Trasfondo

La esperanza de llegar a España

El único centro de detención de Ceuta, diseñado para estancias de corto plazo, ya tenía 800 residentes, 200 más de su capacidad, según dijeron en julio migrantes que vivían ahí. Muchos de esos residentes informaron haber permanecido más de seis meses.
El único centro de detención de Ceuta, diseñado para estancias de corto plazo, ya tenía 800 residentes, 200 más de su capacidad, según dijeron en julio migrantes que vivían ahí. Muchos de esos residentes informaron haber permanecido más de seis meses. NYT

Para la mayoría de los migrantes procedentes de África, la última etapa de su viaje a Europa implica alguna peligrosa travesía por el mar. En la frontera de Ceuta, solo hay una valla.

Ceuta es una de las dos comunidades españolas en la costa norte de Marruecos, los únicos lugares donde Europa tiene fronteras terrestres con África. El otro enclave es Melilla, más hacia el este por la misma costa.

Aquí, todo lo que separa a Europa de los migrantes es una doble valla de seis metros de altura con alambres de púas en la parte superior, que se extiende seis kilómetros a lo largo de la península y divide a Ceuta de Marruecos… además de 1,100 policías federales españoles y oficiales de la Guardia Civil, una policía paramilitar.

Patrullan un paso fronterizo en el que cada vez hay más presión.

Después de que el nuevo gobierno de Italia cerró la puerta a los migrantes, en 2018 los intentos de cruzar a España han aumentado más de cuatro veces, lo que la hace el destino número uno en Europa para los migrantes de África.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, en la semana que terminó el 12 de agosto llegaron a España 1,419 migrantes, en contraste con los 359 que entraron a Italia y los 527 que arribaron a Grecia.

Sin embargo, el cruce por mar hacia a España, a través del angosto estrecho de Gibraltar, es más peligroso que otras travesías debido a las fuertes corrientes en ese punto donde se junta el mar Mediterráneo con el océano Atlántico.

En junio se ahogaron 294 migrantes en la parte oeste del mar Mediterráneo, mientras que en todo 2017 murieron 224 en esa misma zona.

Esto ha hecho que el intento de burlar la valla tan vigilada de Ceuta sea una opción cada vez más atractiva: una forma de entrar a España sin cruzar el mar. En un día cualquiera, se puede ver a hombres migrantes jóvenes merodeando el lado marroquí en busca de una oportunidad.

Algunos nadan alrededor de las vallas en la parte en que bajan al mar. Otros hacen trayectos ilícitos en barco desde Marruecos a Ceuta. Pero principalmente corren y escalan la valla o utilizan cortapernos para hacer agujeros en ella; enseguida son descubiertos por los detectores de movimiento y los guardias apostados en las torres de observación, y por lo general se les obliga a regresar a punta de puñetazos y palos por parte de los policías.

Salif, de 20 años, procedente de Camerún, dijo que el año pasado trató de cruzar la valla diez veces, hasta que lo logró en su decimoprimer intento.

Como sucede con frecuencia, los intentos exitosos se dan mediante lo que los lugareños llaman “asaltos masivos”, cuando cientos de migrantes se lanzan a la valla en un grupo grande. El grupo de Salif llegó el 6 de junio, cuando 400 jóvenes empezaron a escalar la valla al amanecer.

Dos de ellos resultaron gravemente heridos con el alambre de púas y fueron hospitalizados en Ceuta. Ocho, incluyendo a Salif, lograron pasar y se les permitió quedarse en un centro de recepción en Ceuta, a la espera de su transferencia al continente.

Ya estando ahí, pueden solicitar asilo, un proceso que puede tardar muchos meses o incluso años. La mayoría de las solicitudes son rechazadas y el proceso de deportación es lento y difícil.

A pesar de que con frecuencia la gente resulta herida al tratar de atravesar la valla, las muertes son escasas.

