Trasfondo

Pacientes mayores comparten sus historias de vida para combatir la discriminación por edad

Elizabeth Shepherd (centro), habla con Zachary Myslinski, un estudiante de Weill Cornell Medical School, durante una práctica en geriatría.
Elizabeth Shepherd (centro), habla con Zachary Myslinski, un estudiante de Weill Cornell Medical School, durante una práctica en geriatría. New York Times

El grupo de estudiantes de segundo año de Weill Cornell Medicine en Nueva York se reunió con varios pacientes de avanzada edad. Al principio, Elizabeth Shepherd, una de las invitadas al programa anti discrimen llamado “Introducción al Paciente Geriátrico”, siguió en gran medida el guión.

Mientras, el estudiante Zachary Myslinski, de 24 años, leyó las preguntas de una herramienta estándar de evaluación.

¿Condiciones de salud?

Degeneración macular, contesta Shepherd, actriz activa que también da clases de Shakespeare en Stella Adler Studio of Acting. Pero estaba recibiendo tratamiento.

¿Caídas recientes?

Solo una, cuando no pisó un escalón inferior. “¡En el subterráneo! ¡En público! Eso no fue divertido.”

¿Pérdida de peso?

“Desafortunadamente no.”

Shepherd, elegante en una túnica con estampado de animales y pendientes colgantes, puso las manos fácilmente detrás de su cabeza, mostrando una buena extensión de movimiento. Ella recordó tres palabras, “piña, azul, honestidad”, cuando se le pidió que las recordara varios minutos más tarde en una prueba cognitiva.

Pero luego de contarle a su audiencia cautiva que crió a un hijo “fuera de matrimonio” en 1964 y se divorció dos veces, añadió, “Emigré por un rato a Lesbianland (lesbilandia) en mis 50.”

Eventualmente regresando a las relaciones heterosexuales, continuó, conoció en línea a una persona de 90 años y tuvo “el verano más maravilloso con este hombre”. Ahora está saliendo con una persona de 65 años, añade. Pero “él está en Afganistán en este momento, así que mi vida sexual no es tan activa como me gustaría”.

La Dra. Ronnie LoFaso, geriatra facultativa a cargo de la sesión, dice, “Esto está tomando un giro interesante.”

Pero ese realmente era el punto.

“Es importante que ellos no piensen que la vida se detiene cuando se envejece”, me comentó Shepherd posteriormente. “Así que decidí que sería franca con ellos”.

El Dr. Ronald Adelman, director de geriatría de Weill Cornell, desarrolló este programa anual, que incluye una pieza de teatro y es requisito para todos los estudiantes de segundo año, luego de darse cuenta de que los estudiantes de medicina estaban recibiendo una visión distorsionada de los adultos mayores.

“Desafortunadamente, la mayor parte de la educación se recibe en el hospital”, me comentó. “Si usted solo está viendo a las personas adultas que están hospitalizadas, está viendo a los que están debilitados, físicamente deteriorados, los dementes. Es fácil asumir estereotipos sobre la edad”.

Estas percepciones erróneas pueden influenciar el cuidado a las personas. En otro salón de clase en el mismo pasillo, Marcial Levine, de 88 años, terapista de familia, retirada, decía a los estudiantes sobre un gastroenterólogo que una vez descartó sus quejas sobre fatiga diciendo, “A su edad, no puede esperar tener mucha energía”.

Entonces, en sus 70, cambió de médicos y supo que tenía una pequeña infección.

Al menos 20 escuelas de medicina en Estados Unidos han desarrollado esfuerzos similares para presentar a los estudiantes a adultos mayores saludables y activos, dice el Dr. Amit Shah, geriatra que ayuda a dirigir el programa Senior Sages de la Escuela de Medicina de la Clínica Mayo.

Los programas toman muchas formas, desde la presentación de dos horas de Weill Cornell hasta el currículo de un semestre de la Escuela de Medicina de la Universidad de North Carolina.

Algunas escuelas, como Medical University of South Carolina e Icahn School of Medicine at Mount Sinai, empareja a los estudiantes con pacientes adultos mayores a quienes dan seguimiento a través de sus cuatro años de educación, realizando visitas al hogar, acompañando a sus “mentores mayores” a las citas médicas y visitándoles si están hospitalizados.

Aunque los esfuerzos pueden ser voluntarios u obligatorios, puede hacer énfasis en destrezas clínicas o motivar perspectivas nuevas, ellos reflejan un amplio acuerdo sobre los problemas que trae la discriminación por edad.

En el área de cuidado de salud, “usted escucha mucho lenguaje infantilizado: ‘cariño’, ‘tesoro’, ‘dulzura’”, dice Tracey Gendron, la gerontóloga que comenzó el programa de mentoría de adultos mayores de la Escuela de Medicina de Virginia Commonwealth University. “Usted escucha que a las personas no vale la pena tratarlas por su edad”.

Las interrupciones son “constantes en los encuentros médicos”, dice Adelman, pero los pacientes mayores se enfrentan a ello con más frecuencia.

Adelman ha grabado y analizado visitas médicas en las que el cónyuge o hijo adulto acompaña un paciente y comienza preguntando y respondiendo las preguntas. “La persona adulta mayor, que está bien cognitivamente, sencillamente es excluida y se le refiere como ‘él’ o ‘ella’”. “Esto puede socavar la relación entre el paciente mayor y el médico”.

Más ampliamente, la investigación médica a menudo continúa excluyendo a las personas mayores, forzando a sus médicos a hacer conjeturas sobre medicamentos y procedimientos, y cuánto ayudarán o harán daño.

Aunque muchos médicos, si no son pediatras, pasarán mucho de sus carreras trabajando con personas adultas mayores convirtiéndose en “geriatras de facto”, tomando prestada una frase del Dr. Donovan Maust, psiquiatra geriátrico de la Universidad de Michigan.

Según informan los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, los estudiantes de medicina especializados en neumología aprenderán que cerca del 35 por ciento de sus pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica son mayores de 65 años.

Los endocrinólogos que tratan a diabéticos aprenderán que casi el 40 por ciento tendrán 65 o más. En oncología, más de la mitad de los sobrevivientes de todo tipo de cáncer tienen más de 65 años.

Nunca tendremos suficientes geriatras para cuidar de esta creciente población envejeciente, en parte porque es difícil para los médicos pagar los préstamos estudiantiles y ganarse la vida cuando virtualmente todos sus pacientes están en Medicare.

El pasado año, había solo 7,279 geriatras certificados en Estados Unidos, solo la mitad practicando a tiempo completo. La oferta está aumentando modestamente, mientras que la demanda aumentará, según se proyecta, en 45 por ciento para 2025, de acuerdo con la Sociedad Americana de Geriatría.

Por consiguiente, muchos programas que trabajan contra el discrimen por edad obligan a la participación de todos los estudiantes de medicina de nuevo ingreso. “Los adultos mayores será la población que atenderán”, dice Adelman.

Los esfuerzos parecen efectivos. Los administradores señalan que, en programas de más larga duración, los estudiantes y los adultos mayores a menudo desarrollan amistad, compartiendo una pizza o el cine fuera de las entrevistas que les son requeridas.

Una evaluación revisando diez programas de mentoría de personas mayores, publicada en Journal of the American Geriatrics Society, informó que “la meta universal influenciar positivamente las actitudes de los estudiantes hacia los adultos mayores fue rotundamente lograda.”

Los estudiantes que se reunieron con Shepherd le dieron altas calificaciones a la sesión de una hora de duración. “Útil y reveladora”, dice Sarita Ballakur, de 23 años, oriunda de Andover, Massachusetts.

“Su franqueza y apertura eran increíbles”, dice Jason Harris, de 25 años. “Un órgano es un órgano. Un paciente es a quien trataremos en la vida real.”

“Me hizo interesarme más en trabajar con la población de pacientes adultos mayores”, dice Myslinski.

Entonces, ¿por qué no hay más de esas iniciativas en las 151 facultades de medicina de la nación? Según la evaluación no son particularmente costosas y personas mayores claman por ser parte.

Sí se necesita una buena cantidad de tiempo administrativo. Y ellos requieren estar conscientes de los retos particulares de esta fase de la vida.

Shepherd fue franca también sobre eso.

Cuando ella cumplió 80 años, contó a los estudiantes, “Comencé a darme cuenta, esto es realmente diferente. Saber que no quedan tantos años por delante. Pensar sobre cómo deseo pasar el resto de mis días. Había una nueva vulnerabilidad”.

Ella apreció que ellos escucharan, dijo posteriormente, llamando la sesión “un regalo para nosotros, así como para ellos. Es un reconocimiento de que somos importante y de interés.”

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