Trasfondo

La basílica de la Sagrada Familia: Una obra maestra inconclusa

El arquitecto catalán, Antoni Gaudí.
El arquitecto catalán, Antoni Gaudí. Wikipedia

Ciento treinta y cinco años después del inicio de su construcción, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, cumbre de la arquitectura religiosa moderna y al cual el gran arquitecto catalán Antoni Gaudí i Cornet (Cataluña, 1852 - 1926) dedicó la mayor parte de su vida, sigue inconcluso. Aunque, al parecer, no será por mucho tiempo. Y es que el Ayuntamiento de Barcelona y la Junta encargada de las obras se han comprometido a terminarlo de cualquier manera. Ni siquiera los recientes conflictos políticos relacionados con la celebración del plebiscito, la declaración unilateral de independencia hecha por la Generalitat y la aplicación por parte del gobierno español del Artículo 155, lograron disminuir el ritmo de los trabajos.

Según el arquitecto Jordi Faulí, director de la Junta Constructora, se espera que con el 70 por ciento ya edificado, la Sagrada Familia, como sencillamente se le llama a esta conocida basílica católica, estará terminada en el año 2026, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí. Aunque aclaró que todavía se necesitaría algún tiempo más para la ornamentación final de las torres.

La construcción de esta emblemática edificación comenzó en 1882 bajo las órdenes del arquitecto Frances de Paula del Villar quien, por desavenencias con la Asociación de Devotos de San José que patrocinaba la construcción, renunció cuando apenas habían comenzado los trabajos de la cripta. La dirección recayó entonces en Antonio Gaudí y, de repente, todo cambió. El joven y genial arquitecto tomó la idea original de Villar de construir una iglesia de tres naves con elementos típicos del gótico y la convirtió en una monumental concepción arquitectónica que podría catalogarse, por la amplitud teológica de sus temas, como una Biblia esculpida en la piedra de sus fachadas, pórticos y torres.

La primera de sus fachadas, la del Nacimiento, es una meticulosa recreación de los momentos más humanos y familiares de Jesús; la segunda, la de la Pasión, que se empezó a construir en 1954 según los dibujos y explicaciones que había dejado Gaudí al morir en 1926 después de haber sido atropellado por un tranvía, refleja el sufrimiento de Cristo en su crucifixión a través de una serie de dramáticos conjuntos escultóricos. Y la última, la de la Gloria, que una vez terminada será la más grande y espectacular de todas, permite el acceso a la nave central del templo y está dedicada al reino celestial de Jesús.

Los tres pórticos, todos situados en la Fachada del Nacimiento, representan las virtudes teologales. Vistos desde la calle, el de la Esperanza aparece en la izquierda, está dedicado a San José y en el mismo pueden verse escenas de Los Santos Inocentes; el de la Fe, a la derecha, está ofrendado a la Virgen María y contiene vistas de la Inmaculada Concepción; y el de la Caridad, en el centro, pertenece a Jesús y simula ser el Portal de Belén con numerosas figuras relacionadas con su nacimiento.

Como Gaudí quería que el templo fuese visible desde cualquier lugar de Barcelona, diseñó dieciocho torres en forma de estilizadas agujas que se elevarían con gran verticalidad (sólo ocho de ellas están terminadas) hacia las alturas. Doce serían las de los Apóstoles; cuatro la de los Evangelistas; y dos las de Jesús y María. Todas ellas serán distintas en la complejidad artística de sus símbolos (escudos, cruces, atributos episcopales y signos del Zodiaco) y estarán rematadas (algunas ya lo están) por pináculos de mosaicos venecianos, estrellas de doce puntas y cruces de seis brazos. Sobre esto cuentan que cuando le preguntaron a Gaudí por qué se había esforzado tanto por embellecer la parte alta de las torres si nadie podría verlas de cerca, contestó: “Los angeles sí podrán”. Las torres servirán también como campanarios. Entre todas tendrán un total de ochenta y cuatro campanas, algunas tubulares de percusión y otras de órganos resonantes. Unas pocas, las de la fachada de la Gloria, estarán afinadas con las notas mi, sol y do para lograr, por decisión de Gaudí después de haber realizado complejos estudios de acústica, una perfecta sonoridad.

El interior de la Sagrada Familia, en forma de cruz latina y con cinco naves, posee la misma grandiosidad arquitectónica y artística de su exterior. Con la intención de alejarse de cualquier vestigio gótico, Gaudí ideó el uso de columnas que semejaran el tronco de un árbol. Acerca de los pilares de la nave principal dijo: “Serán palmeras que representen el sacrificio y el martirio”. Y sobre los de las naves laterales señaló: “Serán laureles que simbolizarán la gloria y la inteligencia”. El propósito era dual: ingeniería y estética. Por una parte, el peso de las cubiertas recae directamente en el suelo; y por la otra, le otorga al espacio una armonía similar a la de un bosque en penumbras, apenas iluminado por una luz amable y atemperada que al filtrarse por los ventanales producen una sensación de recogimiento espiritual. Así mismo, también diseñó el ábside (su cúpula está cubierta de un mosaico dorado que representa las vestiduras de Dios) y el Altar Mayor (con la escultura de Cristo en suspensión), así como las lámparas, armarios de sacristía, púlpitos, confesionarios y atriles.

Después de la muerte de Gaudí, cuyos restos mortales reposan en la cripta, los trabajos de construcción de la Sagrada Familia continuaron. Algunos de sus directores fueron los arquitectos Sugrañes, el primero que lo sustituyó, Quintana, Puig, Bonet y Faulí, quien se encuentra actualmente al frente de la obra. Pero no sólo han sido ellos los continuadores. Están también los escultores, pintores y artesanos de todo tipo quienes, siguiendo los planos y maquetas dejados por Gaudí (siempre respetando su estilo personal y único) han contribuido a que este colosal proyecto se encamine a su terminación. Los constructores del templo tienen ocho años por delante para hacer realidad el sueño de Gaudí.

La Sagrada Familia pronto dejará de ser una inacabada construcción para convertirse en una obra maestra imperecedera. Y no podría ser de otra manera. Después de todo, ¿no dicen que Gaudí era el arquitecto de Dios?

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