la personalidad de Sara. En 2013, The Times of Israel difundió que, en un viaje de poco más de cinco horas desde Tel Aviv a Londres, los Netanyahu ordenaron que se instalara en su avión una habitación privada con un coste de más de $116,000 para el erario público.

Además, otros gastos sonados son la partida de más de $2,300 dólares anuales destinados a la compra de helados de pistacho y vainilla en una heladería artesanal del barrio de Rehavia, escándalo que ocupó las portadas, tanto de la prensa internacional como local, y por el que Netanyahu tuvo que disculparse ese mismo año.

“Para algunas personas es obviamente lucrativo y tentador crear mentiras en los medios. Además, yo soy un objetivo fácil. Si no pueden atacar a mi esposo, me atacan a mí”, se justificó Sara entonces, en junio de 2012, al dominical del diario conservador alemán Bild.

Cuando concedió esta entrevista a la prensa germana, la primera dama llevaba más de una década guardando silencio en la esfera internacional. Pero, desde entonces, los medios no han dejado de hablar de ella.

  Comentarios