Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Trasfondo

Jalaluddin Haqqani y la yihad que tiñó de rojo Afganistán

Jalaluddin Haqqani habla con la prensa en Islamabad, Pakistán, el 19 de octubre de 2001. El cabello eternamente cubierto por el turbante tradicional de la etnia pastún, el ‘patkai’ o ‘longai’.
Jalaluddin Haqqani habla con la prensa en Islamabad, Pakistán, el 19 de octubre de 2001. El cabello eternamente cubierto por el turbante tradicional de la etnia pastún, el ‘patkai’ o ‘longai’. EPA/AFPI

Jalaluddin creó la red que lleva su apellido, Haqqani, en la penúltima década del pasado siglo y, tras finalizar la guerra contra la soviéticos (1979-1989), vivió bajo la sombra del líder talibán mulá Omar, convirtiéndose incluso en ministro bajo el régimen que éste logró establecer en Afganistán entre 1996 y 2001.

Es por su estrecha vinculación con el grupo insurgente que no resulta sorprendente que fuesen los propios talibanes los que anunciaron al mundo la muerte de Jalaluddin el pasado 4 de septiembre.

“El estimado maestro Jalaluddin Haqqani ha muerto tras una larga batalla con la enfermedad”, dijo entonces en un comunicado el Consejo de Líderes de los talibanes.

No dieron detalles sobre la fecha ni el lugar del deceso, pero se cree que la cúpula de la red Haqqani reside en Pakistán, unas alegaciones que en los últimos meses han creado fuertes tensiones entre Islamabad y Washington.

Estados Unidos ha acusado repetidamente a Pakistán de no hacer lo suficiente para perseguir a los seguidores de Haqqani que, a su juicio, se esconden en el país.

Todo ello a pesar de que, debido a la enfermedad que sufría desde hace años, la formación ya estaba siendo dirigida por su hijo Sirajuddin Haqqani, primer lugarteniente del actual líder talibán, el mulá Haibatullah.

“Haqqani estuvo enfermo y encamado durante los últimos años. Al tiempo que ha sufrido grandes adversidades por la religión de Alá durante su juventud y enfermedad, también enfrentó una larga dolencia durante sus últimos años con completa paciencia”, afirmaron los talibanes.

Nadie sabe con exactitud cuántos años tenía el fallecido, pero las pocas fotografías suyas que se han hecho públicas muestran una larga barba teñida de henna, a menudo utilizada en esa parte del mundo para esconder las canas y con el cabello eternamente cubierto por el turbante tradicional de la etnia pastún, el “patkai” o “longai”

Los primeros tanques soviéticos comenzaron a rodar por territorio afgano el 24 de diciembre de 1979.

Haqqani fue uno de los muchos líderes guerrilleros que lucharon para echar del país a las ateas fuerzas rojas, enfrentamientos que causaron decenas de miles de bajas en ambos bandos y la muerte de innumerables civiles.

Cuanto menos paradójico, especialmente teniendo en cuenta que la red Haqqani ha perpetrado en los últimos años decenas de atentados contra las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) proveyó, supuestamente, de fondos a Jalaluddin durante aquella guerra.

Como muchas otras facciones muyahidines, Haqqani recibió secretamente financiación de Estados Unidos y Arabia Saudí a través de la agencia de inteligencia paquistaní, ISI, que se encargaba del reparto de ayuda sobre el terreno a las guerrillas antisoviéticas.

“La relación de la red Haqqani con el ISI se remonta a la guerra de los soviéticos en Afganistán. Por aquel entonces, la red Haqqani era apoyada por el ISI, los saudíes y la CIA”, afirman en su obra “Afganistán tras el repliegue de Occidente” los escritores Rohan Gunaratna y Douglas Woodall.

Se dice que en aquellos años Haqqani incluso guió por la provincia de Khost al ya fallecido excongresista democrático estadounidense Charlie Wilson, quien le describió como la “bondad personificada”, afirma George Crile en “La Guerra de Charlie Wilson”.

El fundador de una de las redes más temidas del mundo perdió a su hermano en esta época.

