Cuatro preguntas para este nuevo año
¿Qué nos espera este año 2019? Al igual que todos los economistas, en verdad no lo sé. Pero puedo sugerir estar atentos a algunas cosas fundamentales.
Hay gran incertidumbre acerca de algunas cuestiones sobre las políticas. Aquí planteo cuatro preguntas de las que podríamos tener la respuesta en los meses por venir.
¿Cuándo se detendrá la Reserva Federal?
A lo largo de todo el año pasado, la Reserva Federal ha estado aumentando, lenta y constantemente, su meta de la tasa de interés de los fondos federales. Su objetivo es que las tasas de interés retrocedan a niveles más normales, después de un largo periodo en que las tasas estuvieron en un nivel de casi cero por ciento tras la crisis financiera y recesión de 2008-2009.
En algún momento, los encargados de las políticas dirán que ya han hecho suficiente, pero ¿cuándo? Los datos nos dan señales contradictorias.
Por un lado, el mercado laboral es escaso, lo que indica que la inflación podría estar a la vuelta de la esquina. De acuerdo con la lectura más reciente del índice de costo del empleo, los sueldos y salarios de la industria privada aumentaron el tres por ciento con respecto al año anterior, es decir, han tenido el crecimiento más rápido desde 2008. Los crecientes costos laborales pueden ser precursores para el aumento de la inflación, por lo cual se requerirían mayores ajustes de la Reserva Federal.
Por otra parte, la curva de rendimiento es relativamente plana, lo que significa que las tasas de interés a largo plazo están cerca de las tasas de interés a corto plazo. Si la Reserva Federal continúa sus ajustes, las tasas de interés a corto plazo podrían rebasar las tasas a largo plazo, invirtiendo la curva de rendimiento. Una curva de rendimiento invertida es un indicador importante de que se aproxima una recesión, lo cual querría evitar la Reserva Federal.
¿Cómo equilibrará Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal, estos riesgos? Ya veremos.
¿Cómo terminarán las jugarretas comerciales?
La actitud beligerante del presidente Donald Trump hacia nuestros socios comerciales preocupa a la mayoría de los economistas, incluyendo a sus antiguos asesores económicos Stephen Moore y Arthur Laffer. Su libro reciente, Trumponomics, es principalmente una hagiografía de Trump y de sus políticas económicas. Pero incluso Moore y Laffer discrepan con el presidente sobre el comercio internacional. Escriben que él está “arriesgando mucho en esta partida” y que “son aterradoras las consecuencias si esto no funciona”.
Me puedo imaginar tres posibles finales de esta partida en las trifulcas comerciales de Trump.
El mejor resultado es que el presidente obtenga algunas importantes concesiones de los actores malos. Por ejemplo, con el temor de peores medidas, como castigos en los aranceles, tal vez China acepte comenzar a respetar la propiedad intelectual de los estadounidenses.
Un segundo y más probable resultado es que nuestros socios comerciales acepten algunas concesiones de poca importancia, y que Trump presente los nuevos tratados como acuerdos extraordinarios y enormes adelantos. Esto fue lo que sucedió con el escasamente actualizado TLCAN, que ahora se renombró como Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá.
El tercero, y más preocupante, es una escalada de tensiones a nivel mundial y una marcha atrás de los principios del comercio abierto que han contribuido con el crecimiento dentro de Estados Unidos y en el exterior durante los últimos cincuenta años.
En otras palabras, la pregunta abierta acerca de la política comercial es si Trump está loco de remate o nada más loco a secas.
¿Alguien prestará atención a los problemas virulentos?
Algunos problemas económicos son por ejemplo, enterarnos de que nuestra casa está infestada de termitas. Podemos postergar hacer frente al problema durante algún tiempo, pero si lo posponemos indefinidamente, el problema solo crecerá y será más caro resolverlo.
Dos de esos problemas son el cambio climático derivado de las emisiones de carbono que producen los seres humanos y el inminente desequilibrio fiscal a medida que se van jubilando las personas de la generación de la posguerra y empiezan a utilizar la seguridad social y el servicio médico. Estos problemas no son un secreto, pero pocas personas en Washington desean hablar de ellos.
Es fácil imaginarse una iniciativa. Un impuesto sobre las emisiones de carbono motivaría a tomar medidas para tener energías más limpias y así aumentar los ingresos del erario público, lo cual ayudaría a combatir ambos problemas.
Esta medida sería aceptable para los miembros de la Asociación Estadounidense de Economía. Pero quizá sea más difícil convencer al público en general. Después de todo, los disturbios de Francia el mes pasado fueron motivados en parte por un pequeño aumento al impuesto de la gasolina.
Para los funcionarios electos, el mejor planteamiento es dejar que el siguiente propietario de la casa se las arregle con las termitas. Pero el próximo año, empezará a prepararse la campaña presidencial para 2020. Tal vez alguno de los candidatos quiera destacar de los demás adoptando la estrategia políticamente arriesgada de actuar como adulto responsable.
¿A cuáles asesores económicos escuchará el presidente?
No soy partidario de Trump, pero tengo que confesar que tiene algunos buenos asesores económicos. Esas noticias resultan alentadoras si, como temen algunos, la economía decrece durante los dos próximos años.
Kevin Hassett, quien dirige el Consejo de Asesores Económicos, es un gran economista. Larry Kudlow, quien dirige el Consejo Nacional Económico, ha sido la mayor parte de su trayectoria estrella de televisión más que economista profesional, pero es muy intuitivo. Hassett y Kudlow son aliados innatos en los debates sobre las políticas de la Casa Blanca.
Sin embargo, no se sabe qué tanto los escucha el presidente. El problema se debe en parte a la confianza excesiva de Trump en su propio criterio. Para empeorar las cosas, está Peter Navarro, un economista relativamente poco conocido que se convirtió en asesor del presidente debido a que sus ideas idiosincráticas acerca del comercio son compatibles con las tendencias aislacionistas de Trump.
No obstante, si hay algo que caracteriza a esta Casa Blanca, es la inestabilidad del personal y del poder. Yo apoyo la influencia de Hassett y Kudlow. Es más una esperanza que un pronóstico. Pero siempre trato de comenzar el año con una actitud optimista.
(N. Gregory Mankiw es profesor de la cátedra de Robert M. Beren en la Universidad de Harvard).