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Trasfondo

Después de un incendio forestal en California, los grupos antiguos de indigentes chocan con los nuevos

Un campamento afuera de la tienda Walmart en Chico, donde los desplazados y los indigentes están acampados uno al lado del otro en un campo al aire libre.
Un campamento afuera de la tienda Walmart en Chico, donde los desplazados y los indigentes están acampados uno al lado del otro en un campo al aire libre. NYT

Incluso antes de que comenzaran las primeras llamas del incendio forestal “Camp Fire”, ya había un estado de emergencia en las colinas boscosas y las tierras de cultivo al norte de Sacramento.

La situación de los indigentes en partes del condado de Butte era tan precaria que el condado declaró formalmente una crisis en octubre con el fin de asegurar millones de dólares en apoyo estatal.

Después llegó el incendio, que destruyó casi 14,000 residencias y agregó una población completamente nueva de decenas de miles de personas a la crisis de indigentes arraigada desde hace tiempo en California.

“De por sí era una situación atroz”, dijo Laura Cootsona, directora ejecutiva del Jesus Center en Chico, uno de los pocos refugios principales para indigentes en el país.

En la realidad posterior al incendio, después de que fueron evacuadas 52,000 personas, el número de personas que busca un lugar donde vivir ha aumentado exponencialmente casi de la noche a la mañana.

“Si terminan en el condado y necesitan casas, se tratará del desastre más grande que se pueda imaginar”, añadió Cootsona.

Ahora, a casi un mes después de iniciado el incendio, con peores condiciones climáticas y la clausura de los refugios de evacuación y su reubicación en lugares más lejanos, están creciendo las tensiones entre quienes ya eran indigentes y los que apenas lo son, pues cada grupo trata de acaparar los recursos del otro.

Los proveedores locales de refugio y ayuda se están preparando para la llegada de nuevas personas necesitadas, lo cual ejerce aún más presión en el sistema de refugio y los obliga a tomar decisiones difíciles acerca de quién debe tener prioridad debido al espacio limitado.

California tiene una de las poblaciones de indigentes más grandes de cualquier estado en el país —casi 134,000 personas, de acuerdo con un informe del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano— y esa población está creciendo con más velocidad que en otros estados. Más de un cuarto de la población total de indigentes del país se encuentra en California.

Tan solo el condado de Butte tenía cerca de 2,000 indigentes antes del incendio “Camp Fire”, y menos de la mitad usaba los refugios de emergencia y las viviendas provisionales del país, de acuerdo con un informe de Butte Countywide Homeless Continuum of Care. Muchos más eligieron en cambio vivir en las calles o en tiendas de acampar.

Los defensores dicen que, en la mayoría de los casos, el objetivo de los refugios es introducir a la gente en el sistema de vivienda temporal, apoyarlos en su camino a la autosuficiencia y al final permitirles establecerse en una casa permanente. A lo largo del camino, hay problemas fundamentales que abordar, como la salud mental, la adicción y la falta de ingresos. Sin embargo, una de las barreras más grandes para terminar con la indigencia en el condado de Butte es una gran escasez de viviendas disponibles con rentas asequibles.

El número de muertos en el incendio hasta el momento es de 88 personas, mientras que hasta el domingo 25 personas se han reportado como desaparecidas, de acuerdo con el Departamento del Alguacil del Condado de Butte.

James Brown, de 50 años, que vivía en Mangalia antes de que su casa rodante se quemara y quien ha estado durmiendo en su auto desde entonces en el estacionamiento de Walmart en Chico, dijo que definitivamente se mudaría a un refugio para indigentes si pudiera encontrar un lugar.

“¿Dónde están todas las viviendas?”, dijo mientras caminaba por el campamento afuera de la tienda, donde los desplazados y los indigentes están acampados uno al lado del otro en un campo al aire libre. “Las viviendas son horribles. Es decir, ¿para una zona de desastre? Son terribles. Estas personas necesitan un techo, y las tiendas de acampar no son suficientes con este clima. En serio”.

La Casa Esplanade, parte de la Agencia Comunitaria de Acción del Condado de Butte en Chico, ofrece vivienda temporal para las familias indigentes con niños. El domingo, casi 150 de sus 200 lugares ya estaban ocupados, después de que llegaron dos familias evacuadas la semana pasada, de acuerdo con Tom Tenorio, el director ejecutivo de la agencia. Dijo que esperaba que los espacios restantes se ocuparan en cuestión de una semana.

Mientras él y su personal evalúan a los solicitantes —algunos de ellos evacuados, otros indigentes previamente— también soportan la presión de tener que elegir a algunos y rechazar a otros.

“Es descorazonador, porque sabes que la gente que está sentada frente a ti de verdad necesita un lugar donde vivir”, comentó Tenorio. “Algunos miembros de mi personal han llorado; nuestra labor es muy difícil”.

No obstante, agregó, “estamos tratando de preservar el propósito y la misión iniciales de esta casa: proporcionar servicios de apoyo a las familias indigentes. Por eso es que no podemos darle unidades vacías a una sola persona”.

En ese caso, Roslyn Roberts, parte de la población afectada de manera desproporcionada por el desastre, no calificaría.

“Voy a quedarme aquí en Chico y me convertiré en una de las personas indigentes del lugar hasta que pueda ponerme en pie de nuevo”, dijo Roberts, de 73 años, quien perdió su casa en Paradise y se había estado quedando con su perra, Princess, en el refugio Neighborhood Church en Chico, un sitio oficial de la Cruz Roja que se cerró y se mudó a otro lugar la semana pasada. “FEMA no pudo ayudarme, la Cruz Roja tampoco, no me han dado un solo centavo para reubicarme, no se me han acercado para ofrecerme una habitación en la ciudad… otras personas sí han obtenido ayuda, pero yo no he recibido nada, y no tenemos adónde ir”.

Sitios como el lote de Walmart, donde se han refugiado muchas personas que perdieron sus casas en el incendio “Camp Fire”, suponen peligros considerables. Varios voluntarios dijeron que habían visto a personas que fueron desplazadas por los incendios y que se convirtieron en víctimas de robo por parte de los que ya eran indigentes.

“Han pasado por lo bueno, lo malo y lo feo en este lugar”, dijo Rich Wilson, de 68 años, voluntario afuera de Walmart.

James Tyler Steen, de 49 años, que había sido indigente en Paradise durante cinco años y ha estado viviendo en el césped afuera de Walmart desde el incendio, dijo que hay “una gran diferencia” entre la población indigente original y las adiciones más recientes.

“Está el estacionamiento y también el campo”, dijo, refiriéndose a la división de espacio afuera de la tienda. “El dinero es la diferencia. Satisfacen sus necesidades, y nosotros no. Ellos toman lo que necesitan o también tienen la posibilidad de comprar cosas”.

Brown reconoció que había tensión, pero agregó que, a pesar de todo, también había camaradería y un sentimiento de empatía por lo desesperado de la situación.

“Los indigentes aquí de hecho le están enseñando a la gente que nunca lo ha sido cómo sobrevivir”, dijo. Les dicen cómo permanecer seguros en las tiendas de acampar, dónde encontrar comida y cómo mantenerse calientes ahora que llegaron las crecidas del río a causa de las lluvias recientes. “Ese es un punto muy positivo”, comentó.

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