¿Privatizar la guerra en Afganistán? Eso intenta Rrik Prince, fundador de Blackwater
Una nueva generación de funcionarios estadounidenses de alto nivel que residen en Afganistán se ha apresurado para contener una crisis tanto en el campo de batalla como en una disputa electoral posiblemente explosiva. Sin embargo, es un personaje estadounidense distinto —el ejecutivo mercenario Erik Prince— quien en días recientes ha sido tema de conversación en Kabul.
Más de un año después de haber expuesto su plan al presidente Donald Trump para privatizar la guerra de Estados Unidos en Afganistán con un ejército de contratistas —y una fuerza aérea privada— Prince, el fundador de la firma de seguridad Blackwater, que se volvió infame por asesinar a civiles en Irak, al parecer ha estado en todas partes.
Conforme ha presentado su discurso de ventas directamente a una multitud de afganos influyentes, con frecuencia lo han presentado como asesor de Trump.
Prince está impulsando su plan en una época particularmente vulnerable para el país. Las fuerzas de seguridad afganas están muriendo a una cifra récord de 30 a 40 al día, en gran medida en una postura defensiva contra los talibanes, que han ganado territorio. El gobierno está agobiado por las crisis políticas constantes ahora que las elecciones parlamentarias, retrasadas durante tres días, están programadas para el mes próximo. Las elecciones presidenciales se llevarán a cabo en abril.
Entrevistas con media decena de personajes políticos que se han reunido con Prince en meses recientes —así como una entrevista con Prince por parte de The New York Times durante su viaje a Kabul en septiembre— revelan a un ejecutivo determinado a vender una visión de cómo sus contratistas podrían ofrecerle una retirada militar oficial de Afganistán al público y al presidente de Estados Unidos, cansados de la guerra.
Ahora, según esos funcionarios, ha encontrado una audiencia cada vez más receptiva entre los agentes de poder de Afganistán después de reunirse con todos, desde comandantes militares de bajo nivel hasta exfuncionarios del Gabinete, autócratas regionales consolidados y varios posibles candidatos presidenciales.
Lo que tienen en común la mayoría de esos afganos es un deseo de presenciar el fin del mandato del presidente Ashraf Ghani. Además, el recorrido de cabildeo de Prince, que incluye múltiples visitas a Kabul, Washington y los Emiratos Árabes Unidos, lo han vuelto cada vez menos bienvenido a ojos de Ghani, quien en repetidas ocasiones ha rechazado peticiones para reunirse con Prince.
Algunos en el gobierno incluso intentaron bloquear la visa de Prince, de acuerdo con funcionarios afganos y personas cercanas al ejecutivo.
Varios funcionarios del círculo de Ghani dicen que no solo consideran que el plan de Prince es poco viable en medio de un conflicto y una iniciativa de paz complejos con los talibanes, sino también que se trata de una amenaza politizada al presidente afgano antes de la elección presidencial del año próximo.
Dicen que la oposición obstinada de Ghani a una presencia de seguridad privatizada lo ha convertido en un obstáculo para las ambiciones de Prince.
En un discurso el lunes, un Ghani enojado dirigió críticas apenas veladas a Prince y su plan.
“Los mercenarios extranjeros jamás tendrán permitida la entrada a este país”, comentó.
Una declaración el jueves por parte del asesor de seguridad nacional de Ghani señaló que el gobierno afgano no permitiría que el combate al terrorismo se volviera un “negocio comercial”.
“Consideraremos todas las alternativas legales en contra de quienes intentan privatizar la guerra en nuestra tierra”, señaló en la declaración.
Prince está posicionando su discurso de ventas como una opción intermedia y más barata entre continuar una estrategia militar que ha fracasado en su mayor parte y ha sumado una cuantiosa cuenta anual de decenas de miles de millones de dólares, y una retirada total de seguridad que, según los temores de algunos, abandonaría diecisiete años de costosos esfuerzos occidentales para reconstituir Afganistán.