En un comunicado difundido por los talibanes, la familia de Jalaluddin destaca su “infatigable y sublime batalla yihadista contra el Ejército Rojo, tal que no sólo cada persona con visión, sino también sus enemigos declarados testificaron su destacable determinación, resolución y firmeza”.

También los insurgentes del mulá Haibatullah le recordaron como una de las más “distinguidas” personalidades yihadistas de su tiempo que luchó contra los soviéticos.

Subrayaron también cómo ayudó a mantener unidos a los talibanes durante la invasión estadounidense iniciada en 2001 tras el atentado contra las Torres Gemelas.

Y es que a la retirada soviética tardó poco en seguirle una guerra civil y, a mediados de los 90, la emergencia hacía ver a los talibanes como una suerte de Robin Hood contra los continuos saqueos y oleadas de violencia que ahogaban el país durante aquella época.

LA RED HAQQANI Y LOS TALIBANES

Haqqani siempre fue leal al mulá Omar, dice su familia.

“Tras la destrucción del imperio Ruso y bajo el liderazgo del jefe del Emirato Islámico (como se autodenominan los talibanes), siguió cada gran y pequeña orden de su fallecida excelencia para el desarrollo de un gobierno islámico”, afirmaron sus parientes en la nota.

Creciendo rápidamente desde la sureña provincia pastún de Kandahar, los talibanes no tardaron en establecer su propio régimen del terror en un país desengañado con los señores de la guerra que entonces se peleaban entre ellos, destruyendo Kabul misil a misil.

Así, la guerra civil dio paso a cinco años de mujeres encerradas en sus casas, ejecuciones públicas y largas barbas en las caras de cada hombre afgano. En aquella época, Jalaluddin ejerció como ministro de Asuntos Tribales.

En 2001, los talibanes fueron derrocados con la invasión estadounidense y la red Haqqani lucha desde entonces del lado de los insurgentes del mulá Haibatullah contra las fuerzas afganas e internacionales en Afganistán.

La principal agencia de inteligencia afgana, el Directorio Nacional de Seguridad (NDS), y las autoridades, han culpado al grupo de Jalaluddin de algunos de los atentados más sangrientos ocurridos en el país en los últimos años.

Entre otros, les señaló por el atentado con un camión bomba a la entrada de la zona diplomática de la capital que, en mayo de 2017, acabó con la vida de más de 150 personas.

En alguna que otra ocasión, también han culpado al ISI paquistaní de apoyarles.

Estados Unidos incluyó en 2012 en su lista negra de organizaciones terroristas a la red Haqqani, responsable de algunos de los ataques más mortíferos contra las tropas aliadas en Afganistán.

MIL VECES MUERTO

Jalaluddin vivió más que muchos de sus, al menos, diez hijos, perdiendo a tres en bombardeos de drones estadounidenses y a un cuarto en un tiroteo en Islamabad.

Pero, hasta que los talibanes aceptaron finalmente su muerte este septiembre, el líder de la red Haqqani ya había sido dado por muerto en diferentes ocasiones. La última de ellas en 2015.

“Algunos medios de comunicación difundieron ayer noticias sobre la muerte de una distinguida personalidad de la yihad de nuestro país, el estimado Al-Haj Mawlawi Sahib Jalaluddin Haqqani. (...) Esta afirmación carece de fundamento”, salió a defender el portavoz talibán Zabihullah Mujahid en agosto de ese año.

Detalló que, si bien Haqqani estuvo enfermo en el pasado, había gozado entonces de “buena salud” por un “prolongado periodo” de tiempo.

Sin embargo, los talibanes escondieron la muerte de su fundador mulá Omar durante dos años y cada Aíd al Fitr, la festividad musulmana que marca el final del mes de ayuno del ramadán, difundían un mensaje que le atribuían al jefe de sus filas.

Por ello, hablando de un grupo que tiende a ofrecer información sesgada sobre prácticamente todo, quizás Haqqani haya muerto este septiembre, o quizá mucho antes.

La familia de Haqqani concluyó: “Pasó su vida física entre montañas y cavernas, pero su vida espiritual la pasó en una cima de grandeza”.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA