Trasfondo

Cuarenta y cuatro tumbas pequeñas provocan cuestionamientos sobre las políticas estadounidenses en Yemen

Varias mochilas quedaron dispersas después de que un ataque aéreo destrozara un autobús con niños que iban de excursión.  Se confirmaron 54 muertos, 44 de ellos niños, y muchos más heridos.
Varias mochilas quedaron dispersas después de que un ataque aéreo destrozara un autobús con niños que iban de excursión. Se confirmaron 54 muertos, 44 de ellos niños, y muchos más heridos. AP

Los chicos iban apiñados en el autobús, tres cuerpos delgados por asiento, y los impuntuales atascados en el pasillo. La emoción que les provocaba la excursión de ese día los tenía inquietos; hablaban tan fuerte que un chico alto quiso llamar la atención poniéndose las manos sobre las orejas, gritando.

Horas más tarde, la mayoría de ellos estaban muertos.

Mientras hacían una parada para tomar un refrigerio en el poblado humilde de Dahyan, ubicado al norte de Yemen, la coalición de naciones árabes que encabeza Arabia Saudita lanzó un ataque aéreo que cayó cerca de ellos. La explosión convirtió el autobús en una masa dentada de metal retorcido y desperdigó su tripulación humana —herida, ensangrentada y muerta— por la calle, de acuerdo con testigos y padres.

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Restos del autobús en el que viajaban niños entre 6 y 16 años que iban de excursión. Los líderes del ejército estadounidense, exasperados por los ataques que han asesinado civiles en mercados, bodas y funerales, insisten en que Estados Unidos no es parte de la guerra. Hani Mohammed AP

“Tengo la pierna doblada”, gritó un jovencito cubierto en sangre, al examinar el daño en su extremidad. “Un jet nos disparó”, dijo en un video que se tomó en la escena después del ataque aéreo.

Los funcionarios de salud yemeníes confirmaron 54 muertos, 44 de ellos niños, y muchos más heridos.

El conflicto en Yemen comenzó en 2014, cuando los rebeldes hutíes, los cuales están alineados con Irán, tomaron el control de la capital, Saná, y exiliaron al gobierno. En marzo de 2015, Arabia Saudita —el principal contrincante de Irán en la búsqueda de poder e influencia en Medio Oriente— formó una coalición de naciones árabes y lanzó una intervención militar con el objetivo de restaurar al gobierno yemení. Hasta ahora, no lo ha logrado.

El ataque del 9 de agosto provocó un impacto particular, incluso en una guerra en la que los niños han sido las víctimas principales en una de las peores crisis humanitarias del mundo, con una desnutrición rampante y brotes de cólera. Hace dos años, antes de que las Naciones Unidas detuvieran la actualización del número de muertos, la guerra había acabado con la vida de más de 10,000 personas.

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Momentos durante el funeral que se llevó a cabo de las víctimas del ataque llevado a cabo por la coalición Saudí. Hani Mohammed AP

El ataque también hizo resurgir cuestionamientos sobre las tácticas de la coalición y el respaldo de Estados Unidos hacia la campaña.

Los líderes del ejército estadounidense, exasperados por los ataques que han asesinado civiles en mercados, bodas y funerales, insisten en que Estados Unidos no es parte de la guerra. Las organizaciones de derechos humanos aseguran que Estados Unidos no puede negar su papel, pues ha vendido miles de millones de dólares en armas a los Estados de la coalición de aliados, les ha brindado información de inteligencia y ha reabastecido de combustible sus cazabombarderos a mitad del aire.

Recientemente, el Congreso se ha mostrado cada vez más preocupado por la guerra. Un proyecto de política de defensa que el presidente Donald Trump firmó el lunes incluyó una disposición bipartidista que obliga al secretario de Estado, Mike Pompeo, a certificar que Arabia Saudita y su aliado más cercano, Emiratos Árabes Unidos —los dos países que encabezan la coalición—, están tomando medidas para evitar las muertes de civiles.

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Los chicos formaban parte de un curso religioso de verano organizado por los hutíes y la excursión tenía la intención de ser algo especial. Kareem al-Mrrany AP

Si Pompeo no pudiera brindar la certificación, la legislación prohíbe que Estados Unidos reabastezca los jets de la coalición.

Esta semana, Pompeo tocó el tema del ataque al autobús en una llamada telefónica con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salmán, quien es el ministro de Defensa del reino. Además, el secretario de Defensa, Jim Mattis, envió a un general con tres estrellas a Riad, la capital de Arabia Saudita, para presionar a los sauditas con el fin de que investiguen el bombardeo al autobús.

Tras este ataque, algunos miembros del Congreso han ido más allá, pues han exigido al Ejército que aclare su papel en los ataques aéreos en Yemen y que investigue si el apoyo a esos ataques podría provocar que personal del ejército estadounidense corra el riesgo de ser acusado en un proceso legal, en el cual se podrían incluir crímenes de guerra.

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Un niño herido es ayudado después del ataque ocurrido al autobús en el que viajaba junto a otros compañeros de clase. Hassan/Xinhua ZUMAPRESS.COM/TNS

Sin embargo, al mismo tiempo, el contratista de Defensa Raytheon ha cabildeado a legisladores y al Departamento de Estado para permitirle vender 60,000 municiones con guía de precisión a Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos en contratos valuados en miles de millones de dólares.

La coalición que lidera Arabia Saudita asegura que trabaja para evitar las bajas de civiles y acusa a sus enemigos, los hutíes, de usar a civiles como escudos humanos.

El día del ataque, el vocero de la coalición, el coronel Turki al-Malki, señaló que las fuerzas de la coalición habían disparado en contra de un “objetivo militar legítimo” después de que un misil hutí asesinó a una persona e hirió a once al sur de Arabia Saudita, país que colinda con Yemen.

“Todos los elementos que estaban en el autobús eran objetivos”, comentó Malki a la cadena Al Arabiya, propiedad del Estado saudita, y aseguró que entre ellos había “operadores y coordinadores”.

Al día siguiente, la coalición afirmó que el bombardeo se había remitido a una investigación interna, después de que hubo informes que reportaron que “un autobús fue parte del daño colateral”.

Las agrupaciones de derechos humanos dicen que dudan que cualquier investigación vaya a encontrar culpable a la coalición .

“Los sauditas no están aprendiendo”, comentó Larry L. Lewis, un exfuncionario del Departamento de Estado que visitó cinco veces Arabia Saudita en 2015 y 2016 para ayudar a la fuerza aérea del país a mejorar los procedimientos e investigaciones de sus blancos. “Están cometiendo los mismos errores de siempre. Y no los estamos presionando en este tema. Estamos permitiendo que se salgan con la suya”.

Una visita al sitio del ataque, entrevistas con testigos y una revisión de los videos del día ilustran el costo de vidas humanas que tuvo el asalto.

Los chicos del autobús tenían entre 6 y 16 años, y la mayoría era de Dahyan, un poblado humilde de la provincia de Saada, que colinda con Arabia Saudita.

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Un hombre yemení lleva a hombros el ataúd de una de las pequeñas víctimas del ataque aéreo ocurrido en Yemen el 10 de agosto. Hani Mohammed AP

La provincia es el lugar de origen de los hutíes, y la coalición ha bombardeado la zona con insistencia. Por su parte, los hutíes han utilizado la zona para lanzar ataques a la frontera saudita y disparar misiles hacia el reino.

Los chicos formaban parte de un curso religioso de verano organizado por los hutíes y la excursión tenía la intención de ser algo especial.

Unos días después, los funcionarios de seguridad locales mostraron a The New York Times un estabilizador de metal, el cual aseguraron que estaba pegado a la bomba y que habían encontrado cerca del ataque. Las palabras escritas en el estabilizador indicaban que lo había fabricado General Dynamics y que estaba integrado como un sistema de guía para una bomba de 220 kilogramos. The New York Times no pudo confirmar que el estabilizador fuera de la bomba utilizada en el ataque.

Sin embargo, con frecuencia se han encontrado restos de armas hechas en Estados Unidos en los escombros de los ataques aéreos perpetrados en Yemen.

Funcionarios del gobierno de Trump aseguran que no tienen control sobre las bombas que Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos compran comercialmente de contratistas de defensa estadounidenses o de otros países de Occidente. Funcionarios del Pentágono señalaron que han ofrecido ayuda en repetidas ocasiones a los dos países para crear listas de dónde “no atacar”, pero no están involucrados en la elección de objetivos y no conocen las misiones de los aviones de guerra de la coalición que reabastece Estados Unidos.

(Shuaib Almosawa reportó desde Dahyan, Ben Hubbard desde Beirut y Eric Schmitt desde Washington. John Ismay contribuyó con el reportaje desde Nueva York).
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