“Toda África está aquí”, comentó Saif, contando a los migrantes que ha conocido de Angola, Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Nigeria, Senegal, e incluso algunos de Bangladés y Pakistán.

Y siguen llegando.

“Intentar detener a los migrantes procedentes de África solo con una valla es tan ilusorio como el chico holandés que salva a su país poniendo un dedo en un dique con filtraciones”, afirmó Leonard Doyle, vocero de la Organización Internacional para las Migraciones.

Aun así, algunos buscan otras formas de traspasar la valla.

Jalou Ayer, de 24 años, un migrante de Conakry, Guinea, dijo que había intentado pasar la valla ocho veces, hasta que finalmente pagó a un traficante para que lo llevara alrededor de ella en una balsa inflable.

El único centro de detención de Ceuta, diseñado para estancias de corto plazo, ya tenía 800 residentes, 200 más de su capacidad, según dijeron en julio migrantes que vivían ahí. Muchos de esos residentes informaron haber permanecido más de seis meses.

Eso sucedió antes del último incidente de “asalto masivo” el 26 de julio, cuando 800 migrantes se lanzaron a la valla y atacaron a los oficiales de policía del otro lado, incluyendo a dieciséis que fueron hospitalizados con heridas ocasionadas en el tumulto, según una declaración de la Guardia Civil de España.

Otro centro de migrantes para menores alberga a 90 personas, a pesar de que fue diseñado para 60, afirmaron varios residentes. La mayoría son adolescentes que tratan de escabullirse en los transbordadores para llegar al continente, donde esperan reunirse con miembros de su familia o iniciar un proceso de reunificación familiar. Las leyes europeas dificultan la deportación de menores.

Las políticas de detención de Ceuta no son estrictas y los migrantes pueden ir y venir de los centros como les plazca, y con frecuencia se les ve vagando por la ciudad, a pesar de que no tienen permitido trabajar.

“Algunos de nosotros estamos aquí ocho meses o hasta un año”, señaló Francisco, de 20 años, procedente de Senegal. Al igual que otros migrantes, se negó a dar su nombre completo por miedo a poner en peligro su solicitud de asilo. “La gente de aquí es buena con nosotros, pero no queda más que esperar”.

Marruecos ha solicitado desde hace mucho tiempo la custodia de Ceuta y Melilla, pero España se ha negado, diciendo que fueron parte de España durante siglos antes de la creación de Marruecos como Estado.

“Estamos en Europa, no en África”, comentó Jacob Hachuel, el vocero de la ciudad. “Pero nuestra frontera tiene las mayores diferencias socioeconómicas entre ambos lados que cualquier otra frontera del mundo”.

A pesar de la violencia empleada para evitar los intentos de cruzar la frontera, los migrantes encuentran un ambiente relajado cuando entran a Ceuta. Entre el 40 y el 50 por ciento de los 84,000 residentes son musulmanes de origen marroquí; la mayoría de los demás son españoles cristianos. También existen minorías de judíos e hindúes en esta área de dieciocho kilómetros cuadrados.

No obstante, la mayoría de los migrantes que llegan a Ceuta no quieren quedarse, sino que confían en obtener un permiso para viajar a la península de España, donde esperan encontrar empleo o cruzar las fronteras abiertas para ir a otras partes de Europa. Por lo general, ese permiso tarda meses.

Como resultado, muchos de los que han logrado llegar a Ceuta pronto hacen otro intento de escapar hacia la España peninsular.

Assad Nowdi, de 16 años, un marroquí que ha estado tres meses aquí, dijo que va al centro para migrantes menores a obtener comida y en ocasiones a pasar la noche, pero generalmente duerme en las rendijas que hay entre los bloques de piedra gigantes apilados para hacer un embarcadero cerca del puerto.

Señaló que en la noche, él y sus amigos muchas veces tratan de nadar hacia un transbordador con destino a Europa. “Seguiremos intentándolo”, comentó. “Finalmente llegaremos allá”.

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