Periodismo: El arte de molestar al poder
“Periodistas. El arte de molestar al poder” es un paseo por la historia del periodismo democrático en España relatado por Juan Tortosa, un prestigioso profesional que ha trabajado en “El Periódico de Madrid”, “Interviú”, “Tiempo”, en Radio Televisión Española como reportero o delegado de CNN+, entre otros medios. En este libro relata su experiencia a través de un atractivo hilo cronológico que lleva a reflexionar al lector sobre la situación actual de los medios de comunicación en su país y la labor de los informadores.
¿Qué es el buen periodismo? ¿Es una profesión canalla? ¿Es posible una relación respetuosa entre la prensa y el poder? ¿Por qué aceptamos el periodismo declarativo y de convocatoria? Son algunas de las preguntas a las que da respuesta el autor quien, de manera directa, denuncia el precio que se paga por escribir y editar en libertad.
Tortosa, aunque invita a sincerarse sobre la verdadera utilidad de las facultades de periodismo, afirma en entrevista, que con esta obra pretende dar “un mensaje alentador a los periodistas del futuro”.
¿Cómo surge este libro?
Juan Tortosa: Es producto de la casualidad. Tengo desde hace 10 años un blog que se llama “Las carga el diablo”, que nació cuando todavía existía CNN+, una cadena de noticias que desapareció en 2010, y yo era su responsable en Andalucía (sur de España). También cubría el norte de África, el sur de Portugal, Gibraltar, Ceuta y Melilla y a los que allí trabajábamos nos pareció interesante hacer una bitácora en la explicábamos todo lo que sucedía en esas zonas tan conflictivas. Nos dedicamos a escribir cosas, pero luego todos fueron abandonando y quedé yo y, a partir de allí, lo convertí en un blog de análisis del periodismo y su relación con la política.
Luego, me di cuenta de que podía hacer algo con todas esas publicaciones. Ese es el germen. Cuando organicé esa parte me percaté de que salía un libro, empecé a pulir y descubrí que el hilo argumental podía ser yo mismo, como espectador en un segundo plano, que lo importante fuera las cosas que pasaban, pero yo viviéndolas en primera persona.
Pero los protagonistas en su libro son los periodistas ¿no?
J.T.: Sí, claro. Yo tengo el papel de secundario.
“UN OFICIO BELLO Y CANALLA”
¿Por qué dice que el periodismo es una profesión bella para algunos y canallas para otros?
J.T.: El periodismo es un buen oficio, no es uno para ganarse la vida, pero te da muchas satisfacciones. Es canalla porque se están confundiendo los papeles de cuál es la verdadera función del periodismo. Esta profesión en España, sobre todo, ha confundido los papeles durante bastante tiempo. Cuando se inició la democracia, tras la muerte de Francisco Franco (1975), los objetivos de los políticos y los periodistas que más o menos amaban el oficio era similar, eran la lucha por la libertad y por poder expresarse sin ningún tipo de limitaciones ni represiones del Estado y, en todo eso, los periodistas y los políticos íbamos de la mano.
¿Y qué pasó después?
J.T.: Luego, algunos periodistas, compañeros de viaje de los políticos, consideraron que debían ser premiados en el mundo de la política. Ahí empiezan las complicaciones. Se empieza a creer que, si no se premiaba a los periodistas, al final acababan vengándose del político, que fue su amigo, pero que luego no le dio aquello que esperaba y que a lo mejor podía ser un puesto de responsabilidad en cualquier medio público.
Después, en el año 1992, apareció “el sindicato del crimen”, un grupo que se dedicó a ser combativo con el Partido Socialista utilizando sus plumas y sus medios. Han pasado 26 años y las cosas no han cambiado mucho, solo que ahora estas personas figuran como directivos de diarios digitales y eso ha ido encanallando el ambiente, a eso me refiero con lo de canalla.
¿Y cuándo no es canalla?
J.T.: El periodismo decente se ha complicado a la hora de ejercerlo, sobre todo si depende de gente que tienen unos objetivos más políticos que profesionales, o de dueños que, por razones económicas, han apostado ya directamente por el beneficio.
En España hubo una época, sobre todo en los años 80 y 90, donde los editores de prensa emblemáticos como Antonio Asensio o Jesús de Polanco hicieron que el Grupo Z y el Grupo Prisa contaran con una serie de profesionales que realmente hacían buen periodismo.
EL SER COMPLACIENTE
¿Qué es lo que pasa con los diarios hoy en día? ¿Por qué no hacen el periodismo de antes?
J.T.: Cada vez es más difícil mantener las ventas. Los medios se han ido endeudando y además hay una gran expansión. En el caso del Grupo Prisa, por ejemplo, es muy claro: se han endeudado demasiado y se han puesto en manos de bancos para salir adelante, porque necesitan liquidez para mantener la supervivencia.
Pero entonces eso afecta al buen periodismo… .
J.T.: Sí. Yo digo en el libro que no hay nada más sabroso ni más apetitoso para un político que un empresario de prensa necesitado de árnica. Lógicamente, si necesitas dinero y los bancos no te ayudan, el empresario se embarga o se subvenciona. Las subvenciones a veces son directas y, a veces, son indirectas, en forma de publicidad institucional. En ese momento, el medio se olvida de “molestar al poder”, por lo que si tienen periodistas que están empeñados en molestar, tal vez no los dejen trabajar.
¿Se ha convertido este periodismo en un periodismo complaciente?
J.T.: La función de un periodista no es molestar ni no molestar pero, sin duda, si haces tu trabajo bien, terminas molestando, pero nuestra función es fundamentalmente ser un servicio útil a los ciudadanos.