Afirma que su propuesta puede lograr lo que no pudieron más de 140,000 soldados de Estados Unidos y la OTAN en el punto álgido de las tropas en 2009 y 2010. Compara la misión actual, que se reduce a cerca de 15,000 efectivos estadounidenses apoyados en sus bases por más de 20,000 contratistas privados, con los fracasos de la Unión Soviética. (Un miembro del servicio estadounidense fue asesinado el jueves en Afganistán, dijo el comando militar de Estados Unidos, sin proporcionar más detalles. Se trató de la octava muerte de un soldado estadounidense en el país durante este año).
Prince expuso lo que llamó una “racionalización” de contrataciones privadas que ya está ocurriendo: una misión más eficaz de 6,000 contratistas privados que proporcionan “apoyo estructural básico” y capacitación para las fuerzas afganas. Pequeños equipos de veteranos de las Fuerzas Especiales incluidos en los batallones afganos durante casi tres años, dijo, asegurarían la continuidad de la que ahora mismo carecen los soldados estadounidenses que se turnan todos los años.
Una flota de aeronaves pilotadas por equipos conjuntos de afganos y contratistas los apoyarían desde el aire. Cerca de 2,500 fuerzas de Operaciones Especiales Estadounidenses seguirían en el país para realizar misiones de contraterrorismo. Todo esto, comentó Prince, reduciría el costo anual de la guerra aproximadamente en una quinta parte de la cantidad actual.
Negó que intentara influir en el proceso político afgano para lograr esa visión. Dijo que el único dinero que había gastado en Afganistán eran los $1,500 en costos de producción de un video de diez minutos para explicar su plan.
“El pueblo afgano tendrá una elección y tomará las decisiones con las que vivirá”, dijo Prince. “Pero yo hablaré con cualquier partido en Afganistán que quiera pensar de una manera distinta a la actual con el fin de detener la masacre de manera eficaz”.
Blackwater, la compañía anterior de Prince, ganó cientos de millones de dólares en contratos militares de Estados Unidos, principalmente en Irak, antes de que básicamente la incluyeran en una lista negra después de que los contratistas de la firma masacraron a civiles en Bagdad en 2007.
Su negocio desde entonces ha pasado por varias rencarnaciones. Su más reciente incursión, Frontier Services Group, con sede en Hong Kong, tiene contratos en África y Asia, y está respaldada por Citic Group, una gran empresa china de inversión que es propiedad del Estado.
La primera iniciativa de Prince el año pasado para privatizar la guerra afgana fue frenada por dos de los miembros de más alto nivel del equipo de seguridad nacional de Trump: H.R. McMaster, en ese entonces asesor de seguridad nacional, y Jim Mattis, secretario de defensa. Ellos convencieron a Trump de aumentar el número de tropas y recursos en Afganistán.
Prince ahora siente que los vientos en Washington están a su favor, pues McMaster se ha ido y Mattis a menudo se opone a Trump.
Aun así, el plan concreto de Prince para Afganistán tiene muchos escépticos.
“La idea de que estos soldados-contratistas incluidos en las unidades afganas solo van a estar ‘entrenando’ es casi risible”, dijo Laurel Miller, experta de alto nivel en política exterior en RAND y exdiplomática estadounidense principal en materia de Afganistán y Pakistán.
“Además, la idea de que privatizar la guerra ahorrará dinero en efecto es risible”, continuó. “Si esta idea no prometiera ser un generador importante de dinero, entonces quienes se beneficiarán de ella no la impulsarían con tanta fuerza”.
Miller dijo que la propuesta se basaba en un diagnóstico incorrecto de por qué el conflicto está estancado. Aunque hay problemas de liderazgo y capacidad en las fuerzas afganas, los talibanes han probado que pueden continuar su insurgencia contra la aplicación de mucha más fuerza de la que aportaría la propuesta de Prince, señaló.
Los cambios en las tácticas de capacitación y asesoramiento no convertirían el estancamiento en la victoria o el final de la guerra, dijo.
“Si acaso, traer mercenarios extranjeros proporcionaría estupendos eslóganes de reclutamiento para los insurgentes”, agregó.
Esa fue una referencia a la manera en que los talibanes ya han hecho de la ocupación estadounidense un tema propagandístico, y muy probablemente considerarían una ola de fuerzas mercenarias respaldadas por Estados Unidos como una situación aún más despreciable.