Los artículos de opinión brindan perspectivas independientes sobre temas clave de la comunidad, separados del trabajo de nuestros reporteros de redacción.

Trasfondo

La pérdida de obras indígenas en el Museo Nacional de Brasil ‘se sintió como un nuevo genocidio’

La destrucción de artefactos indígenas y documentos de investigación —entre ellos reliquias de tribus que se consideran extintas— representó un golpe mucho más personal para los descendientes de los habitantes más antiguos de Brasil.
La destrucción de artefactos indígenas y documentos de investigación —entre ellos reliquias de tribus que se consideran extintas— representó un golpe mucho más personal para los descendientes de los habitantes más antiguos de Brasil. NYT

Un grupo de activistas e investigadores indígenas estaban celebrando un cumpleaños acurrucados en torno a una pequeña fogata cuando se dieron cuenta de las llamas que devoraban un edificio a unos cuantos metros de ahí.

“¡El museo se está incendiando!”, dijo José Urutau Guajajara, un miembro de la tribu Tenetehára-Guajajara que había estado investigando el legado de su pueblo en los archivos del Museo Nacional de Brasil durante más de una década. “Aún podemos apagarlo con baldes de agua”.

José Urutau Guajajara, miembro de la tribu Tenetehára-Guajajara, frente a lo quedó del Museo Nacional de Río de Janeiro después del incendio.
José Urutau Guajajara, miembro de la tribu Tenetehára-Guajajara, frente a lo quedó del Museo Nacional de Río de Janeiro después del incendio. LIANNE MILTON NYT

Para cuando llegaron al palacio de siglos de antigüedad, hogar del archivo más grande del mundo de la cultura y la historia indígenas brasileñas, las llamas habían acabado con el centro del edificio y una densa columna de humo se elevaba por encima de la estructura.

Guajajara intentó entrar al edificio dos veces, pero los guardias se lo impidieron. Después de eso, sus amigos lo retuvieron. Juntos observaron mientras cientos de miles de documentos, artefactos y obras de arte quedaron reducidos a cenizas la noche del 2 de septiembre.

Fue una pérdida monumental para los historiadores, arqueólogos y científicos brasileños. Sin embargo, la destrucción de artefactos indígenas y documentos de investigación —entre ellos reliquias de tribus que se consideran extintas— representó un golpe mucho más personal para los descendientes de los habitantes más antiguos de Brasil, quienes han pasado décadas luchando para preservar su legado y sus tierras ancestrales.

El abandono desde hace décadas del Museo Nacional —que había sido hogar de emperadores y la familia real de Brasil— destacó por su situación especialmente indignante para los investigadores.
El abandono desde hace décadas del Museo Nacional —que había sido hogar de emperadores y la familia real de Brasil— destacó por su situación especialmente indignante para los investigadores. LIANNE MILTON NYT

“Este es como un nuevo genocidio, como si hubieran masacrado a todas esas comunidades indígenas de nuevo”, dijo Guajajara. “Porque ahí es donde residía nuestra memoria”.

Para muchos brasileños como Guajajara, se trató de una tragedia profetizada.

En años recientes, Brasil ha tomado medidas importantes para presentarse como un país que ve hacia el futuro. Mientras se preparaba para ser anfitrión de la Copa Mundial de fútbol varonil de 2014 y los Juegos Olímpicos de verano de 2016, invirtió miles de millones en estadios, equipo deportivo e imponentes proyectos públicos de avanzada que la mostraron como una nación capaz y moderna, a la par de potencias globales.

“Le mostraremos al mundo que podemos ser un gran país”, comentó el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva cuando le otorgaron las Olimpiadas a Río de Janeiro. “No somos Estados Unidos, pero hacia allá vamos y lograremos llegar a ese punto”.

Quizá nada ilustró este impulso de aferrarse al futuro —a menudo a costa del pasado— de manera más clara que el contraste entre el Museo del Mañana, un edificio futurista diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, y los otros sitios históricos de Río.

La creación blanca y reluciente de Calatrava, que parece sobrevolar como una nave espacial por encima de la bahía de Río de Janeiro, se inauguró en 2015 y costó $59 millones; además, tiene un presupuesto anual de cuatro millones de dólares.

Está tan solo a algunas cuadras de espacios que son esenciales para entender los orígenes de Brasil: un muelle que alguna vez fue uno de los puertos de esclavos más concurridos en América y una fosa común donde los cadáveres de mujeres y hombres esclavizados fueron sepultados. Estos sitios recibieron escasa atención y financiamiento del gobierno; el terreno del muelle, declarado como patrimonio universal por la UNESCO, está sucio y abandonado.

Cuando Guajajara y sus amigos vieron el incendio en el Museo Nacional, estaban reunidos en los restos de lo que alguna vez había sido el Museo del Indio de Brasil. Había estado abandonado durante décadas. El edificio de Archivos Nacionales, que funcionarios del cuerpo de bomberos han dicho desde hace mucho que está en riesgo de incendiarse, está cerca de ahí.

Un grupo de bomberos frente a la estatua de Don Pedro II, quien perteneció a la familia real portuguesa y que está ubicada frente al museo.
Un grupo de bomberos frente a la estatua de Don Pedro II, quien perteneció a la familia real portuguesa y que está ubicada frente al museo. LIANNE MILTON NYT

No obstante, incluso entre esos ejemplos, el abandono desde hace décadas del Museo Nacional —que había sido hogar de emperadores y la familia real de Brasil— destacó por su situación especialmente indignante para los investigadores escasos de dinero que trabajaban ahí.

