Trasfondo

Tiburones blancos, fascinantes más allá del mito

En junio de 1975, al filo de la temporada vacacional, llegaba a los cines de Estados Unidos un largometraje que condicionó inevitablemente la imagen del tiburón blanco. Jaws, de Steven Spielberg, en el que se mostraba un ser voraz y sanguinario; una idea que todavía hoy pervive alrededor de estos animales.

Sin embargo, tanto las películas como su imponente aspecto, en el que destaca su gran mandíbula, llena de dientes afilados y aserrados, han creado una injusta fama alrededor de los tiburones blancos, fascinantes criaturas que esconden mucho más.

MALA IMAGEN INMERECIDA

Desde el material publicitario, Jaws reforzaba la imagen amenazadora del tiburón blanco. Se presentaba con un cartel dominado por un amenazante ejemplar que se dirigía a la superficie para atacar a un bañista que, ajena al peligro, nadaba en el mar. La cinta estaba basada en la novela del mismo nombre creada por Peter Benchley, quien también ejerció como guionista.

“Sabiendo lo que sé ahora, nunca podría haber escrito ese libro hoy”, dijo en una entrevista realizada años después Benchley (1940-2006), quien llegó a convertirse en activista ambiental y defensor del tiburón blanco.

El escritor ya daba la clave del falso mito que se creó alrededor del Carcharodon carcharias: “Los tiburones no tienen como blanco a los seres humanos”.

Desde que se dio el nombre científico a la especie, en el siglo XIX, se extendió la idea de que estos peces eligen a las personas como presas, pero su dieta tiene como base los mamíferos marinos, como las focas o los lobos marinos, y también diversos peces. Además, pueden estar hasta 18 días sin alimentarse.

Aunque no sea su objetivo, sí puede darse el caso de que un tiburón muerda a un ser humano porque lo confunda con una de sus presas predilectas; si esto ocurre, pronto se dan cuenta de su error y se retiran sin insistir.

Según el International Shark Attack File (ISAF) (Archivo Internacional de Ataques de Tiburones), única base de datos completa y científicamente documentada de todos los ataques de tiburones conocidos, los ataques a personas de estos escualos han sido de casi 2,500 desde 1958, con un total de fallecidos en torno a 500. La estadística del ISAF indica que la probabilidad de ser atacado por un tiburón está en una entre casi 12 millones.

Sus características físicas también han ayudado a aumentar su mito. El tiburón blanco es considerado como el pez carnívoro más grande del mundo y sus medidas, normalmente, van de los 4.5 a los 6 metros de longitud. A pesar de esto, el ejemplar más grande que se ha filmado en la historia, la hembra Deep blue, mide 6.5 metros.

También contribuyen a su majestuoso aspecto sus dientes afilados, que se distribuyen en varias hileras y de los que puede llegar a tener 300 al mismo tiempo. Con ellos puede ejercer mordidas de una fuerza de 1.8 toneladas; es decir, con una potencia 20 veces mayor que las de un ser humano.

COMPORTAMIENTOS SORPRENDENTES

El biólogo marino mexicano Mauricio Hoyos, experto en estos animales, afirma que lo más interesante que se ha descubierto sobre el tiburón blanco es que “utilizan las características físicas de cada sitio a su favor para hacerse de sus presas. Asimismo, gracias a su parte superior de color oscuro -que contrasta con su vientre blanco- logra camuflarse para hacer emboscadas”.

Por ejemplo, en la mexicana Isla Guadalupe, uno de los mejores lugares del país para el avistamiento de esta especie, los tiburones blancos aprovechan las aguas cristalinas para esperar a los elefantes marinos a una mayor profundidad, entre 200 y 300 metros.

“Antes se pensaba que no podían hacer eso, porque en todas las partes del mundo atacan a unos 20 metros de la superficie”, comenta.

El experto también indica que los tiburones blancos tienen un olfato muy desarrollado -aspecto en el que superan al resto de los de su especie-, y sus lóbulos olfativos suponen el 18 por ciento del tamaño de su cerebro.

En cuanto al sentido de la vista, Hoyos comenta que es muy probable que vean en tonos verdes, y que tienen la capacidad de echar su ojo hacia atrás para protegerlo en determinadas ocasiones.

A través de la aplicación de la tecnología, con elementos como chips de seguimiento, fotografías y vídeos, los científicos han podido esclarecer pautas del comportamiento de los tiburones, que viven una media de 23 a 36 años, con un máximo de 73 años.

Otra de sus curiosidades es que los tiburones blancos nunca pueden dejar de moverse, ni siquiera para dormir, porque caerían al fondo marino y morirían, según informa el experto.

“También se ha examinado cómo reaccionan los animales, que suelen ser seres solitarios, cuando se topan con un semejante, especialmente si están compitiendo por una misma presa. Lejos de adoptar una actitud agresiva, se ha observado que tienen diferentes métodos para determinar cuál de ellos tiene la superioridad”, indica Hoyos.

“Por ejemplo, para comparar su tamaño y fuerza, realizan un breve nado en paralelo, a corta distancia, tras lo cual el más débil se retira. Asimismo, se ha visto cómo nadan de manera paralela pero en direcciones opuestas para analizarse y ver quién es superior”, matiza el biólogo.

ESPECIE EN RIESGO

Los tiburones blancos prefieren las aguas templadas (con temperaturas que oscilen entre 15 y 24 grados centígrados, aproximadamente) y se distribuyen en las aguas de América, Europa, África, Asia y Oceanía.

También pueden recorrer largas distancias. “Un ejemplo de ello es la hembra Nicole (a la que bautizaron con este nombre en honor a la actriz Nicole Kidman), que ejecutó la que es considerada como la migración transoceánica de ida y vuelta más rápida en la fauna marina. Recorrió el tramo comprendido entre Sudáfrica y Australia, de 11,000 kilómetros, en 99 días, y cubrió la distancia de 22,000 en menos de nueve meses”, indica Hoyos.

Los tiburones blancos fueron incluidos en el listado de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza como una especie vulnerable, lo que significa que tienen un alto riesgo de llegar a estar en peligro de extinción en el estado libre.

La coordinadora del Programa de Conservación de Especies Marinas Prioritarias de WWF México, Georgina Saad, señala que “la pesca ilegal es uno de los mayores peligros que sufre la población de estos animales”.

“Los individuos no se reproducen tan rápido porque las hembras alcanzan la madurez sexual entre los 12 y los 14 años, mientras que los machos lo hacen entre los 8 y los 10, y no tienen demasiadas crías. Entre de 4 a 14 en cada camada. Todo esto hace que cuando es pescado sus poblaciones disminuyan”, afirma la bióloga.

La pesca de los tiburones puede ser incidental -es decir, cuando caen en las redes dispuestas por los pescadores para atrapar a otros animales- o ilegal.

En algunos lugares, la carne de estos individuos es muy codiciada por su valor proteínico, y la compraventa de algunas de sus partes mueven altas cantidades de dinero. En el mercado negro, las aletas dorsales y pectorales alcanzan valores de hasta $1,000, mientras que las mandíbulas pueden cotizarse en $50,000, matiza Saad.

Por ello, las organizaciones ambientales hacen esfuerzos para, además de conservar las zonas en las que se mueven los tiburones, promover una concienciación entre la población, para que no consuman ni adquieran productos vinculados con su pesca, según indica la coordinadora.

“Hay que cuidar las zonas donde vienen a alimentarse agregaciones importantes de juveniles y adultos, pero también ir a las zonas de crianza donde están los bebés, recién nacidos, y que no haya pesca incidental e ilegal. Con esto aseguramos que la especie esté protegida”, concluye Saad.

  Comentarios