Trasfondo

Los erizos de mar están acabando con las algas marinas

El cambio climático ayudó a detonar que el tamaño de la población de erizos de mar en la costa del norte de California se multiplicara por 60. Estas criaturas, desbocadas en un frenesí de alimentación, devoraron las algas marinas.
El cambio climático ayudó a detonar que el tamaño de la población de erizos de mar en la costa del norte de California se multiplicara por 60. Estas criaturas, desbocadas en un frenesí de alimentación, devoraron las algas marinas. NYT

Temprano en un sábado nublado de verano, un grupo inusual —pescadores comerciales, navegantes recreativos y buzos con trajes de neopreno— se reunió en la caleta de Albion Cove para cumplir con una misión: conducir durante tres horas hacia el norte de San Francisco.

“Nuestro objetivo de hoy es el erizo púrpura de mar”, dijo Josh Russo, defensor de la pesca deportiva y organizador del evento. “El malvado erizo púrpura”.

Hace cinco años, calificar de villano al erizo de mar, un molusco que parece una ciruela con púas de 6,3 milímetros, habría sido ridículo.

Eso fue antes de que arrasara con los bosques de quelpos de California.

En muchos aspectos, los bosques submarinos —laberintos enormes en crecimiento de algas pardas, o quelpos— tienen la misma importancia para los océanos que los árboles para la tierra. Al igual que los árboles, absorben las emisiones de carbono y proporcionan el hábitat y el alimento esenciales para una amplia variedad de especies. Sin embargo, cuando el cambio climático ayudó a detonar que el tamaño de la población de erizos de mar en la costa del norte de California se multiplicara por 60, estas criaturas se desbocaron en un frenesí de alimentación y devoraron las algas marinas.

“Sería como si uno de esos hermosos bosques caducifolios se convirtiera en un desierto”, comentó Gretchen Hofmann, profesora de Ecología Marina en la Universidad de California, campus Santa Bárbara. “Pero en cuestión de cinco años”.

Los riesgos se expanden más allá de esta bahía: hay bosques de quelpos en las costas de agua más fría de todos los continentes, excepto en la Antártida. Además, están bajo amenaza por las temperaturas oceánicas en aumento y por lo que traen consigo esas aguas más cálidas.

Los bosques de quelpos de azúcar de Maine, fuente del edulcorante manitol, ya han experimentado descensos relacionados con las temperaturas. En Tasmania, los bosques de quelpos han perecido ante un brote de erizos púrpuras. Aquí en Albion, se intenta evitar que ocurra lo mismo.

SIN LOS QUELPOS, SE PERDERÁN MUCHOS MEDIOS DE SUBSISTENCIA

Los buzos se pusieron a trabajar, sacando los erizos púrpuras del fondo de la caleta, con la esperanza de que esto les permita a las algas pardas volver a crecer, pues han disminuido un 93 por ciento en el norte de California.

Cynthia Catton, científica ambiental del Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California, y un pequeño grupo de pasantes estaban sentados en un bote contando los erizos que los buzos acarreaban a la superficie para darse una idea de cómo les estaba yendo.

La historia de la desaparición de los quelpos es también la de un sistema alimentario entretejido a punto de colapsar que está amenazando el sustento de las personas. Entre los primeros que hicieron sonar la alarma con respecto a los erizos púrpura, dijo Catton, estuvieron los pescadores comerciales de erizos rojos de mar.

Uno de ellos es Gary Trumper, quien ha recolectado erizos rojos durante más de 30 años. Se puede comerciar con estos erizos, que son más grandes que los púrpuras, porque la gente se los come (se comen sus glándulas genitales, para ser más específicos). Esta exquisitez es mejor conocida entre los aficionados al sushi como “uni”.

No obstante, la creciente población de erizos púrpuras superó a la de los rojos en su competencia por las algas pardas disponibles. Sin los quelpos, los erizos rojos murieron de hambre.

Eso redujo el valor de la pesca comercial del erizo rojo de mar en el norte de California de 3,6 millones de dólares en 2013 a menos de $600,000 en 2016. Muchos recolectores han cambiado a otros negocios. “Probablemente son diez o quince los que siguen haciendo eso en el puerto”, opinó Trumper, sentado en un bar cerca de Fort Bragg, donde atraca su embarcación. “Pero solían ser unos cien”.

El problema empezó con las estrellas de mar. La estrella girasol, cuyo apéndice puede expandirse más de 90 centímetros, normalmente se alimenta de los erizos púrpura, lo cual ayuda a limitar sus poblaciones.

