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Trasfondo

¿Qué es el brexit y por qué no se ha logrado?

El talón de Aquiles de todo el proceso del brexit es la frontera entre Irlanda, miembro de la Unión Europea, e Irlanda del Norte, que es parte del Reino Unido.
El talón de Aquiles de todo el proceso del brexit es la frontera entre Irlanda, miembro de la Unión Europea, e Irlanda del Norte, que es parte del Reino Unido. AP

Esta semana pasada, tras años de retrasos, tropiezos y negociaciones intermitentes, la primera ministra Theresa May finalmente presentó un proyecto de plan para que el Reino Unido salga de la Unión Europea, y ha sido criticado rotundamente y a todo volumen. Su gobierno se está tambaleando hacia el borde del colapso.

Los partidarios del brexit habían prometido que la salida del bloque europeo sería rápida y simple. Sin embargo, ha resultado ser todo lo contrario. Para entender por qué, es útil comprender los orígenes del brexit y cómo se está desarrollando esa historia en la actualidad.

¿Qué es el brexit?

El Reino Unido se unió al conjunto precursor de la Unión Europea en 1973, pero los políticos británicos siempre se han mostrado ambivalentes respecto del bloque. Este debate ha dividido desde hace mucho a los dos partidos principales del país, el Conservador y el Laborista. El tema sembró discordia en particular entre los conservadores. Finalmente, en junio de 2016, el primer ministro David Cameron decidió resolver la cuestión sometiéndola a un referendo nacional de “sí” o “no”.

Cameron le apostó a que el país no tomaría el riesgo de retirarse de la Unión Europea. Se equivocó. Los británicos votaron a favor de la salida en un 52 por ciento contra un 48.

En la mañana después del referendo, despertaron para encontrarse con un predicamento: la campaña para retirarse del bloque había prometido “recuperar el control” de las manos de Europa, pero nunca explicó cómo lo haría. Aquellos que estaban a favor de permanecer, resentidos luego de perder la votación, se apresuraron a acusar a los defensores de la salida de perpetrar mentiras y xenofobia.

En términos políticos, el Reino Unido ha pasado los últimos dos años en un estancamiento. El Partido Laborista se asentó en una oposición desasosegante, y el Conservador siguió lidiando con opiniones divididas sobre Europa. May remplazó a Cameron y se volvió la encargada de la negociación de un acuerdo para el brexit con la Unión Europea.

No obstante, su reto más grande fue obtener apoyo en casa. Una facción a favor del brexit ha abogado por una ruptura limpia, en la que el Reino Unido recupere su soberanía en el comercio y la inmigración, y se libere de las instituciones de la UE, incluido su Tribunal de Justicia, lo cual es una inquietud particular para ellos.

Otros preferían conservar lazos económicos estrechos con el bloque, incluso si eso implicaba ceder o compartir algo del control sobre estos asuntos con la Unión Europea.

Con la salida del Reino Unido programada para el 29 de marzo, May ha estado tratando de convenir una concesión entre ambas partes para evitar una retirada caótica que los dejaría “al borde del precipicio” con puertos bloqueados, aerolíneas ancladas, y alimentos y medicamentos limitados. Ese fue el proyecto que presentó el miércoles.

¿Por qué es tan difícil que las partes hagan concesiones?

El talón de Aquiles de todo el proceso del brexit es la frontera entre Irlanda, miembro de la Unión Europea, e Irlanda del Norte, que es parte del Reino Unido. Durante años, esta frontera estuvo militarizada y fue un punto central de The Troubles, el conflicto de violencia sectaria que cobró la vida de más de 3500 personas. Sin embargo, la frontera militarizada se eliminó tras el acuerdo de paz del Viernes Santo de 1998, y el comercio pudo fluir con libertad entre ambos territorios.

Esto fue posible gracias a que Irlanda y el Reino Unido eran miembros de la Unión Europea, pero luego de que los británicos votaron para retirarse, la frontera irlandesa se convirtió de nuevo en una complicación. La posibilidad de tener que volver a implementar controles fronterizos desató una miríada de problemas económicos, políticos e históricos.

A fin de resolver ese conflicto, el esbozo de acuerdo de May propone mantener a Irlanda del Norte, y al resto del Reino Unido, en una unión aduanera europea, durante un periodo potencialmente indefinido, o hasta que se convenga un acuerdo comercial final. No obstante, eso también significa que el Reino Unido aún estaría sujeto a algunas de las normas y regulaciones comerciales del bloque.

En pocas palabras, a pesar de pagar una factura de divorcio de $50,000 millones, el Reino Unido seguiría obligado a cumplir muchas reglas de la UE durante un plazo futuro indeterminado sin poder intervenir en la creación de las mismas. También quedaría sujeto en cierta medida al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

Esto enfurece a la facción de línea dura a favor del brexit, que afirma que esto dejaría al Reino Unido como un “Estado vasallo”.

Sin embargo, ellos no son los únicos ofendidos por este acuerdo. El Partido Unionista Democrático de Irlanda del Norte (DUP, por su sigla en inglés), que representa diez escaños cruciales para apuntalar el gobierno minoritario de May, también está indignado.

Esto se debe a que el plan impondría más reglas europeas para Irlanda del Norte que para el resto del Reino Unido. El DUP, que quiere permanecer en el Reino Unido, ve el proyecto de acuerdo como una amenaza existencial que colocaría una nueva frontera en el mar de Irlanda, lo cual resultaría en una unión de facto entre Irlanda del Norte e Irlanda.

Además, no nos olvidemos de Escocia, un país que quiere seguir formando parte de la Unión Europea y se pregunta por qué no le ofrecen un acuerdo como el que tanto odia el DUP.

Entonces, ¿qué va a suceder ahora?

Nadie lo sabe con certeza. Si las cosas resultan bien para May en las siguientes semanas —lo cual está lejos de ser certero— los líderes de la UE finalizarán el acuerdo en una cumbre este mes. Después requeriría la aprobación de los Parlamentos británico y europeo. No obstante, la ruta de ese resultado es, a lo menos, inestable.

May está luchando por su vida política en medio de una enorme respuesta negativa al brexit en el Parlamento y solicitudes provenientes de su propio Partido Conservador para realizar una moción de censura en contra de su liderazgo. Además, pocos expertos creen que el Parlamento británico apruebe el proyecto de plan en su versión actual.

El Partido Laborista de la oposición ha dejado claro que les ordenará a sus legisladores que voten en contra del proyecto, con lo que espera asegurar una elección general. Es probable que el Partido Nacional Escocés y los centristas Liberal Demócratas hagan lo mismo. Así mismo, May enfrenta el problema del DUP.

El jueves quedó claro que incluso los conservadores que estaban a favor de quedarse en la UE planean votar en contra del proyecto de acuerdo, con la esperanza de que la crisis subsecuente resulte en un brexit más blando, o incluso en la cancelación del mismo.

Si el convenio se rechaza, el Parlamento podría pedirle a la primera ministra —o a su sucesor, si llegase a dimitir— que regrese y negocie otro acuerdo, aunque es muy poco probable que la UE les haga ese favor, y el tiempo se está acabando antes de la fecha límite del 29 de marzo.

Podría haber una elección general, o el Reino Unido podría enfrentarse a una partida que los dejaría al borde del precipicio, como la que tanto teme el sector empresarial.

Incluso están rondando especulaciones de que en medio del caos que desataría el rechazo parlamentario del acuerdo, quizá las frecuentes peticiones para un segundo referendo sobre el brexit por fin sean escuchadas.

Sin embargo, por ahora, nadie puede saber a ciencia cierta cuál será el desenlace.

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