Trasfondo

‘Insuficiente y demasiado tarde’: un gran aumento de las quiebras entre los estadounidenses de la tercera edad

Lawrence Sedita, de 74 años, y su esposa Tracey Hilts-Sedita, en su casa en Las Vegas. El índice de la gente de 65 años en adelante que se declara en bancarrota es tres veces mayor de lo que era en 1991.
Lawrence Sedita, de 74 años, y su esposa Tracey Hilts-Sedita, en su casa en Las Vegas. El índice de la gente de 65 años en adelante que se declara en bancarrota es tres veces mayor de lo que era en 1991. NYT

Para un porcentaje de rápido crecimiento de estadounidenses de la tercera edad, las ideas tradicionales sobre la vida del jubilado están siendo derribadas por una sombría realidad: la quiebra.

Las señales de problemas potenciales —pensiones que se desvanecen, gastos médicos disparados, ahorros inadecuados— se han estado acumulando durante años. Ahora, nuevas investigaciones esclarecen el alcance del problema: el índice de la gente de 65 años en adelante que se declara en bancarrota es tres veces mayor de lo que era en 1991, según la investigación, y el mismo grupo representa una parte mucho mayor de todos los que se declaran en quiebra.

Según el estudio, esta escalada se debe a que el riesgo financiero de tres décadas por parte del gobierno y los patrones se ha desplazado de estas entidades a los ciudadanos, que tienen una responsabilidad cada vez más grande de su propio bienestar financiero a medida que se reduce la red de protección social.

Esta transferencia se ha materializado, entre otras cosas, en esperas más largas para las prestaciones completas de seguridad social, el remplazo de pensiones otorgadas por el patrón con planes de ahorro 401(k) y más gastos directos en atención médica. Los ingresos en descenso, ya sea de jubilación o en camino a la misma, plantean el desafío.

Cheryl Mcleod de Las Vegas se declaró en quiebra en enero después de tener problemas para seguir pagando su hipoteca y otros gastos. “Tengo 70 años y trabajo por menos dinero que nunca en mi vida”, comentó. “Así son estas cosas de la vida”.

Como se explica en el estudio del Proyecto de Quiebra del Consumidor, la gente mayor cuyas finanzas son precarias tiene pocos lugares a donde acudir. “Cuando los costos del envejecimiento recaen sobre una población que sencillamente no tiene acceso a recursos adecuados, alguien tiene que ceder”, se dice en el estudio, “y los estadounidenses de la tercera edad recurren a lo poco que queda de la red de protección social: el tribunal de quiebras”.

“Se puede estar bien hasta que hay un pequeño tropiezo”, afirmó Deborah Thorne, catedrática adjunta de Sociología en la Universidad de Idaho y autora del estudio. “Ni siquiera tiene que ser algo grave”.

Estos factores afectan a muchos estadounidenses, pero con frecuencia la gente mayor tiene menos capacidad para afrontarlos, según Thorne y sus compañeros del estudio. Encontrar y conservar un empleo es muy difícil para una persona mayor. Asumir otro para pagar gastos inesperados es casi inimaginable.

La quiebra puede ofrecer un nuevo comienzo a la gente que lo necesita, pero para los estadounidenses de la tecera edad es “demasiado tarde e insuficiente”, se afirma en el estudio. “Para el momento en que se declaran en bancarrota, su patrimonio se ha desvanecido y sencillamente no tienen la edad suficiente para volver a ponerse en pie”.

La información recabada por los investigadores es clara. De febrero de 2013 a noviembre de 2016, hubo 3.6 personas que se declararon en quiebra por cada mil personas de 65 a 74 años; en 1991, eran 1.2.

No solo se trata de que más gente mayor busca mitigar el problema mediante la quiebra, sino que representan una parte creciente de todos los que se declaran en quiebra: 12.2 por ciento de los que se declaran en quiebra tienen ahora 65 años o más, un aumento en comparación del 2.1 por ciento en 1991.

El salto es tan pronunciado, se afirma en el estudio, que el envejecimiento de la generación del “baby boom” no puede explicarlo.

A pesar de que el número real de gente mayor que se declara en quiebra era relativamente pequeño —alrededor de 100,000 al año durante el periodo en cuestión— los investigadores dicen que indicaba que había mucha más gente con problemas financieros.

“La gente que se declara en quiebra es siempre la punta del iceberg” afirmó Robert M. Lawless, catedrático de Derecho en la Universidad de Illinois y coautor del estudio.

La siguiente generación que se acerca a la edad de retiro también está declarándose en quiebra en mayores cantidades, y la edad promedio de los que se declaran en quiebra está aumentando, según el estudio.

Debido a la tasa de incremento, señaló Thorne, “la única explicación que tiene sentido son los cambios estructurales”.

El proyecto de quiebra es un trabajo de larga duración encabezado ahora por Thorne, Lawless, Pamela Foohey, catedrática de Derecho en la Universidad de Indiana, y Katherine Porter, catedrática de Derecho en la Universidad de California, campus Irvine. El proyecto —financiado por sus universidades— recaba y analiza los registros del tribunal de forma continua y da seguimiento con cuestionarios escritos.