Sin embargo, en 2013, las estrellas de mar empezaron a morir misteriosamente. No hay consenso científico sobre la razón detrás de este suceso, pero Drew Harvell, profesora de Ecología y Biología Evolutiva en la Universidad Cornell dijo que creía que el responsable, al menos parcialmente, había sido un virus, y que las aguas más cálidas exacerbaron sus efectos.

Las nutrias marinas, otro depredador de los erizos púrpura, fueron cazadas hasta el borde de la extinción por comerciantes de pieles en el siglo XIX. La densidad de su población no se ha recuperado todavía.

Aproximadamente en la misma época en que las estrellas de mar empezaron a desaparecer, una masa de agua cálida apareció a cientos de miles de kilómetros de Alaska, Columbia Británica, Washington y Oregon. Para 2014, el agua caliente se había desplazado hacia la tierra, extendiéndose desde el sureste de Alaska hasta México.

Esta canícula marina fue la más calurosa que se haya registrado desde finales de los años de 1800. Los investigadores y los lugareños la llamaron “La Mancha”. Permaneció hasta 2016.

“El calentamiento global provocado por los humanos posibilitó esa situación tan extrema”, afirmó Nathan Mantua, científico físico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica y autor de un estudio que vincula a La Mancha con el cambio climático. Más del 90 por ciento del calor atrapado en el planeta debido a los gases de efecto invernadero emitidos por los humanos ha sido absorbido por el océano, lo cual ha aumentado su temperatura.

No obstante, los quelpos prefieren aguas más frías. Las algas marinas gigantes que se encuentran al norte de California liberan esporas en el otoño; durante el invierno, las esporas crecen para convertirse en plantas parecidas a la alfalfa, las cuales según Hofmann se ven un poco como el personaje de Baby Groot en “Guardians of the Galaxy”.

“No sabemos mucho sobre ellas porque son muy misteriosas”, admitió Hofmann. “Pero con lo poco que hemos investigado al respecto, sabemos que no les gustan las temperaturas elevadas”.

La Mancha también ralentizó el proceso de afloramiento, en el que las aguas más frías y los nutrientes suben desde las áreas más profundas del océano hacia la superficie.

Eso eliminó un suministro crítico para la nutrición de los quelpos.

“Es como si tu jardín se quedará sin abono”, dijo Mantua.

“Un océano caliente generalmente no es tan productivo”, comentó Sonke Mastrup, gerente de programas en el Departamento de Pesca y Vida Silvestre de California. “No puede retener tanto oxígeno”.

Con la combinación de temperaturas más elevadas y menos nutrientes, las algas pardas empezaron a perecer.

CAMBIO DE CONDUCTAS

A falta de depredadores y con suministros alimentarios menguantes, los erizos púrpuras se han desenfrenado, dijo Mark Carr, ecólogo poblacional en la Universidad de California, campus Santa Bárbara.

“Se alinean como una horda de individuos dementes y se mueven como un torbellino por todo el arrecife, literalmente arrancando todas las algas”, señaló. Este año, han comido algas rosas duras e incrustadas en la superficie de rocas, algo que los científicos no esperaban ver, dijo Laura Rogers-Bennett, ecóloga marina que trabaja en el Laboratorio Marino de Bodega.

“Las repercusiones subacuáticas de este año han sido más devastadoras que cualesquiera que hayamos visto en el pasado”, afirmó. “La tormenta perfecta de sucesos ha empeorado con el tiempo, y los de 2018 han sido los peores que hemos visto”.

No es probable que los erizos púrpuras desaparezcan.

“Son como cucarachas marinas”, dijo Mastrup. “Pueden soportar condiciones de inanición por mucho más tiempo que la mayoría de las demás criaturas”.

Incluso los erizos rojos restantes han empezado a adaptarse. A pesar de que regularmente son vegetarianos, a mayores profundidades se están volviendo carnívoros y están comiendo percebes. “Lo cual es un acontecimiento muy descabellado”, opinó Catton.

En un intento por recuperar los quelpos, Russo ha recaudado más de $120,000 dólares de subsidios y donativos de buzos independientes para organizar actividades de eliminación selectiva como la de Albion Cove.

El objetivo, dijo Catton, es crear oasis de quelpos que puedan recuperarse a salvo, lejos de los erizos púrpura. La preocupación es que si transcurre demasiado tiempo no habrá más quelpos para sembrar futuras generaciones.

“Hay un grupo de personas que cree que puede cambiar la trayectoria de lo que está ocurriendo en la naturaleza”, comentó Mastrup. “Yo espero que así sea, pero tengo mis dudas respecto a que se pueda lograr”.

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