El periodista es un privilegiado con acceso a determinadas personas que desempeñan una función pública y, a partir de ahí, informa a sus lectores lo mejor que puede sobre lo que está pasando. ¿Qué sucede? Que quien intenta hacer eso de una manera coherente, se mete en problemas en el 80 por ciento de los casos, porque el poder siempre tiene algo que ocultar o quiere medir los tempos en los que se administra la información.
Ninguna de las dos cosas funciona para un buen periodista. Pero la orientación de los periódicos está ya tan sesgada que, lógicamente, el profesional mal pagado que trabaja para ellos y con un contrato precario ilimitado, no se va a jugar su sueldo por ser más listo.
¿Qué opina sobre el periodismo declarativo y de convocatoria?
J.T.: Es el pan nuestro de cada día y no te lo cuentan en la facultad. Todos los gabinetes de prensa inundan las redacciones sobre cosas que hay que cubrir al día siguiente, los redactores jefes reciben todas las notificaciones y establecen el orden en el que han de hacer las coberturas.
Si deciden no cubrir algo de lo que todo el mundo va a cubrir, al final quedan en evidencia. Y en muchos casos no tienen presupuesto, ni medios técnicos o humanos para hacer periodismo que no sea el de convocatoria. No se buscan la vida para hacer información, sino que se van con el micrófono y la registradora por sitios que ya están marcados de antemano por los interesados. Eso es un horror. Y más grave todavía, te pueden convocar a una rueda de prensa y encima no admitir preguntas ¿qué sentido tiene ir?.
LA INFORMACIÓN DIFERENCIADA TIENE UN PRECIO
Después de su paso por cada uno de los formatos: televisión, radio y periódico ¿qué quisiera destacar?
J.T.: Hay un denominador común: donde sea que trabajes te vas a encontrar casi siempre con las mismas limitaciones. Si peleas por hacer una información diferenciada vas a tener problemas, a menos que tengas la complicidad de tu jefe.
Otra barrera fundamental es la intención de los políticos de meterse en los medios públicos. No son capaces de admitir que, cuando van a unas elecciones, no tienen las televisiones públicas de regalo en el mismo kit, y esa es una pelea eterna que los periodistas, de momento, no vamos ganando.
Y los políticos ya se acostumbraron a eso…
J.T.: No, no es que se hayan acostumbrado, es que a ellos no les queda duda de que eso es suyo. No están dispuestos a admitir otras cosas.
¿Con qué amenazas ha lidiado como periodista?
J.T.: Una vez en el Diario 16 Málaga, el jefe de economía me dio información sobre grandes irregularidades en una empresa, el dueño de esa compañía era accionista del diario. Yo hice una serie de comprobaciones y publiqué información. Duré tres semanas más en el periódico. Al poco tiempo, él fue a la cárcel, pero ya yo me había ido del diario.
MENSAJE ALENTADOR PARA LOS PERIODISTAS
Este libro es muy útil para los futuros periodistas
J.T.: Sí. Tiene esa vocación también, y el mensaje que quiero dar es de aliento pero, que al mismo tiempo, los futuros periodistas sepan en dónde se están metiendo.
¿Qué función tienen las facultades en todo esto? ¿deberían cambiar la enseñanza?
J.T.: En el libro lo cuento con mucha claridad. Pero seré más contundente ahora. Yo cerraría todas las facultades de Ciencias de la Información. No sirven para nada.
¿Por qué? ¿cómo se formarían los futuros periodistas?
J.T.: No tienen sentido. Los conocimientos que necesita un periodista, que son muchos, no creo que se aprendan en una facultad de periodismo. Creo que sería muchísimo mejor, y de hecho así lo es en muchos casos, cuando estudias otra cosa y luego haces un máster o especialización en periodismo.
Con esa previa formación universitaria, luego se puede aprender los rudimentos del oficio en un año de máster con prácticas incluidas. A veces, esas asignaturas dedicadas al periodismo están impartidas por gente que jamás ha hecho un reportaje.
A lo mejor no se trata de eliminar las Facultades de Ciencias de la Información, pero sí de hacer que sea más sensato el número de profesionales que salen de esas facultades. En España hay más de 50 facultades, a poco que salgan 100 alumnos cada año de cada una de ellas, tenemos a cinco mil profesionales cada año en el mercado que no tienen en donde trabajar.
“CADA VEZ HAY MENOS PROFUNDIDAD”
¿Los medios se aprovechan de esa gran cantidad de profesionales sin empleo?
J. T.: Claro. El empresario descubre que por el sueldo que le pagan a un periodista con experiencia, pueden tener a tres becarios recién salidos de la facultad. Esto también afecta la manera en que se va haciendo la información que cada vez tiene menos “background” y menos solvencia.
¿Entonces los diarios ya no quieren hacer periodismo de profundidad o investigación?
J.T.: Al diario sí que le puede apetecer hacer temas de profundidad, el problema es que los responsables de informaciones ya no mandan en los periódicos, ahora lo hacen los gerentes y los jefes de administración. Entonces, si los jefes de informaciones mandan a un periodista tres días a seguir un tema de investigación y, durante ese tiempo el periodista no publica, ya tiene al jefe de administración diciéndole... ¿oye qué hace fulano que lleva tres días sin publicar?
¿Cuál es el mensaje alentador?
J.T.: Allá donde exista una historia siempre habrá la posibilidad de contarla y siempre habrá a quien le interese conocerla.
¿Qué es el buen periodismo?
J.T.: El buen periodismo es el periodismo decente. Es el que hace aquel que piensa en la persona a quien está destinada su trabajo y no en quien le paga. Porque, si trabajas solo para que no te regañe quien te paga, probablemente estas salvando tu puesto de trabajo, pero estás prostituyendo el periodismo.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de noviembre de 2018 a las 3:13 p. m..