Su estudio más reciente —publicado en línea el domingo y presentado en una revista académica para su revisión paritaria— se basa en una muestra de casos de quiebra personal y en cuestionarios que llenaron 895 personas de 19 a 92 años que se declaran en quiebra.

En los cuestionarios se les pregunta qué los llevó a buscar la protección de la quiebra. Al igual que la población más amplia, la gente de 65 años en adelante normalmente aludía a múltiples factores. Aproximadamente tres de cada cinco personas decían que los gastos médicos impagables eran un motivo. Un poco más de las dos terceras partes aludían a una baja en el ingreso. Casi tres cuartas partes culpaban al acoso de los cobradores.

El estudio no profundiza en esos factores subyacentes, pero la información por separado proporciona cierto conocimiento. La familia promedio encabezada por alguien de 65 años o más tenía ahorros líquidos de $60,600 en 2016, de acuerdo con el Instituto de Investigación de Prestaciones para los Empleados, mientras que el 25 por ciento más inferior de las familias había ahorrado cuando mucho $3,260.

Eso no ofrece un buen respaldo financiero para un problema catastrófico de salud. Los estadounidenses mayores normalmente recurren a Medicare para pagar sus cuentas de atención médica. Pero las brechas en cobertura, las altas primas y los requerimientos de que los pacientes asuman algunos costos obligan a muchos beneficiarios de bajos ingresos a gastar más de su propio ingreso en esas cuentas, descubrió la Fundación Kaiser para la Familia.

Para 2013, el gasto directo promedio de los beneficiarios de Medicare en atención médica consumió el 41 por ciento de la cantidad del seguro social, según Kaiser, que también calculó que esa cifra podría aumentar.

Más gente está llegando a sus últimos años con deudas. Para muchos de ellos, al menos parte de la deuda es la hipoteca, aproximadamente el 41 por ciento en 2016, en comparación con el 21 por ciento en 1989, de acuerdo con un análisis del Urban Institute.

Y los que llegan con deudas a su jubilación, se llevan a más que solo miembros de generaciones más jóvenes, según un análisis del Instituto de Investigación de Prestaciones para los Empleados.

Quizá no sorprende que las familias con ingresos más bajos encabezadas por personas de 55 años o más tengan las deudas más altas en relación con sus ingresos. Más del 13 por ciento de esas familias enfrentan pagos de deuda iguales a más del 40 por ciento de su ingreso, casi el doble del porcentaje de esas familias en 1991, según descubrió el Instituto de Prestaciones para los Empleados.

Las finanzas de los estadounidenses de la tercera edad también se ven sobrecargadas por las necesidades de los que los rodean.

Un poco más de una tercera parte de las personas mayores que se declaran en quiebra y contestaron los cuestionarios de los investigadores dijeron que ayudar a los demás, como a los niños o a los padres mayores, había contribuido a buscar la protección de la quiebra. Marc Stern, un abogado en quiebras de Seattle, afirmó que había visto este fenómeno una y otra vez.

Algunos padres, comentó Stern, habían sido cosignatarios para préstamos de $10,000 o $20,000 para sus hijos adultos y de pronto ya no podían pagarlos. “Cuando se vive con $2,000 al mes y eso incluye la seguridad social —y tienes que pagar la renta y los ahorros son minúsculos— es sumamente difícil recuperarse de algo así”, afirmó.

Otros han sido cosignatarios de los préstamos para estudios de sus hijos. “Nunca vi a padres con préstamos para estudios hace 20 o 30 años”, señaló Stern.

“No es poco común ver préstamos para estudios de $100,000”, añadió. “También se ven padres que han garantizado algunos de esos préstamos. Ya no trabajan y tienen estos préstamos que son difíciles, si no es que imposibles, de pagar o dar de baja en la quiebra, y estos son préstamos de sus hijos”.

Para Lawrence Sedita, de 74 años, quien fue carpintero y vive en Las Vegas, el problema comenzó cuando perdió su seguro de gastos médicos hace casi dos años. Declaró que había estado discapacitado desde 1991, cuando le cayeron dos lotes de paneles de yeso de tres metros en la cabeza mientras trabajaba.

Después de que su sindicato, el Consejo de Carpinteros de Distrito de la Ciudad de Nueva York, cambió los criterios de requerimientos para su seguro médico, dental y de prescripción de medicamentos, perdió su cobertura.

Sedita, quien tiene párkinson, comentó que sus gastos médicos habían subido exponencialmente. (Un vocero del sindicato se negó a hacer comentarios).

Los medicamentos que ayudan a reducir los temblores —un síntoma del párkinson— subieron de $70 a $1,100 cada tres meses, señaló Sedita. “No he tomado el medicamento en tres meses, puesto que ya no puedo pagarlo”, añadió.

Dijo que él y su esposa, que tiene cáncer, se declararon en quiebra en junio después de vivir de sus tarjetas de crédito durante algún tiempo. Sus problemas financieros, dijo, “me han consumido por completo”.

(Doris Burke y Alain Delaquérière colaboraron con la investigación).
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