La falta constante de financiamiento dejó sus pasillos con cableado improvisado, techos con goteras y excremento de murciélago a lo largo de los muros y los estantes. Un ataque de termitas obligó a que se cerrara una exposición de dinosaurios a finales de 2017. En algún momento no había dinero suficiente para pagar al equipo de limpieza, mucho menos para instalar un sistema de extinción de incendios.

Antonio Carlos de Souza Lima, historiador y antropólogo del museo, dijo que desde hace mucho tiempo los líderes brasileños consideraban la cultura como una mercancía e invertían primordialmente en áreas que podían volverse lucrativas.

Antonio Carlos de Souza Lima en su hogar en Río de Janeiro. De Souza, historiados y antopólogo del Museo Nacional de Brasil dijo que el Museo Nacional había tenido problemas financieros en décadas recientes y experimentó calamidades en el pasado.
Antonio Carlos de Souza Lima en su hogar en Río de Janeiro. De Souza, historiados y antopólogo del Museo Nacional de Brasil dijo que el Museo Nacional había tenido problemas financieros en décadas recientes y experimentó calamidades en el pasado. LIANNE MILTON NYT

“Piensan que la cultura es un negocio”, dijo de Souza. “No el alma de una nación”.

Cuando el museo celebró su aniversario número 200 en junio, Alexander Kellner, su director, voló a Brasilia para invitar al presidente y los ministros a asistir a la celebración. Ninguno de ellos lo hizo.

La colección de artefactos indígenas del Museo Nacional incluía 40,000 artículos pertenecientes a más de cien grupos étnicos. Entre ellos había piezas frágiles reunidas durante expediciones a lugares remotos del Amazonas en los siglos XIX y XX.

Una máscara hecha por miembros de la tribu Tikuna, que había sido un regalo al emperador brasileño Don Pedro I, probablemente fue el artículo más antiguo en la colección, de acuerdo con investigadores, quienes creen que fue recolectado por científicos bávaros en 1821.
Una máscara hecha por miembros de la tribu Tikuna, que había sido un regalo al emperador brasileño Don Pedro I, probablemente fue el artículo más antiguo en la colección, de acuerdo con investigadores, quienes creen que fue recolectado por científicos bávaros en 1821. NATIONAL MUSEUM NYT

Una máscara hecha por miembros de la tribu Tikuna, que había sido un regalo al emperador brasileño Don Pedro I, probablemente fue el artículo más antiguo en la colección, de acuerdo con investigadores, quienes creen que fue recolectado por científicos bávaros en 1821.

undefined

También había un tocado de plumas hecho por miembros de la tribu Munduruku, que se exhibió por primera vez en 1882.

Sin embargo, quizá la pérdida más significativa para los investigadores en materia indígena fue la colección del etnólogo alemán Curt Nimuendajú. Nacido con el nombre de Curt Unckel en la ciudad alemana de Jena en 1883, Nimuendajú fue adoptado por miembros de una tribu guaraní en el estado de São Paulo, quienes le dieron su nuevo nombre, que significa “el que conquistó su lugar”.

Murió entre el pueblo tikuna en 1945, dejando un legado de notas, cartas, diarios de expedición y un mapa que creó un año antes de su muerte, en el que se detallaba la ubicación y las lenguas de los grupos con los que se había topado.

“Cada año de su vida emprendía una nueva expedición”, dijo João Pacheco, quien curó la exposición etnológica durante los últimos veinte años. “Fue el principal etnógrafo brasileño”.

Uno de los mapa creado por el etnólogo alemán Curt Nimuendajú, se perdió en el fuego que destrozó el Museo Nacional de Brasil.
Uno de los mapa creado por el etnólogo alemán Curt Nimuendajú, se perdió en el fuego que destrozó el Museo Nacional de Brasil. NATIONAL HISTORIC AND ARTISTIC HERITAGE INSTITUTE NYT

El mapa original se copió y el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas publicó una versión adaptada.

No obstante, “había otro mapa, uno único, donde hizo correcciones”, dijo Tânia Clemente, lingüista del Museo Nacional. “Ese se perdió”.

La colección indígena incluía grabaciones de audio de líderes indígenas que murieron hace varios años y notas acerca de lenguas que han estado extintas desde hace mucho, entre ellas el mura y el tupiniquim.

Ese tipo de documentos proporcionaban una conexión vital con el pasado para los brasileños que han buscado descubrir o entender mejor sus raíces indígenas. En décadas recientes, muchos se han visto desanimados de hacerlo, o se les ha prohibido directamente.

El Museo Nacional había tenido problemas financieros en décadas recientes y experimentó calamidades en el pasado, entre ellas una inundación en 1995 empapó valiosas momias egipcias.

La década de 1990 fue una época particularmente desafiante para la institución, que les cobraba a los visitantes una cuota simbólica de entrada.

“Ni siquiera teníamos dinero para comprar papel higiénico”, dijo de Souza, el antropólogo, quien ha trabajado en el museo durante 38 años.

Hubo un puñado de oportunidades desaprovechadas que pudieron haber permitido al personal del museo cuidar mejor el edificio y sus contenidos.

Los funcionarios universitarios y el Banco Mundial hablaron de la posibilidad de asegurar un préstamo en los noventa, pero las charlas no llegaron a nada. En 2014, el gobierno federal aprobó un paquete de 8.6 millones de dólares para modernizar el museo. Sin embargo, al final no se desembolsó ese dinero.

En años recientes, el museo recurrió al Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil para obtener ayuda. Después de una prolongada negociación, el banco este año se comprometió a financiar una serie de mejoras con un valor de cinco millones de dólares, que habrían incluido un sistema de protección contra incendios.

Las renovaciones iban a comenzar a finales de este año.

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA